¿Puede Trump prohibir unas elecciones?
Y notas sobre Groenlandia y la cuarta enmienda
Esta es la clase de pregunta que siempre me hacen en voz baja. Hablo con un periodista, un conocido, o alguien que sabe que estoy metido en política. Ahora que no nos escucha nadie, off the record, en confianza, ¿es posible que las elecciones legislativas del 2026 en noviembre, estas en la que todo el mundo anda cruzando los dedos de que los demócratas recuperen el control del congreso, acaben siendo canceladas por el presidente?
Os doy la respuesta rápida y en pocas palabras: no. El presidente de los Estados Unidos no puede impedir que se celebren unas elecciones.
Explicar por qué este es el caso es un poquito más complicado, sin embargo... y el hecho que se vayan a celebrar elecciones no quiere decir que estas sean necesariamente justas en todo el país. Veamos.
Federalismo electoral
En Estados Unidos, el gobierno federal no tiene ningún papel en la administración directa de los procesos electorales. Cada estado decide, de forma completamente autónoma, cómo celebran elecciones, cuentan votos, y escogen quiénes les van a representar en el congreso. El martes después del primer lunes de noviembre, en cada año par (la fecha fue establecida por ley en 1845) tienen que votar1; el resto es cosa suya.
Esto quiere decir que absolutamente toda la burocracia que lleva las elecciones está fuera del alcance del presidente. Cada estado, además, decide por separado cómo organiza la suya, así que la variedad, tras 250 años de legislación, es casi infinita. Hay lugares donde la administración electoral está en manos municipales, bajo la dirección de dos cargos electos, uno de cada partido, supervisados por una agencia estatal2. Otros estados dan este poder a los condados, a veces en manos de funcionarios de carrera, a veces en manos de cargos electos. En otros sitios hay una burocracia estatal separada dirigida por un cargo electo, o por alguien nombrado por el gobernador, o por una combinación medio enloquecida de todos estos modelos.
Los estados, en general, escogen a sus representantes más o menos de la misma manera, por mayoría simple en circunscripciones uninominales. Pero hay algunos lugares en los que si alguien no saca una mayoría se celebra una segunda vuelta. También hay algunos estados donde hay voto preferencial, y en otros donde un candidato puede presentarse bajo múltiples partidos políticos3. Cada estado tiene las primarias cuando le place, y la estructura de estas varía considerablemente, tanto en quién puede participar (sólo miembros del partido o cualquier votante) como si escogen a los candidatos de los partidos o funcionan como una primera ronda para las generales.
El presidente, por muy fuerte que chille, no puede dar órdenes a ninguna de estas agencias. Para el registrador de votantes de Barkhamsted, Connecticut (un sitio precioso) una orden ejecutiva de la Casa Blanca no es vinculante; la ley electoral que aplica es la que viene de Hartford, y su sueldo lo pagan las arcas municipales, no el gobierno federal. Connecticut en noviembre escoge al gobernador, legisladores estatales, fiscal general, y un montón de cargos municipales al azar. El noviembre el buen hombre va a celebrar sus elecciones, porque ese es su trabajo y lo que le manda la ley. Y eso se repetirá en todo el país, con los miles de cargos electos y funcionarios que organizan las elecciones cada dos años.
Así que Trump no puede “nacionalizar” el proceso electoral, porque no hay “un” proceso electoral, sino cientos. No puede dar un pucherazo manipulando los resultados que llegan al ministerio del interior, porque no hay un ministerio del interior que recoja resultado alguno, ni fundir los ordenadores, ni robar las actas, ni decir que no se vota y ya, porque nadie, en toda esta infraestructura electoral, depende de él.
Por añadido, en el peor de los casos, incluso si quisiera tomar el control de toda esta burocracia por las malas, no tiene capacidad física para hacerlo.
Hay algo que suele olvidarse al hablar de política americana, tanto dentro como fuera de Estados Unidos: el gobierno federal es muy pequeño. En total, hay algo más de dos millones de empleados federales civiles y 1,3 millones de militares4. Los estados y gobiernos locales, mientras tanto, suman unos veinte millones. Este es un país muy, muy, muy descentralizado, y hay muchas cosas que la Casa Blanca no puede hacer simplemente porque no tiene suficiente personal.

Es posible, porque esta gente no es demasiado sutil, que la Casa Blanca intente desplegar a ICE o guardia nacional en ciudades que les caen mal para intimidar votantes, “vigilar” el “fraude” en sitios competitivos y otras malas artes, pero este país es enorme. ICE tiene todas sus huestes desplegadas en Minnesota, y no pueden controlar la decimosexta área metropolitana del país en población. En un país tan grande, cualquier maniobra parecida sería una gota en el océano5.
Malas artes
Eso no quita, sin embargo, que las elecciones americanas sean completamente inmunes a una “intervención” presidencial. Pero para que eso suceda, las autoridades estatales deben estar dispuestas a hacer lo que les diga el presidente.
Tenemos, por supuesto, el gerrymandering, algo de lo que he hablado a menudo. También hay la enorme, casi infinita lista de manipulaciones marrulleras, leyes excluyentes y represión que hemos visto en amplias regiones del país para evitar que votara la población negra, creando regímenes autoritarios de facto en todo el sur del país6.
