El eterno retorno
Estados Unidos bombardeando países en Oriente Medio. Otra vez.
El sábado a las tres de la mañana, el Presidente de los Estados Unidos anunciaba una guerra contra Irán. La autoridad para declarar guerras, según la constitución, recae sobre el Congreso, así que Trump utilizó el eufemismo legal “operaciones de combate a gran escala” (major combat operations) para explicar sus acciones.
Su intervención empezó con una larga retahíla de afrentas pasadas, desde el secuestro de la embajada en 1979 pasando por el atentado contra marines en Beirut en 1983, el apoyo a los rebeldes en Irak o el ataque al USS Cole. Irán tiene un largo historial de terrorismo de estado, sea con intervenciones directas, sea a través de marionetas en medio mundo; Trump también se dedicó a recordarlas.

Finalmente, el presidente habló del programa nuclear iraní. Un estado que usa el terrorismo como instrumento de política exterior, virulentamente antisemita, que tiene como objetivo declarado aniquilar el estado de Israel, no puede tener armas nucleares. Irán se niega a renunciar a ellas. Es un riesgo intolerable. Estados Unidos va a atacar el país hasta destruir su capacidad militar y provocar un cambio de régimen. El pueblo iraní debe alzarse contra la tiranía que los oprime y tomar el control de su destino, con la ayuda de las bombas americanas.
Trump tiene razón al hablar sobre el peligro que representa el régimen iraní. El resto del discurso, me temo, es una fantasía.
Acuerdos fallidos
Empecemos por las armas nucleares. Hace 11 años, Estados Unidos e Irán firmaron, con la participación de Europa, China y Rusia, el Joint Comprehensive Plan of Action (JCPOA, o plan de acción integral conjunto). El acuerdo, de una complejidad técnica tremenda, hacía algo muy sencillo: Irán aceptaba renunciar a su programa de armamento nuclear a cambio de la eliminación de sanciones económicas. El tratado no incluía una renuncia al terrorismo u otros programas militares (misiles balísticos, drones); su único objetivo era La Bomba. El resto quedaba para otras negociaciones.
Para Israel, la naturaleza limitada del acuerdo era un problema grave. Aunque (en teoría) la posibilidad de ser aniquilados en un intercambio nuclear quedaba ahora descartada, el levantamiento de las sanciones daba más recursos a Irán para seguir hostigándoles a través de sus milicias y grupos terroristas aliados.
El JCPOA había sido el mayor éxito diplomático de Obama en su segundo mandato. Para los israelíes no fue nada difícil convencer a su sucesor, un hombre permanentemente resentido contra su legado, de que denunciara el tratado.
Estados Unidos se retiró del acuerdo el 2018 y reimpuso sanciones.
El argumento de Israel (y muchos halcones dentro de Estados Unidos) contra el JCPOA es lógico. Si tu país es el que sufre el aumento de ataques terroristas por parte de milicias pro-iraníes debido al final de las sanciones, es difícil aceptar este tratado como bueno. Si eres el país que ejerces de garante de la seguridad de la región, como es el caso de Estados Unidos, tener a Irán desestabilizando a vecinos y aliados, metiéndose en guerras civiles ajenas e incluso apoyando a Rusia en Ucrania representa un coste considerable.
Así que Trump volvió a las sanciones, para satisfacción de Israel. Desde el punto de vista de Irán, sin embargo, la desaparición del JCPOA significaba más presión económica y un renovado riesgo de sufrir una derrota militar, tanto de sus aliados como en un ataque directo. Como todos los enemigos del mundo libre, los iraníes habían tomado nota de la experiencia de Corea del Norte y de cómo la posesión de armas nucleares significaba que todo el mundo inmediatamente les había dejado en paz. Irán no tardó en reactivar su programa de armas nucleares.
Esto, por supuesto, es lo que los defensores del JCPOA llevaban diciendo desde el primer momento. Irán se siente amenazado, y por lo tanto intenta conseguir armas nucleares. Si no queremos que las tenga, o bien se le ofrecen garantías creíbles de que no serán atacados, incluyendo alivio económico, o bien tienes que obligarlos por la fuerza. El dilema no es “JCPOA o un tratado mejor”. El dilema es “algo parecido al JCPOA o guerra abierta.”
Guerra
Y eso es lo que ha escogido Israel, y por ende, Estados Unidos. Derogaron el acuerdo, intentaron negociar algo mejor y bombardearon Irán. Volvieron a negociar. En algún momento indeterminado este último mes, Trump se aburrió de tanta charla y ha decidido lanzar una guerra sustituyendo los líderes a bombazos, con la vaga esperanza de que sus sucesores (sean gente del régimen, sean salidos de una insurrección) accedan a sus demandas.
