Perdiendo una guerra
Trump se topa con su propia incompetencia
Las guerras se ganan cuando uno de los contendientes alcanza sus objetivos. Estados Unidos, en su guerra contra Irán, no tiene ningún objetivo claro o remotamente válido, así que no va a ganar esta guerra.
Absurdos
Francamente, es difícil hablar sobre este conflicto sin perder la cabeza. Puedes empezar a escribir sobre cuellos de botella, estrategia, opinión pública, escaladas no intencionadas o cualquier tema sobre política americana, teoría de juegos, relaciones internacionales, economía o mercados de energía, hasta que cualquier cosa que estás explicando se topa con el problema de que nada de lo que dices realmente tiene sentido.
El cuello de botella de Ormuz era visible y su cierre, obvio a cualquiera que hubiera mirado un mapa en su vida. Cualquier estrategia sensata y razonable entendería que Irán iba a cerrar el estrecho. La opinión pública americana está completamente en contra. Un conflicto así tiene siempre un riesgo enorme de escalada, con enormes riesgos asociados. Cualquier presidente normal hubiera escuchado a las docenas de asesores aullando que esto era una mala idea, y contándole que la estrategia racional de Irán es no rendirse y provocar tanto caos como sea posible. También le habrían contado que esto iba a destruir por completo la credibilidad de Estados Unidos con sus aliados en la región, enviar el mercado del petróleo y gas al garete y probablemente causar una crisis económica en medio planeta.
Pero todo esto no importa, porque la persona al mando de esta guerra tuvo un ataque de potra imposible secuestrando a un dictador inútil en Venezuela, aprendió las lecciones equivocadas y se dejó convencer por Israel de que iba a salvar al planeta en una gloriosa operación de unos pocos días, sin ser consciente del enorme riesgo de la apuesta y sus muy previsibles costes.
Estados Unidos tenía un plan A, decapitar al régimen y poner a un títere en el poder. El plan A era estúpido. No tenían plan B.
Irán o la teoría del caos
Irán, mientras tanto, lleva preparándose para este escenario desde que les bombardearon el año pasado. Extrajeron dos lecciones importantes. Primero, que te bombardeen desde el aire duele, pero el coste es perfectamente asumible para el régimen. Los daños materiales son reemplazables; un estado moderno es algo extremadamente resistente que puede luchar guerras durante muchos años antes de quedarse sin recursos. Segundo, consiguieron mantener el orden sin problemas ni rebeliones graves durante el conflicto, y cuando tuvieron protestas meses después, sus cuerpos de seguridad no tuvieron el más mínimo reparo en asesinar a miles de personas. Una dictadura puede mantenerse en el poder de forma casi indefinida si sus milicos siguen obedeciendo órdenes sin rechistar, y la guardia revolucionaria sigue órdenes.
Sabían, por tanto, que una campaña de bombardeos no iba a acabar con el régimen. Y sabían que Estados Unidos no iba a tener el estómago para una invasión terrestre. Así que su objetivo iba a ser hacer que un ataque fuera tan costoso como fuera posible para los agresores, bajo la premisa de que ellos podían tolerar destrucción y bombas con mucha más facilidad de la que Estados Unidos podía tolerar caos económico y aliados indignados ante la colosal estupidez de sus acciones. Y gracias al milagro de los drones y la electrónica moderna, podían hacerlo con un coste material y económico irrisorio en comparación con el daño que podían causar.
Caos a precio de saldo
Un dron Shahed pesa apenas 200 kilos. Sus componentes son fibra de vidrio, un motor de cuatro cilindros de 50 caballos de potencia, un receptor de GPS/GLONASS en un chip comparable al de un teléfono móvil y 50-100 kilos de explosivos. Producido a gran escala, el coste por unidad seguramente no supera los $30,000, y lo puedes montar en un garaje. No es demasiado preciso, pero cuando tu blanco es del tamaño de una refinería no le hace falta. Son lentos y fáciles de derribar, pero para un gobierno son básicamente gratis. Puedes lanzar tantos como quieras1.
Los Shahed, como han descubierto los rusos, no son lo suficientemente destructivos para forzar que un estado luchando por su supervivencia dé su brazo a torcer. Pero las empresas petroleras del golfo son negocios, no estados, y luchan por mantener sus beneficios. Si de repente el coste de operar es que un puñado de avioncetes de plástico con motores de vespino te revienten tres o seis meses de producción de crudo dos veces por semana, su modelo de negocio deja de ser viable. Las ciudades del golfo que han vendido una imagen de lugares seguros para los negocios dejan de serlo cuando tienes un dron empotrado en un hotel cada jueves.
