Dos varas de medir
Tribunales, distritos, y votaciones en Estados Unidos
Esta es la historia de dos estados que querían cambiar sus distritos electores, ambas este año, ambas con abogados de por medio, pero con resultados completamente distintos.
Luisiana
La primera historia es en Luisiana. Va sobre cómo un grupo de votantes blancos llevaron a su estado a los tribunales porque habían osado dibujar un mapa electoral en el que dos de los seis distritos eran de mayoría negra, en un lugar en el que un tercio de la población es afroamericana. El tribunal supremo, en una sentencia delirante, declaró que esa asignación de escaños era racialmente discriminatoria, e invalidó el mapa (y la ley que lo había guiado) como inconstitucional.
El sagrado derecho a escoger tus votantes
Tras la guerra civil americana hay un pequeño periodo, llamado “Reconstrucción”, por los historiadores, que abarca de 1865 a 1877. Durante esos años, y especialmente durante la (muy infravalorada) presidencia de Ulysses Grant, el Congreso de los Estados Unidos aprobó varias enmiendas constitucionales y leyes de derechos civiles para dar plenos derechos ciudadanos a los esclavos recién liberados de sus cadenas.
El tribunal supremo, tradicionalmente, deja pasar algo más de un mes entre la publicación de una sentencia y su entrada en vigor. Eso se hace para dar tiempo a las partes a prepararse para las consecuencias de lo resuelto, y a que los tribunales inferiores que deben responder ajusten sus calendarios y agendas.
En este caso, Luisiana no quería esperar todo ese tiempo, porque tienen unas elecciones en ciernes. Es más, el periodo de voto anticipado para las primarias que escogerían los candidatos en esos distritos era inminente, y los líderes del estado, todos republicanos, querían asegurarse de que el mapa que utilizarían en noviembre sería el “nuevo”, con un solo distrito de mayoría negra, lo que les daría casi seguro cinco representantes en vez de cuatro. En una maniobra especialmente chusquera, el gobernador del estado decidió retrasar sus elecciones para asegurar que eso sucediera, a pesar de que había gente que ya había votado.
Desde hace 20 años, la jurisprudencia del supremo respecto a sentencias que afecten a procesos electorales se rige por el llamado “principio Purcell”, una doctrina que reza que los jueces no deben intervenir cuando falta poco para unas elecciones, para evitar confundir al electorado. En este caso, el supremo decidió hacer efectiva la sentencia que invalidaba el mapa de inmediato. Esto, junto al aplazamiento electoral, abría la puerta a que los legisladores de Luisiana aprobaran un mapa electoral a medida a todo correr.
Por supuesto (hablamos de Estados Unidos), ya hay una demanda en otro tribunal alegando que retrasar las elecciones es obvia y cómicamente ilegal, y que todo este proceso es un filfa absoluta. En vista de la pertinaz costumbre de este supremo de leer las leyes y la constitución como les da la santísima gana, nadie tiene demasiadas esperanzas de que llegue demasiado lejos.
La cuestión de fondo, sin embargo, es sencilla: un escaño que hubiera ido a los demócratas quedará en manos republicanas.
Virginia
A finales del año pasado, justo antes de las elecciones, los legisladores de la mayoría demócrata de Virginia aprobaron una enmienda a su constitución estatal que permitiría al estado redibujar sus distritos electores. Con ello respondían a los intentos de Texas de hacer un gerrymandering con el objetivo de quitarle varios escaños a los demócratas, pero era solo el primer paso. La constitución de Virginia exige que su legislatura vote a favor de cualquier enmienda constitucional dos veces, con unas elecciones de por medio, antes de poder someterla a referéndum.
El estado votó en noviembre (es, junto con Nueva Jersey, uno de los dos raritos con elecciones en años impares) y renovó (de hecho, amplió) la mayoría demócrata. Los legisladores inmediatamente ratificaron la enmienda y convocaron un referéndum. El objetivo era cambiar el mapa para pasar de dar seis representantes a los demócratas y cinco a los republicanos a un gerrymandering salvaje que daría un 10-1. Los demócratas estaban dando a los republicanos su propia medicina.
