El primer lunes de septiembre es, en Estados Unidos, el día del trabajo1, y tradicionalmente es visto como el final no oficial del verano y fecha de inicio del curso escolar. Se considera también, a ojo de los que trabajan en política, como el inicio real de la campaña electoral, el momento en que los votantes “normales” dejan de pensar en playa y vacaciones, entran en su rutina habitual, y empiezan a prestar atención.
Con los candidatos ya en plena acción, las estrategias electorales preparadas, los mensajes definidos y miles de millones de dólares en publicidad2 contratados, creo que no es un mal momento para mirar dónde están los sondeos, las expectativas creadas, y qué podemos esperar de aquí 50 días, cuando finalmente cierren los colegios electorales.
El punto de partida: legislativas “normales”
Empecemos por unos cuantos detalles básicos sobre lo que suele suceder en unas elecciones legislativas de medio mandato en Estados Unidos, para tener una noción de lo que esperaríamos ver en un año “normal”.
El partido del presidente pierde: desde 1946 Estados Unidos ha celebrado 19 elecciones de medio mandato. El partido que ocupa la Casa Blanca ha perdido escaños en la cámara de representantes en 17 de ellas, cediendo 27 escaños de media. Las dos únicas excepciones son relativamente recientes; 2002, unas elecciones “patrióticas” post 11-S, y 1998, después del estrepitoso fracaso del impeachment contra Bill Clinton.
La popularidad del presidente es el mejor predictor: cuanto más impopular sea el inquilino de la Casa Blanca, peor le va a su partido en las urnas.
El senado siempre “depende”: dado que el senado sólo renueva un tercio de la cámara cada dos años, el resultado suele ser bastante contingente al mapa electoral que toca ese año.
Esto se traduce, a efectos del 2026, a unas elecciones que deberían ser espantosas para el GOP en la cámara de representantes, ya que Donald Trump es horrendamente impopular, con un 38% de aprobación. La media de sondeos recientes creo que incluso sobrevalora el apoyo al presidente, ya que incluye un puñado de encuestadores republicanos que empujan el resultado al alza. Pero incluso sin este asterisco, Trump es mucho más impopular que Biden el 2022, él mismo el 2018, u Obama el 2010.
Algunos detalles relevantes
Si estuviéramos en el 2018 o 2010, podríamos esperar una tunda sobre los 40-50 escaños perdidos para el GOP. Las expectativas, sin embargo, son bastante menores debido al desaforado, salvaje gerrymandering de los últimos meses en estados controlados por los republicanos. Las estimaciones varían ligeramente de un experto a otro, pero es posible que los demócratas necesiten ganar por cuatro puntos a nivel nacional para asegurarse una mayoría en la cámara baja.
Esto, por descontado, es espléndidamente antidemocrático, pero desde cuándo el Tribunal Supremo de los Estados Unidos se preocupa de estos calificativos sentimentales irrelevantes.
La buena noticia (relativa) es que los demócratas andan más o menos con 7-8 puntos de ventaja en los sondeos nacionales. La mala es que esta suele ser una pregunta con un poder predictivo bastante limitado, porque la gente responde un poco como quiere. Es mejor mirar encuestas estado por estado y distrito por distrito para tener una mejor idea sobre cómo van las cosas.
Y aquí la tendencia parece ser bastante favorable a los demócratas. Los sondeos recientes han sido muy buenos para el partido, casi sin excepción. En contra de lo que sucede en las presidenciales, donde las encuestas suelen moverse bastante según se acercan los comicios y los indecisos empiezan a despertarse, las legislativas se mueven relativamente poco durante el último mes, y cuando lo hacen es a menudo contra el partido en el poder.
El senado
Estados Unidos tienen un poder legislativo bicameral casi simétrico, es decir, las dos cámaras tienen, en agregado, casi el mismo poder3, y es necesario aprobar una propuesta en ambas para poder legislar. Si los demócratas consiguen recuperar la cámara de representantes, algo que es bastante probable ahora mismo, la agenda legislativa de Donald Trump está muerta por completo, y tendremos un presidente casi sin capacidad de maniobra en los dos años que le quedan de mandato.
Sí, el señor seguirá intentando gobernar por decreto, pero aparte de arrasar departamentos enteros, dejar al gobierno federal incapaz de aplicar cientos de leyes y demoler regulaciones medioambientales, y meterse en guerras estúpidas en Oriente Medio no puede hacer gran cosa, y el daño sobre ese lado del gobierno ya está hecho.
Eso hace que aunque recuperar la mayoría en el senado sería una buena noticia para los demócratas, no es tan importante como recuperar la cámara baja. Esto es una suerte, porque el mapa de estados que escogen senadores este año es atroz para los demócratas, e incluso en un año excepcionalmente bueno sería un milagro que recuperaran la cámara alta.
¿Qué podemos esperar?
Los demócratas seguramente recuperarán la mayoría en la cámara de representantes, y puede que incluso en el senado.
Cámara de representantes
Si miramos los sondeos, incluso con gerrymandering, todo apunta que los demócratas van a recuperar la cámara baja. Los republicanos tienen ahora mismo una mayoría de 220-216, así que a los demócratas les basta con recuperar cinco escaños.