Hundir o dañar buques en el estrecho de Ormuz requiere herramientas un tanto más elaboradas que un Shahed, pero no por mucho. Un misil naval es mucho más barato que un petrolero. Una mina marina lo es aún más. Y, como la flota rusa del Mar Negro aprendió (a cañonazos) en años recientes, los drones suicidas y misiles de crucero solo necesitan tener suerte una vez para hundir un barco. Y el Mar Negro es mucho más grande que el estrecho de Ormuz.
Victoria desde la debilidad
Por ridículo y absurdo que parezca, Irán es quien tiene ahora la iniciativa en esta guerra. Va a seguir recibiendo guantazos, cientos de bajas militares y civiles y daños enormes a su infraestructura. Pero saben que pueden aguantarlos, y saben que Estados Unidos, debido a años de insistencia en armas de alta tecnología con arsenales de existencias limitadas, no puede sostener su ritmo de forma indefinida. A su vez, Irán puede ser un incordio absoluto para la región durante meses, y saben que cada semana de caos en el estrecho y noticias sobre yacimientos parados y puertos cerrados hace que el coste de la guerra aumente, tanto para Estados Unidos como para sus aliados, que son más que conscientes de quién les ha metido en este fregado sin un plan para defenderles.
Un país gana una guerra cuando uno de los contendientes alcanza sus objetivos. El objetivo de Irán en esta guerra es infligir un coste económico y político tal a sus adversarios como para disuadirles de un tercer ataque, y con ello reforzar su capacidad para amenazar y chantajear al resto de la región. Irán está ganando la guerra.
La persistente estupidez
Con esto, estamos de vuelta al problema inicial. Durante décadas, los presidentes de Estados Unidos han entendido que este era el resultado casi inevitable de una guerra contra Irán. Tras cuatro años de guerra en Ucrania, todo el mundo en el Pentágono sabía que los drones habían hecho la ecuación aún más favorable para el lado que quiere sembrar el caos. La estrategia racional era no atacar. Una vez que ha atacado, la estrategia racional es parar los ataques cuanto antes mejor, porque los costes aumentan mucho más rápido para el agresor que para el agredido.
Retirarse ahora con el estrecho aún cerrado y sin haber cumplido con tus objetivos declarados (que cambias cada semana y/o eran absurdos), sin embargo, será visto por todos dentro y fuera de Estados Unidos como una retirada humillante. Y Trump lo sabe, así que, por ahora, sigue insistiendo en una colosal estupidez con la vaga esperanza de que suceda algo que le rescate de este desaguisado.
Aunque, la verdad, es posible que incluso ese argumento sea demasiado generoso con ese hombre. Es perfectamente posible que en su cabeza Trump crea que esto es un choque de voluntades y que si lo desea muy, muy fuerte los iraníes se rendirán, o que esté esperando alguna Wunderwaffe del Pentágono que solucione todo, o que crea que está negociando desde una posición de fortaleza, o que esto sea una guerra de desgaste, y que Estados Unidos es más rico que Irán y puede sostener la guerra más tiempo. Sea cual sea su teoría, la guerra la está perdiendo de la forma más idiota posible.
Lo más ridículo, por descontado, es que estamos donde estamos debido a una persona que resulta ser idiota y presidente, a la espera de sus bandazos y cambios de opinión. El mismo día en que el NYT publica un largo y detallado artículo explicando que Trump está buscando una salida, el tipo sale en Truth Social diciendo que si Irán no reabre el estrecho en 48 horas se pondrán a bombardear centrales eléctricas por todo el país.
Una táctica que aplaudiría Vladimir Putin con entusiasmo, que resulta ser un crimen de guerra (bombardear infraestructura civil sin valor militar) y que, por supuesto, no ha funcionado tampoco en Ucrania. En fin.
Bolas extra:
Ayer falleció Robert Mueller, exdirector del FBI y el fiscal que llevó la investigación contra Trump por la trama rusa durante su primer mandato. En una muestra de su completa falta de talla moral, Trump lo ha celebrado en su red social.
Recomiendo que leáis el obituario de Mueller en el NYT; su carrera es extraordinaria. De forma notable, a pesar de ser hijo de una familia con mucho dinero, se alistó como voluntario para ir a Vietnam en los Marines.
En el colegio de élite en el que fue estudiante, su compañero de clase fue otro hijo de familia adinerada que también fue a Vietnam como voluntario, John Kerry.
Algo de lo que escribiré más adelante: César Chávez, el legendario líder de United Farm Workers que luchó por los derechos civiles de latinos y chicanos durante décadas, abusó sexualmente de menores durante décadas. Es una historia horrible de veras.
Es difícil recalcar lo suficiente lo brillante que es Shahed como diseño - hasta el punto de que Estados Unidos ha decidido clonarlo, y lo están utilizando en combate ahora mismo.



