Las elecciones de medio mandato resultaron ser una catástrofe para el partido republicano aún mayor de la que describí durante la madrugada electoral. Los demócratas van camino de recuperar nueve escaños en el senado, un resultado extraordinario contando que sólo había 35 en liza. En la cámara de representantes, a especta de que terminen los recuentos (hay muchas elecciones ajustadas y mucho voto por correo) los demócratas van a ganar como mínimo 40 escaños, y es posible que lleguen a 50.
Como referencia, mi predicción hace dos meses es que los demócratas, en una buena noche, iban a ganar cuatro o cinco en el senado y entre 25 y 30 en la cámara de representantes, y seguía diciendo algo similar hace diez días. Lo que acabamos viendo, sin embargo, fue algo más cercano a la lista de victorias casi descabelladas en mi repaso del senado; los demócratas ganaron todos los estados remotamente factibles excepto Florida, y añadieron un triunfo casi totalmente inesperado en Mississippi, gracias a un par de patinazos tremendos de la candidata republicana y un anuncio brillante de Scott Colom, el más que probable1 nuevo senador demócrata.
Así que es hora de hablar con un poco más de detalles sobre lo que sucedió el martes, y qué significa de cara al 2028 y más allá. Es aún temprano, y según tengamos mejores sondeos postelectorales y una visión más granular de los resultados estas conclusiones se irán refinando, pero creo que podemos sacar ya algunas conclusiones.
Es una tunda realmente descomunal
Para empezar, las cifras. La del martes es segunda peor derrota electoral de la historia para un partido en la presidencia en las elecciones de medio mandato, con un cambio de sentido de voto de quince puntos respecto al 2024, más del doble de lo que sucede habitualmente en estos comicios. Los demócratas se habrán acabado imponiéndose por más de trece puntos, 4-5 puntos por encima de lo que decían los sondeos.
Y la paliza queda sólo segunda porque el único año con un cambio electoral mayor fue el 2010, cuando los demócratas venían de arrasar en las presidenciales con Obama. Los demócratas sólo perdieron por siete puntos este año.
No podemos hablar sobre una causa
Una derrota de esta magnitud siempre tiene mil padres. Un partido sólo puede perder tantos votos cuando hace muchas cosas mal simultáneamente, indignando muchos segmentos del electorado a la vez. Dada la tremenda extensión geográfica del desastre (ahora hablaremos más sobre ello), las pifias políticas que han colocado a la Casa Blanca en una situación así además suelen tener un grado de variación considerable.
Así que a riesgo de sobredeterminar el apartado de causas de la debacle, aquí va una breve lista de factores que han contribuido al resultado.
a. Corrupción:
Es muy, muy obvio que la administración Trump es corrupta hasta niveles absurdos: pufos con criptomonedas, venta de indultos, contratos a dedo a amigotes, regulaciones a medida a donantes, ataques judiciales a sus enemigos, donaciones sospechosas, pelotazos gigantes, fondos de inversión extranjeros regando de dinero a la familia del presidente y una lista casi infinita de cafradas que hubieran acabado con media administración en la cárcel en un país medio normal.
La corrupción aparecía como un tema que preocupaba muchísimo a los votantes cada vez que se les preguntaba sobre ello. Un sondeo de Fox News dos semanas antes de las elecciones lo daba como la principal preocupación entre el electorado. Por algún motivo que no acabo de entender, la mayoría de medios americanos han obviado este tema, hasta el punto de que era poco habitual que ni siquiera se preguntara sobre ello en los sondeos.
Me sorprende bastante, porque la corrupción ha sido uno de los principales temas de campaña para muchos demócratas. Jon Ossoff, que salió reelegido senador por goleada en Georgia, habla de ello sin parar. El salón de banquetes de Trump en la Casa Blanca, construido con “donaciones privadas” de empresas con contratos federales y oligarcas de Silicon Valley, ha sido utilizado como un símbolo de los excesos de la administración. En octubre del año pasado, cuando Trump empezó a demoler el Ala Este de la Casa Blanca, insistí que iba a ser un mensaje potente para la campaña.
Mi sensación, sin embargo, es que esta historia será distinta a otros escándalos presidenciales. No por su importancia (aunque pasar el cepillo a donantes para financiar un proyecto personal es completamente ilegal también), sino porque refleja y refuerza la imagen del presidente como alguien con ínfulas monárquicas fuera de control. Cada vez que aparezca una mala noticia o que se hable del cierre del gobierno, este será el contraste. Retrasos en los aeropuertos y controladores sin cobrar, mientras Trump construye un palacio. Tu seguro médico cuesta el triple, mientras Trump construye un salón para sus juergas. Los precios suben, Trump construye su templo a sí mismo.