Los virginianos fueron a las urnas, y decidieron adoptar el mapa con un 52% de votos favorables.
Pero claro, hay abogados. Y los republicanos inmediatamente llevaron todo este proceso a los tribunales. Su argumento es que los legisladores habían aprobado la enmienda constitucional por primera vez demasiado tarde. Aunque técnicamente estaban en periodo de sesiones, el voto anticipado para las elecciones ya había comenzado, y, por lo tanto, estaban vulnerando la constitución de Virginia, que exige que una enmienda sea aprobada antes y después de unas elecciones. Ese primer voto era “durante”, es decir, “después”.
Hay montones de jurisprudencia que indica que el día de las elecciones es el primer martes después del primer lunes de noviembre. El voto anticipado es eso, gente que deposita su papeleta antes, igual que si estuviera votando por correo, pero las elecciones en sí son el día en que se abren las urnas y se hacen cuentas, no antes.
El tribunal supremo de Virginia está compuesto por siete jueces; cuatro nombrados por mayorías republicanas, tres por mayorías demócratas. Adivinad qué han decidido al ver este caso.
Exacto. En una maniobra legal tan predecible como injustificable, cuatro magistrados han concluido que el voto anticipado cuenta como “elecciones” y que el procedimiento seguido para reformar la constitución estatal es inconstitucional. No importa en absoluto que dos mayorías legislativas consecutivas y una mayoría de votantes en referéndum hayan votado nada; a partir de ahora nadie puede tocar la constitución durante los 45 días de voto anticipado en ese estado1. Los demócratas planean recurrir la sentencia al supremo. La duda es si la mayoría conservadora decidirá redefinir cuál es el día de las elecciones, decir que no se meten con leyes estatales o redescubrir la doctrina Purcell para este caso particular, muy, muy fuerte.
Cuatro escaños que en noviembre iban a ir a los demócratas seguirán siendo republicanos.
Otras batallas
Tennessee tiene, aproximadamente, un 15% de votantes afroamericanos, casi todos en los alrededores de Memphis. El estado escoge nueve representantes en Washington, así que tradicionalmente había un distrito de mayoría negra, dejando el mapa electoral con ocho republicanos y un demócrata. Tras la sentencia del supremo esencialmente abriendo la veda a desmantelar esta clase de distritos, el legislativo estatal ha aprobado a todo correr un gerrymandering estupendo. Adivinad, mirando los dos mapas, dónde está Memphis:
Alabama está celebrando primarias ahora mismo en sus siete distritos electorales. El día de las elecciones es el 19 de mayo, pero el voto anticipado ya ha comenzado. Sin el más mínimo reparo, la mayoría republicana en el legislativo estatal acaba de aprobar un mapa electoral nuevo que (sorpresa) eliminaría un distrito demócrata de mayoría negra, y están pidiendo por favor a un tribunal federal que les deje implementarlo. Si ese fuera el caso, tendrán que repetir las primarias otra vez.
Dado que el supremo acaba de hacer lo que ha hecho en Luisiana, os podéis imaginar el optimismo reinante.
En Carolina del Sur, mientras tanto, el legislativo estatal ha decidido extender su periodo de sesiones para decidir cómo van a redibujar el único distrito de mayoría negra de los siete del estado para tener un bonito mapa 7-0 en noviembre. Hay primarias de aquí a un mes, el voto anticipado ya ha empezado, pero les da exactamente igual.
Florida, mientras tanto, ha hecho su propio gerrymandering por motivos alegremente partidistas hace nada, dando un puñado de escaños potenciales a los republicanos gracias a la diligente tarea de sus legisladores de escoger qué votantes van a tener. La constitución estatal de Florida prohíbe, en teoría, los gerrymanderings por motivos partidistas, y el caso está en los tribunales. Los jueces ordinarios son escogidos de forma democrática, pero los del supremo son nombrados por el gobernador, que es republicano.