La constitución otorga al congreso en su condición de legislador la potestad de establecer una serie de estándares y regulaciones según crea conveniente. Las enmiendas posteriores a la guerra civil, en teoría, les daban la autoridad implícita de garantizar ciertas condiciones mínimas para que las elecciones sean democráticas. Durante casi un siglo, el congreso básicamente renunció por completo a hacerlo; no fue hasta los años sesenta que finalmente podemos hablar de elecciones libres reales en todo el país.
¿Echabais de menos al Supremo, verdad? Porque lo que ha sucedido durante la última década es que el Supremo ha decidido que amplias secciones de la Voting Rights Act de 1965 son inconstitucionales y exceden los poderes legislativos del congreso. Sus argumentos legales son (para variar) excusas para disfrazar preferencias partidistas, pero a efectos prácticos significa que muchas de las tácticas utilizadas pre-1965 para hacer que las elecciones legislativas en gran parte del país dejaran de ser competitivas vuelven a estar disponibles - especialmente en lo que respecta al gerrymandering.
La Casa Blanca no puede hacer nada para bloquear las elecciones legislativas en todo el país. Pero los legisladores estatales pueden cambiar las normas en sus estados para que el partido minoritario en su estado nunca pueda volver a ganarlas.
Por supuesto, este es un juego en el que los dos partidos pueden participar. Por cada gerrymandering republicano hay otro demócrata; lo que el supremo ha acabado haciendo es crear una especie de abolición competitiva de elecciones disputadas en los estados en los que un partido tiene mayorías claras, y un número decreciente de distritos competitivos.
La interpretación conservadora-reaccionaria de la constitución es absurda, y genera resultados irracionales. Ninguna novedad.
Así que tendremos elecciones. Serán, como siempre en Estados Unidos, una chapuza anárquica en la que gente aleatoria en un puñado de estados bisagra acaban por decidir el futuro de la humanidad, aderezada por miles de abogados. Esperemos que lo hagan mejor esta vez.
Bolas extra
Groenlandia
He visto demasiados titulares tras el discurso y “negociación” con Trump en Davos celebrando que la crisis está solucionada y Estados Unidos renuncia a la intervención militar. Ruego a los optimistas que lean este fragmento de sus discurso:
“We never asked for anything and we never got anything. We probably won't get anything unless I decide to use excessive strength and force where we would be frankly unstoppable. But I won't do that. Okay, now everyone's saying, ‘Oh, good.’ That's probably the biggest statement I made because people thought I would use force. I don't have to use force. I don't want to use force. I won't use force. All the United States is asking for is a place called Greenland where we already had it as a trustee, but respectfully returned it back to Denmark not long ago after we defeated the Germans, the Japanese, the Italians, and others in World War II.”
“Probablemente no conseguiremos nada a no ser que decida usar nuestra fortaleza y fuerzas donde seríamos imparables”. Que sí, que estamos negociando y que no voy a invadir nada, pero que si quiero conseguir algo, os puedo pegar una paliza. La parte operativa de esa frase, y de todo lo que ha dicho Trump después, es ese “unless” (a no ser que). Es el “pero” que invalida la primera cláusula.
Trump estaba negociando con Maduro en diciembre. La cosa fue la mar de bien para el líder venezolano. Trump estaba hablando con Irán antes de bombardear su programa nuclear, y se ha desdicho de múltiples acuerdos arancelarios porque alguien le ha criticado en voz alta.
Quizás haya entendido que Groenlandia es un imposible y el coste es demasiado alto, o Rutte le ha dado un caramelo que lo ha tranquilizado. O quizás esté mintiendo otra vez. Confiemos que sea lo primero, pero que no nos sorprenda si vuelve a ser lo segundo.
La cuarta enmienda
La cuarta enmienda de la constitución americana reza que “el derecho de los habitantes de que sus personas, domicilios, papeles y efectos se hallen a salvo de pesquisas y aprehensiones arbitrarias, será inviolable, y no se expedirán al efecto órdenes que no se apoyen en un motivo verosímil, estén corroborados mediante juramento o protesta y describan con particularidad el lugar que deba ser registrado y las personas o cosas que han de ser detenidas o embargadas.”
En lenguaje llano, el domicilio es inviolable sin orden judicial.
Ayer AP publicaba un manual confidencial de ICE que dice que los agentes de inmigración pueden entrar en un domicilio sin orden de un juez; sólo necesitan una orden administrativa, contradiciendo la constitución y dos siglos largos de jurisprudencia del supremo.
El discurso de Carney
Sí, es tan bueno como dicen. Os recomiendo que leáis el excelente repaso de James Fallows (que escribió discursos para Jimmy Carter, y es un escritor magnífico) del texto, forma, y contenido.
Protegiendo la fed
El Supremo ha dejado que Trump juegue a los bolos con todas las agencias federales independientes, pero con la Reserva Federal parece que le van a decir que no.
Incluso eso es variable. Hay estados que tienen segundas vueltas, y casi todo el mundo tiene voto anticipado.
Este es el caso de Connecticut, que acaba teniendo 169 mini-burocracias electorales con 338 cargos electos al mando. Funciona inexplicablemente bien.
Nueva York y Connecticut.
Y si apuras, 600.000 empleados de correos.
La excepción es si usara el ejército. Pero si Trump está usando el ejército así en noviembre y estos le obedecen, la democracia ha dejado de existir y estaríamos hablando de guerra civil. Todo este artículo sería irrelevante.
Mucha más información sobre ello en cierto libro que he escrito. Si, voy a enlazarlo en todos los boletines hasta que publique el siguiente.