Es una historia ridícula, sin duda. Pero como insisto siempre, las medidas que defiende un político son menos importantes que el hecho de que haya decidido que esas medidas son importantes. Trump ha decidido que su salón de baile es importante. Esto dice quién es mucho más que cualquier política pública concreta.
Creo que esto ha envejecido muy, muy bien.
b. Precios de la energía, carburantes, y centros de datos
Ah, el precio de los carburantes, tumba de carreras políticas. Los comentaristas americanos sienten un profundo amor por gráficos que combinan subidas del precio del galón de gasolina con aprobación presidencial, moviéndose poéticamente en direcciones opuestas.
Sí, el precio de la gasolina ha subido mucho este año. Pero lo que ha hecho daño a Trump no ha sido sólo su subida, sino el motivo y su reacción ante las críticas.
El motivo, por supuesto, es Irán. El presidente decide meterse en una guerra estúpida, los iraníes básicamente la ganan y cierran el estrecho de Ormuz. Aunque la US Navy ha conseguido, con un coste inmenso, reabrir el corredor a exportaciones a un nivel cercano a niveles pre-crisis, el riesgo de tránsito es tal que el coste del crudo saliente es altísimo.
La subida del precio de la gasolina y (especialmente) el gasóleo2 siempre se ven acompañados de quejas y lamentos indignados en medio Estados Unidos, un país donde no hay alternativas al coche en casi ningún sitio. Trump ha reaccionando alternando sus respuestas entre la guerra se va acabar de aquí nada y la gasolina va a bajar de forma inminente (nope) y decir que pagar un poco más en la gasolinera es una necesidad patriótica para evitar que Irán tenga armas nucleares.
Una cosa es que te toque pagar mucho más por el gasoil, otra es que el presidente te tome por idiota. El cabreo, especialmente en zonas rurales (donde la subida del precio de los fertilizantes ha sido muy dolorosa), ha sido la mar de intenso.
Además del petróleo, en muchos lugares de Estados Unidos el coste de la electricidad se ha disparado. La subida del precio del gas ha tenido bastante que ver (léase: Irán, otra vez), pero el factor más visible y que más indignación ha generado son los centros de datos que están siendo construidos a todo correr por todo el país.
Ya comenté hace unos días el extraordinario cabreo que vemos en todos los sondeos contra estas infraestructuras, y de rebote, contra las grandes tecnológicas y el presidente que insiste que construir más centros de datos es una prioridad nacional. Este cabreo ha sido especialmente virulento en cierto estado sureño fronterizo que llevaba años subvencionando su construcción, conocido por tener apagones enormes ocasionales y donde la candidata demócrata a gobernador ha hablado sin cesar del tema, Texas. Y los votantes han respondido.
c. Precios, en general
El mensaje general de los demócratas esta campaña era sobre affordability, o “asequibilidad”, una queja general sobre el coste de la vida en Estados Unidos. La idea es que Trump llega al poder tras pasarse la campaña criticando la inflación fuera de control bajo la administración Biden, y jurando que cuando él llegara al poder los precios iban a bajar y volver donde estaban antes.
Cualquiera que sepa algo de economía sabía que, primero, la inflación durante la presidencia de Biden sólo fue realmente alta durante algo más de un año, reflejando el caos en la cadena logística tras la pandemia. Todo el planeta vivió un pico parecido, y la inflación volvió a estabilizarse después, aunque a un nivel ligeramente elevado por el estímulo fiscal. Segundo, también te podría decir que los precios en una economía desarrollada no vuelven a bajar, y cuando hacen y tienes deflación es porque algo va espantosamente mal, tu sistema financiero hundiéndose, y con tasas de paro saliéndose de la escala.
Pero Trump insistió en que bajaría los precios. Algo que resultó ser un problema cuando, una vez en la Casa Blanca, no hizo más que aprobar medidas que empujaban la inflación en dirección contraria, y que eran, además fácil de atribuirles a él, porque el buen hombre estaba la mar de orgulloso hablando de ellas. Tenemos, por un lado, un estímulo fiscal colosal en forma de bajada de impuestos, que es el único logro legislativo (y por tanto, la mar de visible) de esta administración. Tenemos la guerra de Irán, ya mencionada. Y tenemos la gran obsesión de Trump y la pasión de su vida, los aranceles, que son literalmente un impuesto sobre el consumo que, por mucho que insista el presidente, pagan los propios americanos.