Adivinad lo que va a suceder.
Jueces y escaños
Los republicanos no necesitan ganar elecciones estos días; solo necesitan a sus jueces. El revés de Virginia, sumado a los gerrymanders derivados de la sentencia de Luisiana y el descarado calvinball de Florida, hacen que los demócratas probablemente van a necesitar ganar el voto popular en las elecciones de noviembre por casi cuatro puntos para tener garantizada la mayoría. Ahora mismo, los demócratas están seis puntos por delante en los sondeos, pero lo que sería una paliza electoral considerable con un mapa electoral medio justo puede convertirse en unas elecciones ajustadísimas con la mayoría dentro del margen de error.
Esto es, probablemente, lo que tenía en mente el supremo cuando dictó su sentencia sobre la Voting Rights Act, y básicamente exige que los demócratas solo puedan llegar a controlar la cámara baja si están dando una tunda electoral tremenda a los republicanos. Un empate, o una victoria ajustada, es una derrota. El Senado, desde hace tiempo, exige no victorias sino milagros para que cambie de manos.
Soluciones
Los demócratas ahora mismo tienen dos opciones no excluyentes. Pueden hacer, como intentaron en Virginia, tantos gerrymanders desquiciados como sea posible. El problema es que no hay demasiados lugares donde tienen esa opción, porque, como en Virginia, han tenido a bien poner barreras constitucionales en muchos lugares que retrasan una acción inmediata. Segundo, si ganan en noviembre, y con la amenaza de todos los gerrymanders psicóticos que puedan encontrar detrás, pueden intentar pactar en el Congreso una Voting Rights Act que elimine esta clase de maniobras para siempre con los republicanos.
¿Aceptarán los republicanos o Trump? Difícil decirlo. Un partido normal vería que esta clase de escalada es insostenible, ya que hará que las elecciones en muchos lugares dejen de ser competitivas para siempre. La estrategia racional de todos los actores es que en el momento en que tu partido se haga con el control de un gobierno estatal apruebe el gerrymander más abusivo que puedan imaginarse, extinguiendo a la oposición a perpetuidad. Dado que los demócratas el año que viene estarán (esperan) en posición de demoler a medio partido republicano de esa manera a poco que los sondeos acierten, lo lógico es que pidan paz antes de ver cómo muchos de sus legisladores son borrados de la faz de la tierra.
Pero hablamos de los republicanos bajo Trump, que son gente que a menudo parecen ser hostiles a la idea misma de la democracia. No sé si será posible convencerles de nada.
Lo que está claro es que o los demócratas ganan en noviembre o lo de las elecciones competitivas en Estados Unidos será casi un ejercicio de ficción. Los representantes serán votados en primarias. Punto.
Bolas extra
El Pentágono está publicando toda clase de vídeos y archivos sobre objetos voladores no identificados y cosas extrañas.
Estados Unidos está admitiendo de nuevo refugiados. Todos vienen de un solo país, Sudáfrica, y todos son blancos. Que si Trump es racista, preguntabais.
La última oleada de aranceles trumpianos (el 10% de “arancel global”) es ilegal, dice un tribunal. Será recurrida e irá al Supremo casi seguro.
La administración Trump está “investigando” la regulación de terceros países para ver cómo regulan importaciones de productos hechos con mano de obra esclavizada o en trabajos forzados. La intención es penalizar a quien no haga un buen trabajo vigilando esto con un arancel. Se espera que descubran que todo el planeta hace un trabajo horrible regulando esto, excepto Rusia y todo aquel país que quiera comprar criptomonedas a cierta empresa de familiares de Trump.
Que sí, que es una maniobra descaradamente cínica e ilegal. Qué os sorprende.
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Sí, 45 días de voto anticipado es una locura completa. Virginia es de los que más días da para votar. Casi todos los estados ofrecen voto anticipado a estas alturas.



