Son casi las dos de la mañana en New Haven, he vuelto del trabajo hace apenas una hora (hemos ganado por goleada) y acabo de hacer un par de entrevistas con medios españoles, así que no es que vaya a escribir mucho, pero aquí van unas notas rápidas sobre las elecciones de ayer.
La historia es bastante corta: una paliza descomunal, abrumadora, de los demócratas, un repudio casi total y completo al trumpismo, e incluso con esta tunda, los republicanos han tenido suerte de no llevarse una somanta de palos aún mayor.
Los demócratas han ganado en todos los lugares donde tenían que ganar: los estados “fáciles” este ciclo en el senado eran Maine, Ohio, Michigan, Carolina del Norte y Georgia. Con la única excepción de Ohio, donde se han impuesto por tres puntos, el resto los han ganado con relativa facilidad.
Los demócratas han presentado, casi con precisión quirúrgica, al candidato más progresista posible para ganar en muchos estados. Michigan era más progresista, Abdul El-Sayed está más a la izquierda, han ganado allí. Iowa es más conservador, Josh Turek es más moderado, y han ganado también por un margen similar. Las primarias han acabado seleccionando una lista de candidatos extremadamente eficiente.
La única excepción ha sido Florida, el único estado en donde los demócratas presentaron una candidata al senado netamente izquierdista en un estado moderado. Ha acabado perdido, por sólo tres puntos.
Los demócratas han ganado varias elecciones casi impensables. Kansas no escogía a un senador demócrata desde 1932, en las primeras presidenciales de Roosevelt. Carolina del Sur es un lugar donde Trump ganó por dieciocho puntos. Texas es Texas. Los demócratas están empatados en Mississippi, donde Trump ganó por 23 puntos.
Y cuando digo empatados en Mississippi es casi literal; Scott Colom, el candidato demócrata, está ganando por veintiocho votos.
El control demócrata de ambas cámaras del congreso significa poco menos que el fin de la presidencia de Donald Trump, que no podrá aprobar ley alguna durante los próximos dos años. Las primarias republicanas empiezan el jueves, a más tardar.
El bloqueo en Washington hace que las enormes victorias demócratas en elecciones estatales sean increíblemente importantes. Gran parte de la política social y regulatoria de Estados Unidos en temas cruciales (sanidad, educación, mercado laboral, vivienda) sucede en los estados. Que Texas (¡Texas!), Iowa, Ohio, Kansas o Alabama tengan gobernadores demócratas es tremendo y mejorará las vidas de millones de americanos.
Esa basura ponzoñosa conocida como Vivek Ramaswamy ha perdido las elecciones a gobernador de Ohio. El peor anuncio que he visto jamás en una campaña política ha sido determinante en su derrota.
Un factor constante en estas elecciones, y de las que hablaré más en otro artículo: el GOP tenía muchos candidatos espantosos este ciclo. Vivek era un espanto, pero gente como Ken Paxton, Mike Rogers, Roger Marshal o Darlene Graham eran también atroces. Quién iba a decir que tener un chiflado autoritario obsesionado con la lealtad de sus secuaces ejecutando purgas constantes acabaría siendo un problema.
Darlene Graham, la candidata derrotada en Carolina del Sur, era la hermana del fallecido Lindsey Graham, y fue impuesta a dedo por Trump. No se me ocurre mejor tributo a la figura del fallecido y su glorioso historial de rendirse de forma abyecta ante Trump.
Lo de deportar a gente de aspecto latino al azar durante meses por todo el país ha resultado ser impopular entre los votantes latinos, especialmente en los estados fronterizos en los que más deportaciones al azar ha habido y donde las autoridades estatales han colaborado con más entusiasmo, léase Texas. Talarico ha ganado por diez puntos. En Texas.
Los sondeos, por cierto, han acertado bastante, a pesar de subestimar el voto demócrata en muchos sitios (Texas).
Quien más reforzado sale de estas elecciones de cara a las primarias del 2028 es Jon Ossoff, el senador demócrata por Georgia, que ha barrido a su oponente por 18 puntos.
En las primarias republicanas, quien más pierde es J.D. Vance. Quien menos (pero sin ganar) es Marco Rubio, que lleva varios meses desaparecido.
Mañana o pasado, más análisis. Pero dado que todo el mundo en el GOP se ha llevado una tunda completa en todas partes (menos en Florida), por una vez la conclusión es bastante clara.





Creo que no soy el único que quiere ver esas entrevistas si es posible.
He dormido poco siguiendo el minuto y marcador. No puedo dejar de pensar en los casi 500 millones de dólares que Elon Musk ha tirado a la basura para apoyar a los sátrapas en Texas. Y tampoco puedo dejar de pensar en mis amigos, que viven (desesperados) en un pueblo del Idaho rural rodeados de trumpistas y en lo felices que estarán hoy.
Será difícil revertir el daño. Sinceramente creo que será imposible en las próximas décadas... pero se ha demostrado que hace falta valentía y cercanía de verdad y que, cuando se tiene, pueden pasar cosas ilusionantes.
Abrazos.