Una tregua que no es ni de papel
Anales de la diplomacia trumpiana
La diplomacia, especialmente en situaciones de guerra y paz, es un proceso complejo y delicado. La desconfianza entre los actores es máxima, las dudas constantes, las suspicacias lo tiñen todo. En estas circunstancias, cada palabra, cada coma, cada punto, cada párrafo de un acuerdo, aunque sea un alto el fuego temporal, es examinado, analizado, y considerado con extremo detalle. No hay espacio para malentendidos o ambigüedad. El lenguaje tiene que ser preciso, y es siempre negociado cuidadosamente.
Tras el pacto a última hora que posponía el apocalipsis otro par de semanas, ayer tanto Irán como Estados Unidos se despertaron con dudas. Israel seguía bombardeando en Líbano; Irán estaba convencido que el alto el fuego incluía también ese frente, como había anunciado Pakistán. Israel insistió que ellos no habían aceptado nada en ese aspecto. Estados Unidos estaba bajo la impresión que el tráfico naval en Ormuz iba a reanudarse de inmediato. Irán señalaba una cláusula que incluía su supervisión de este, y avisaba que iban a cobrar un lindo peaje en criptomonedas1. Irán celebraba que le iban a levantar sanciones y mantener su programa nuclear; Trump decía que parte del peaje lo iban a cobrar ellos2 y que los diez puntos de la tregua eran orientativos y que no habían aceptado todo.
La duda inmediata era quién estaba inventándose cláusulas o leyendo cosas al revés, que todo el mundo esperaba que se iba a disipar cuando se publicaran los términos del alto el fuego formalizados por escrito. A media mañana, no obstante, quedó bastante claro que en esta negociación no había un documento formal por escrito: era tuits, mensajes indirectos, y Trump proclamando que había aceptado algo en Truth Social, sin que quedara nada claro para nadie sobre qué se había pactado.
Todos esos diplomáticos que despidieron en el departamento de estado para substituirlos por el yerno del presidente se echan en falta cuando menos te lo esperas, la verdad.
Así que no sé si podemos hablar sobre un acuerdo de alto el fuego frágil cuando uno de los contendientes sigue guerreando, los otros dos tienen ideas contradictorias sobre lo que han firmado y el negociador principal está escondido en un rincón tras ser pillado repitiendo mensajes dictados. Lo que está claro, y parecen coincidir todos los observadores, es que Donald Trump estaba desesperado por encontrar una salida y parar la guerra, y los diez puntos de Irán que quizás-han-aceptado-o-quizás-no son una rendición en toda regla.

Una rendición
El estrecho de Ormuz sigue bajo el control de Irán, que hará con él lo que quiera. La libertad de navegación, una de las obsesiones de Estados Unidos desde su fundación, pasa a segundo plano; la República Islámica va a cobrar peaje, generando miles de millones de ingresos (sobre 40.000 millones al año, si las cifras que dicen son ciertas) como “reparaciones” de guerra. Irán no ha aceptado renunciar a su programa nuclear, y parece que no lo hará hasta que no le levanten sanciones económicas. El acuerdo, en última instancia, ha sido negociado por China, que consigue no sólo recuperar el acceso al petróleo en una posición ventajosa, sino que toma un nuevo papel en la región.
Trump no ha conseguido absolutamente nada de lo que quería. Irán no sólo sale reforzado; ha conseguido que Estados Unidos esté hablando de levantar sanciones y cooperar con ellos para “garantizar la seguridad” del estrecho. Para hacerse el duro, Trump ha avisado que impondrá aranceles del 50% a cualquier país que venda armas a Irán. Cosa que significa, en realidad, que los consumidores americanos serán castigados con un impuesto del 50% si alguien vende armas a Irán, porque (por enésima vez) los aranceles los pagan los americanos.
Lo que queda por venir
No me extraña demasiado que, visto el percal, Israel esté dedicándose a subvertir el alto el fuego. Si este es el acuerdo que pone fin a la guerra, Irán va a salir extraordinariamente reforzada con una nueva fuente de ingresos, un programa nuclear renacido, menos sanciones, y Estados Unidos trabajando con ellos. Mi impresión es que los iraníes entienden que en última instancia Washington puede obligar a Israel a tragar, pero que eso tendrá un coste político significativo para la administración. También saben que Trump finalmente ha entendido que le tienen agarrado por las pelotas y que está desesperado por firmar lo que sea con tal de salir de este atolladero, así que naturalmente van a arrastrarlo de forma inmisericorde ante la más mínima violación de lo que ellos dicen que han firmado.
Como señalaba hace unos días, Irán quiere restablecer su capacidad de disuasión política: aquel presidente de Estados Unidos que les ataque debe entender que su administración será destruida por completo. Las negociaciones hasta el armisticio van a doler. Mi impresión es que el caos en el mercado del petróleo puede ir para largo, porque Irán va a dedicarse con entusiasmo a asegurar que todo el partido republicano entiende el mensaje.
Nada de esto es sorprendente. Desde el primer momento, básicamente cualquier académico o militar que supiera nada de la región repetía sin cesar que esta era una guerra estúpida. Una vez Irán toma la decisión de cerrar Ormuz y queda claro que Estados Unidos no tiene ni idea sobre cómo reabrirlo, estaba claro que la guerra estaba perdida.
Lo que queda por saber es qué nivel de baboseo está dispuesto a exigir Irán para sentirse saciado, y lo rápido que Trump va a darles lo que le piden para evitar que el bloqueo se alargue y hagan aún más daño a la economía global. Mi intuición, viendo la intervención China en las negociaciones, es que se alargará, pero no demasiado, pero eso no evitará la humillación.
Hablé, siguiendo a James Fallows, sobre cómo esta crisis recordaba a la del Canal de Suez. El símil no hace más que reforzarse.
Epílogo
Sobre las consecuencias políticas de la guerra para Trump hablaré en más profundidad en otro artículo, pero tenemos algunas pistas. El martes hubo varias elecciones en Wisconsin, Georgia, y otros puntos del país. En todas ellas, los demócratas mejoraron sus márgenes respecto al 2024 por más de veinte puntos. Los sondeos de Trump son atroces. Aunque los votantes siguen sin fiarse de los demócratas, el grupo que dice odiar ambos partidos, que acabaron votando a Trump en masa hace año y medio, dicen que votarán demócrata con un margen de 31 puntos.
Y recordad, el incentivo de Irán es que esto siga así.
Bola extra:
Sólo una: el largo artículo del NYT explicando cómo Estados Unidos tomó la decisión de ir a la guerra. La historia entera es delirante, empezando por un PowerPoint de Netanyahu en la Casa Blanca, con el yerno del presidente (que está a sueldo de la mitad de los gobiernos del golfo) en la sala3, la conclusión unánime de los servicios de inteligencia americanos que el plan entero era una burrada, y la decisión de casi todo el gabinete (excepto J.D. Vance) de callarse y dar la razón a Trump.
Esto es: Trump es tan lerdo como parece, la lección extraída de Venezuela fue completamente errónea, y esta guerra es realmente una estupidez.
Por fin les hemos encontrado un uso válido: ser extorsionados por una teocracia.
Primero, buena suerte, y segundo, los aliados de Estados Unidos van a estar encantados de tener que pagarles dinero, seguro, seguro.
Kushner no tiene más cargo oficial que “yerno del presidente”. Está ahí porque esto es un cachondeo y punto.