Los aranceles, además, tienen el problema añadido de que son muy visibles en estados que comercian mucho con Canadá (Maine, Ohio, Michigan) o México (Texas, Georgia, Carolina del Sur3), donde han provocado problemas económicos tremebundos. Eran estados que estaban escogiendo a un senador este año.
d. Derecho a voto
Algo que se le escapó a casi todo el mundo: las guerras sobre gerrymandering y las espantosas sentencias del supremo sobre el derecho a voto crearon un mapa electoral desfavorable a los demócratas, aunque la magnitud del desastre electoral republicano hizo que incluso con esos distritos redibujados muchos de sus legisladores perdieran igualmente.
Lo que no comentó suficiente, y que nadie se molestó en incluir en los sondeos, era la reacción de los votantes que iban a salir más perjudicados por estos cambios, los votantes afroamericanos, especialmente en el sur del país. Y resulta que estaban prestando atención, y estaban increíblemente cabreados sobre el tema. La movilización electoral de los votantes de color en la vieja confederación ha resultado ser extraordinaria, con tasas de participación muy cercanas a las de unas elecciones presidenciales. Eso hizo que en proporción, el electorado este año fuera mucho más afroamericano que hace dos años, poniendo a Georgia y Carolina del Norte fuera del alcance del GOP, Mississippi (¡!) y Carolina del Sur (¡!) en el casillero demócrata, y dejando incluso a Luisiana a tiro, con una victoria republicana más que ajustada.
El aumento de la participación afroamericana se concentra en los estados sureños, que son donde la memoria de Jim Crow es más clara y donde los esfuerzos del GOP para limitar el derecho a voto más agresivos.
El último senador negro por Mississippi antes de estas elecciones, Blanche Bruce, fue elegido en 1875, y nació en la esclavitud. Que el estado haya votado esta semana a Scott Colom, más de 150 años después, dice mucho de la magnitud del cambio.
e. Inmigración
Los republicanos cimentaron su victoria electoral del 2024 en el voto latino. Aunque representan una parte relativamente pequeña del electorado (sobre un 10%), fueron el bloque decisivo que garantizó la ajustada victoria del presidente. Trump, en un ejercicio de funambulismo político extraordinario, consiguió convencer a muchos hispanos que sería capaz de reducir el coste de la vida, por un lado, y que todas esas deportaciones masivas de las que hablaba sin cesar serían sólo contra los malos, los inmigrantes indeseables que cometían crímenes. Nada que ver con ellos.
Resulta que todos esos carteles en los mítines de Trump de “mass deportations now” no eran una broma, y que para llegar a “masivas” las deportaciones debían incluir a gente que estaba en el país viviendo pacíficamente, aunque fuera en situación ilegal.
La campaña de redadas y deportaciones ha sido especialmente virulenta en los estados fronterizos, donde la proporción de inmigrantes latinos es mayor, y ha sido especialmente agresiva en lugares gobernados por republicanos, con las autoridades locales y estatales cooperando con ICE de forma entusiasta, encantados de poder ser tan racistas como siempre habían soñado. Una sentencia delirante del supremo que permitía a las autoridades considerar “tener aspecto de latino” como motivo suficiente para justificar una detención hicieron el resto.
Previsiblemente, esto ha irritado profundamente a los votantes hispanos de todo el país, que se han movido 29 puntos hacia los demócratas en estos comicios, más que cualquier otro grupo. La cifra ha sido aún más exagerada en Texas, donde el cambio ha sido de 42 puntos hacia la izquierda, con la desgracia añadida para el GOP de que allí los latinos son una cuarta parte del electorado. El resultado ha sido una matanza electoral en toda regla.
f. Candidatos
Finalmente tenemos la selección de candidatos, en la que Donald Trump ha tenido mucho, mucho que ver. Durante estos últimos meses he hablado con cierta frecuencia sobre las purgas dentro del partido republicano, y la bonita afición de Trump a echar a patadas a legisladores que considera desleales a su causa para poner a payasos de los cenagales de MAGA en su lugar.
El GOP, gracias a este inspirado liderazgo, ha presentado a un puñado de gente espantosa al senado y gobernador, desde el corrupto hasta decir basta de Ken Paxton a un médico que se dedicaba a intentar llevar a la cárcel a pacientes que no pagaban sus facturas o a ese gusano sociópata conocido como Vivek Ramaswamy. La guinda fue imponer, con impecable estilo feudal, a la hermana del fallecido Lindsay Graham como candidata al senado en Carolina del Sur, a pesar de que la buena mujer no tenía ni la más remota idea de política.