Lo del aburrimiento, por cierto, no es una exageración. Todo apunta que los iraníes estaban negociando de buena fe, y estaban dispuestos a hacer concesiones reales (parecidas a las que hicieron bajo JCPOA, porque, repito, esa es la única alternativa) a cambio de renunciar a su programa nuclear. Trump, no obstante, tiene la mala costumbre de percibir concesiones como debilidad, y con ello una posibilidad de atacar por sorpresa (que le pregunten a Maduro, o a Irán el año pasado), así que acabamos en un conflicto armado. Estados Unidos nunca estuvo negociando en serio; esta es una guerra que Trump quería, porque están convencidos que es la mejor opción.
Dudo que nadie quiera negociar nada con Estados Unidos a partir de ahora, por supuesto. Y la lección, una vez más, es que lo mejor que puede hacer un país en su punto de mira es fabricar armas nucleares.
¿Y ahora qué?
Supongamos, de todos modos, que la lógica de la administración es medio decente y un cambio de régimen en Teheran era la mejor opción. El siguiente paso, imponer mejores gobernantes, es extraordinariamente complicado.
Para empezar, las campañas de bombardeo estratégico no funcionan. Brett Deveraux tiene un artículo estupendo explicando la larga historia de guerras en las que un bando confía en que la aviación y muchas explosiones bastarán para forzar la rendición del enemigo o un cambio de régimen. Aunque os animo que lo leáis entero, porque es un escritor excelente, su conclusión (y la de todos los expertos) es que nunca han funcionado. Los civiles responden a ser bombardeados por un enemigo exterior culpando a sus líderes, y los ataques aéreos nunca provocan suficientes daños como para hacer que el régimen pierda el control1.
Segundo, incluso en el caso en que llegaran a funcionar (digamos, volando por los aires a suficientes dirigentes iraníes como para que tengan un gobierno distinto), nada garantiza que lo que viene después vaya a ser mejor de lo que tenemos ahora. Es más, es improbable que así sea, ya que la lógica detrás del conflicto no ha cambiado, pero los nuevos gobernantes iraníes entrarán con la lección aprendida de que tener armas nucleares es más importante que nunca. La única manera de que no llegaran a esa conclusión es si Estados Unidos les diera una garantía creíble de que pueden desarmarse sin miedo, pero Trump esencialmente ha destruido esa posibilidad.
Tercero, parece obvio, porque eso es lo que está diciendo la misma administración, que Estados Unidos no tiene un plan. Desde el mismo discurso de Trump el sábado, pasando por las declaraciones de su equipo y aliados variados en el congreso, a la entrevista que dio al NYT anoche, toda la aventura iraní sigue esta lógica:
Bombardear copiosamente.
????
Cambio de régimen y no más armas nucleares.
El segundo paso es “pasarán cosas”, y eso incluye explosiones, Irán respondiendo a esas explosiones, y quizás hay una revuelta o la guardia revolucionaria decide renunciar a su poder y sus ideas, se convierten a una religión más aceptable para el Pentágono, y apuestan por la no-violencia. Trump hablaba de un escenario “estilo Venezuela”, así que estarán cruzando los dedos para que emerja una “Delcy” iraní. La diferencia es que a Maduro probablemente le vendieron porque el país entero estaba hasta el gorro de él, mientras las élites iraníes están encantadas con su propio poder2.
Lo más probable, y quizás la opción menos mala, es que veamos una repetición del año pasado: Trump hace sus cosas, mueren unos cuantos cientos o miles de civiles, Irán escoge un líder nominalmente más “moderado” pero la situación de fondo no cambia. Todo el mundo canta victoria, excepto que la credibilidad de Estados Unidos se ha desvanecido por completo e Irán redobla aún más sus esfuerzos por obtener armas nucleares. Pero todas las guerras comparten su naturaleza impredecible, así que Dios sabe cómo van a acabar.
Dentro de Estados Unidos
La parte más ridícula de todo este asunto, para variar, es la política interna americana. Inexplicablemente, el presidente ni se molestó en vender la idea de que una intervención podría ser necesaria durante el discurso del estado de la unión, ni se ha preocupado de preparar a la opinión pública estas últimas semanas.
Los sondeos eran atroces para la Casa Blanca antes de que empezara la guerra, con sólo un 21% de americanos apoyando una intervención. Aunque es pronto, no parece que el electorado esté dando una respuesta patriótica una vez han empezado. Un sondeo de CBS, a pesar de múltiples preguntas sesgadas a favor de intervenir, daba resultados similares, al igual que una de Reuters.
La cuestión de fondo es que Trump es muy impopular, y esta aventura militar lo era aún más antes de que empezara. Aunque muchos líderes de MAGA que se pasaron la campaña diciendo que “Harris era pro-guerra, Trump es pacifista” ahora andan aplaudiendo fervorosamente al amado líder, la idea de meterse en otra guerra más en Oriente Medio es detestada incluso dentro del partido republicano.
La Casa Blanca entiende que una invasión o intervención terrestre sería recibida aún peor que una campaña de bombardeos, y ya han dicho que no tienen intención de hacer nada en ese sentido. Pero habrá bajas, y según los aliados americanos de la región se queden sin misiles antiaéreos, habrá muertes civiles en lugares donde habitualmente no “llegan” las guerras.