Aunque solemos sobrevalorar el impacto del talento político de un candidato en las urnas, lo cierto es que las constantes purgas dentro del GOP han reducido considerablemente el banquillo de candidatos competentes. Y este ciclo, viendo la alineación presentada, está claro que ha influido.
g. Malestar
Después tenemos el malestar general.
Como comentaba hace unos días, en realidad la economía americana ahora mismo no va mal; el paro está bajo, la inflación no es demasiado alta, el PIB está creciendo a buen ritmo y se está creando empleo. Aunque si miras bajo el capó hay motivos para alarmarse (léase una burbuja mal disimulada en IA y un déficit público desbocado), los votantes no suelen prestar atención a estos problemas a largo plazo.
Pero los votantes creen (es más, están convencidos) de que la economía va mal, y lo están desde hace años. Es algo bastante incomprensible y no exclusivo a Estados Unidos, pero que debe ser tenido en cuenta.
Geografías
La combinación de todos estos factores ha acabado por precipitar un desplome completo del partido en casi todo el país. En las zonas rurales del Midwest, los centros de datos y el precio de la energía han marcado la agenda. En el Rust Belt, los aranceles han dado munición casi infinita a los demócratas. En el sur, la movilización del voto afroamericano, aranceles y varios candidatos horribles han sido especialmente influyentes. Y en Texas, un meteorito que combinaba inflación, aranceles, centros de datos, inmigración y candidatos espantosos han hecho el resto, junto con la intervención increíblemente chapucera de Elon Musk intentando comprar un resultado electoral4.
Las elecciones van a dejar a Trump a dos velas en el Congreso y dar salida a una campaña de primarias salvaje en el GOP, pero creo que estos dos son temas menores comparados con el potencial efecto a largo plazo de que los demócratas estén compitiendo en el sur de nuevo, especialmente en Texas. Toda la estructura del poder político republicano desde el advenimiento de la mayoría conservadora de nuestro admirado Richard Nixon (comprad el libro, que habrá secuela) hasta hoy está construido sobre los votos electorales del Lone Star State. Si Trump, en su impagable incompetencia, han conseguido que este estado sea no ya competitivo, sino un lugar en que el único cargo electo del GOP escogido a escala estatal sea Ted Cruz, esto representa un seísmo colosal en la política americana.
A eso le podemos sumar el giro súbito del voto latino hacia los demócratas, el retorno del voto joven (que se han movido 33 puntos a la izquierda) y la visible erosión del control republicano en los estados de la vieja confederación, estamos potencialmente ante un cambio del mapa político gigantesco a medio plazo.
Potencialmente.
Porque si algo deberíamos haber aprendido todos estos años es que los cambios permanentes en el electorado suelen durar más bien poco en el mundo real.
Bolas extra
El principal arquitecto de la segunda presidencia de Trump, desde inmigración a su aprecio por el fascismo, es Stephen Miller. Aunque oficialmente es “sólo” el jefe adjunto de gabinete, en la Casa Blanca y en círculos MAGA le conocen como el “primer ministro” no oficial del régimen.
En una administración normal, ser el autor intelectual y motor de todas la pifias e idioteces de tu gobierno serían motivo para ser despedido (o la versión élite americana, ser “reasignado” a una PAC o think tank con un sueldazo, más un puñado de juntas directivas); en la administración Trump sirve para que te den un ascenso. Miller, que no sólo tiene cara de fascista sino que además es muy fascista, será el jefe de gabinete de la Casa Blanca.
Esta semana tuve una larga conversación en Finestra d’Idees (en catalán) sobre las midterms. La podéis ver aquí:
¿Preguntas?
Supongo que tendréis muchas preguntas sobre el resultado electoral y lo que viene ahora. Ponedlas en las comentarios, e intentaré contestarlas este fin de semana.
El margen está por debajo de los 2000 votos y quizás acabe en un recuento, per va a ganar.
Por una serie de cuestiones logísticas y de refinado, el gasóleo se ha encarecido mucho más que la gasolina.
El sector de la automoción está muy integrado con los dos países vecinos, y Georgia y las Carolinas tienen muchas fábricas.
Nótese que, visto de este modo, el buen resultado del GOP en Florida es menos anómalo: los republicanos tenían buenos candidatos ahí, el impacto de los aranceles es menor, no tienen demasiados centros de datos, y el impacto del precio de la energía ha sido menor.









Hola Roger, el impacto a nivel nacional es enorme pero a nivel local lo es aun mas. Como se puede analizar dicho impacto en el corto y mediano plazo? Con estos resultados queda blindada las elecciones del 2028? Que as bajo la manga le queda al lider MAGA para hacer frente a estos resultados?
Gracias y a la espera de tu nuevo libro!