De momento, Trump está anunciando las bajas con esta desgana:
Las consecuencias políticas del conflicto, sin embargo, creo que serán relativamente limitadas. Como no me canso de repetir, muy pocos americanos deciden su voto según la política exterior, y este es un país que (tristemente) bombardea a gente al azar con bastante frecuencia. Que muchas de estas acciones hayan fracasado o tenido consecuencias terribles importa poco; si no hay soldados en el terreno, son guerras irreales3. Irán, además, no es que sea un actor que genere demasiadas simpatías, siendo como es el “malo” de mil batallas anteriores; por estúpidos e injustificados que sean los actos de Trump, nadie va a defenderles.
Si la guerra tiene algún efecto será de forma indirecta. En el lado demócrata, los líderes del partido han respondido con el mismo entusiasmo y vehemencia que un diplomático de la UE medio: están “preocupados”, quieren que Trump “dé explicaciones” y que quizás, si se pone tonto, se vote algo en el Congreso. Esta es una respuesta bastante racional, ya que a la mayoría de votantes no lo es importa el tema y no quieres acabar defendiendo a Irán.
Las bases del partido, sin embargo, están hartas de escuchar a moderados responsables, cuando no siguen traumatizadas por la completa rendición del partido en los meses previos a la invasión de Irak4. No me sorprendería demasiado que algún congresista acabe sudando en las primarias (o incluso perdiendo) por decir algo demasiado un poco demasiado servil estos días5.
De cara a las generales, el impacto será, si lo hubiere, a través del precio de la gasolina. Estados Unidos es un exportador neto de petróleo, así que no hablamos de una crisis de suministro, pero este es un mercado global; si el barril sube de precio en Europa, los productores americanos venderán allá donde más dinero puedan sacar, así que el precio subirá aquí también. En un país donde el coche es necesario para todo, el consumidor local es muy sensible a lo que paga en para llenar el depósito, y esto se suele ver con rapidez en los sondeos. Más aún cuando toda la campaña electoral de Trump incluía la promesa de “bajaré el precio de la gasolina”.
Ironías de la vida, los fabricantes de coches americanos celebraban no hace mucho que la administración iba a eliminar todas las regulaciones sobre consumo y eficiencia en el país, permitiéndoles seguir apostando por el tradicional panzer de seis u ocho cilindros del tamaño de un yate para ir a hacer la compra que parece que es el único vehículo que saben fabricar sin perder dinero. Según vayan las cosas, Detroit se acabará pillando los dedos y suplicando las ayudas a los eléctricos de nuevo mientras Hyundai y Volkswagen6 se ponen las botas.
Ecos del pasado
Queda, además, la posibilidad de que esta guerra impredecible acabe muy, muy mal. Los sistemas políticos tienden a un equilibrio con menos violencia, porque en el mundo actual la guerra es invariablemente un desastre sin ganadores. Pero hay escenarios en los que todos los actores tienen incentivos para no echarse atrás camino del desastre. No es imposible que, como hemos visto otras veces, una crisis menor en una situación volátil acaba precipitando un desastre mucho mayor.
Algunos habréis reconocido la imagen de arriba; es un dibujo publicado en un periódico italiano de julio de 1914. Es un mundo distinto, es un universo distinto, pero la desidia, la total falta de preparación, la impulsividad de Trump recuerdan mucho a la de un Guillermo II que nunca entendió la responsabilidad que tenía entre manos.
Los líderes de potencias mundiales no suelen jugar a los dados con destinos de naciones enteras, porque saben que las consecuencias de sus errores son mucho más que nefastas. Trump es un ludópata jugando con dinero prestado sin la más mínima idea sobre las consecuencias de sus actos.
Quizás salga bien. Pero la estrategia racional es no jugar.
Cosa que sí consiguen las sanciones económicas y los bloqueos navales, por cierto.
Y a diferencia de Venezuela, esas élites han asesinado a decenas de miles de manifestantes hace nada, y seguro temen ser hechos filetes en el momento en que dejen el poder.
La única posible excepción quizás sea Libia, aunque de forma indirecta. La dichosa investigación sobre los emails de Hillary Clinton tiene su origen en un ataque de milicianos al consulado de Bengasi en el que murieron dos diplomáticos americanos.
Irán realmente tiene armas de destrucción masiva y está intentando obtener armas nucleares, así que en este caso la racionalidad de la guerra del 2003 sí que es válida. Ironías de la vida.
No tengo dudas de que Hillary Clinton perdió las primarias del 2008 por culpa de su voto sobre Irak, de hecho. Así que la mujer palmó dos veces por culpa de la política exterior.
Tesla, si se molestara en vender un coche diseñado hace menos de cinco años y no estuviera dirigida por una nazi, podría competir también.



