La guerra y el absurdo
Viñetas de una administración decadente
Delirios
El domingo por la mañana, el presidente de los Estados Unidos decía lo siguiente en Truth Social, su red social personal / empresa de criptomonedas / compañía intentando desarrollar fusión nuclear1:
Creo que esto merece una traducción palabra por palabra, porque no, no os habéis vuelto locos, y sí, es real:
“El martes será el día de las centrales eléctricas, y el día de los puentes, todo junto en uno, en Irán. ¡¡¡Nunca ha habrá nada igual!!! Abrid el puto2 estrecho, locos bastardos, o vais a estar viviendo en el Infierno. ¡Sólo mirad! Alabado sea Alá. Presidente DONALD J. TRUMP.”
Imaginad, por un momento, a un presidente del gobierno español diciendo algo remotamente parecido en voz alta o por escrito respecto Cataluña, el País Vasco, Marruecos o Poldavia, nuestro enemigo imaginario mortal. Sus compañeros de partido, dos minutos después de comprobar que alguien no le había robado la cuenta en redes sociales, estarían poniéndole una camisa de fuerza, metiéndole en una furgoneta, y metiéndole en el centro de reeducación, reciclaje y regocijo obligatorio más cercano en una habitación con paredes acolchadas mientra fingen no haberle conocido nunca. Trump es presidente de los Estados Unidos.
Todo, absolutamente todo, en este mensaje es horripilante. Bombardear aposta infraestructura civil para hacer que la vida en un país sea un infierno es un crimen de guerra. Usar lenguaje grosero en una comunicación así es indecente, incluyendo improperios dirigidos a otro país. Exigir la apertura del estrecho de Ormuz bajo amenaza de cometer atrocidades nunca vistas es vomitivo. Y redondear todo ello con una gracieta blasfema tomando el nombre de Dios de otra religión como burla no hace más que rematarlo del todo.
Esto no es que sea “malo” desde un punto de vista moral, o estratégico, o político. Es de un señor que no parece estar bien. Sus posts en Truth Social son a menudo un vertedero de idioteces y memes ultras, pero estamos hablando de una guerra que va camino de provocar una crisis espantosa en todo el planeta. Y este hombre se la está tomando de esta manera.
Como de costumbre, es la mar de posible que se eche de nuevo atrás en sus amenazas. Al fin y al cabo, Trump lanzó un ultimátum similar el 22 de marzo, lo “extendió” pocos días después, y alargó el plazo cuando se acercó la fecha límite de nuevo. A su vez, las negociaciones para reabrir el estrecho de forma “inminente” se han sucedido las tres últimas semanas, siempre seguidas por Irán riéndose en la cara de Washington. Y Ormuz ha sido críticamente importante y completamente irrelevante casi en días alternos durante este periodo, con los responsables de garantizar su seguridad oscilando entre nadie porque se abrirá de natural, China, Europa, Estados Unidos, y los vecinos de Irán a un ritmo similar.
Lo único que sabemos a ciencia cierta en esta guerra es que alguien filtra a Axios o a un medio pagafantas similar3 cada noche sobre las diez que “están casi a punto de empezar negociaciones” justo antes de que abran los mercados en Asia, que llevamos más de un mes de hostilidades, y que nada parece estar cambiando aparte del precio del crudo y gas natural, subiendo poco a poco pero sin descanso.
Un cálculo sencillo
El cálculo de Irán ahora es muy sencillo: si quieren reestablecer su capacidad de disuasión, tienen que reimponer el precedente de que atacar a Irán es la clase de error estratégico que destruye partidos políticos y presidencias. Es lo que hicieron en 1980 con Jimmy Carter. Con las legislativas en noviembre, es lo que van a intentar recordarle a Trump y al partido republicano hasta que duela. Es una lástima que el resto del mundo vaya a sufrir también las consecuencias, pero qué más da.
Como no me canso de repetir, este es un régimen que mató hace un par de meses a decenas de miles de sus propios ciudadanos para mantenerse en el poder. Que alguien les amenace con matar su población civil les importa un pimiento; ellos son unos entusiastas en esa clase de actividades. Creo que nadie en la Casa Blanca parece captar este mensaje.
Despidos
La semana pasada Trump despidió a su segundo miembro de su gabinete, la fiscal general Pam Bondi. Según dicen los mentideros de Washington, las dos quejas principales de Trump eran la chapucera forma de llevar los documentos del caso Epstein (que, con lo de Irán, esta vez sí que están olvidados) y los repetidos fracasos de la fiscalía en la cruzada trumpiana de vengarse de sus enemigos políticos.
Sobre Epstein, estamos ante un caso de la revolución devorando a sus hijos, o más concretamente, de los conspiranoicos de la derecha más cavernícola creyéndose todas las bobadas de Trump sobre su voluntad de esclarecer la verdad del caso. Que Trump había sido amigo era conocido, pero los influencers MAGA habían conseguido o bien olvidar este detalle, o bien crear una elaborada metateoría en la que Trump era el héroe de la saga.
Obviamente, todo esto le estalló en la cara a Bondi, que dijo burradas sin cesar empeorando la polémica camino de la publicación de los archivos. Pero la culpa es de Trump.
Sobre venganzas y ataques a los enemigos del régimen, Bondi se ha topado con dos problemas paralelos. Los agravios de Trump y los “crímenes” que dice ver son fantasías salidas de los cenagales de Twitter, y por mucho que se empeñen los fiscales, es casi imposible convencer a jueces o jurados que el fraude hipotecario (imaginario) o decir que los militares deben seguir la ley son motivo de cárcel.
A su vez, el hecho de que la fiscal general esté pidiendo a abogados de carrera que dediquen su tiempo a cosas como defender deportaciones masivas y campos de concentración, investigar delitos imaginarios, vulneraciones sistemáticas de la constitución o bloquear la rendición de cuentas cuando la migra mata gente protestando a sangre fría han provocado un éxodo masivo del departamento. Los salarios públicos en Estados Unidos no son especialmente altos; la gente que entra en el departamento de justicia lo hace más por el prestigio y nivel de exigencia del puesto4 que para ganar dinero. Si sus jefes les piden que hagan burradas, saben que con su experiencia pueden encontrar trabajo y ganar mucho más dinero en el sector privado.
Bondi se ha encontrado que en muchos casos tenía que asignar a gente nombrada deprisa y corriendo a algunos caso que no tenía ni idea de lo que estaba haciendo, causando toda clase de situaciones ridículas para vergüenza de todos los presentes.
Así que la lista de enemigos de Trump está librándose de sufrir el peso de la ley porque la fiscalía no tiene a nadie competente persiguiendo o inventando delitos.
También ha demolido el departamento de justicia casi por completo en el proceso, pero oye, para qué contar.
Deportaciones
Stephen Miller es el asesor más importante de Trump, y está obsesionado con deportar a inmigrantes, sean legales o ilegales. Su definición de “inmigrante” incluye a muchos ciudadanos; Miller es racista y está orgulloso de serlo. Aunque tanto Kristi Noem como Pam Bondi han perdido su puesto por culpa de su extremismo, Miller sigue trabajando de forma incansable para deportar a millones de personas.
Una historia al azar. Godfrey Wade llegó a Estados Unidos desde Jamaica en 1975, entrando como inmigrante legal cuando era aún menor de edad. Se alistó al ejército, sirvió varios años en base por todo el mundo. Tiene seis hijos y varios nietos.
En septiembre del año pasado, la policía le paró por no poner el intermitente; se dieron cuenta que estaba conduciendo sin carnet y le detuvieron. ICE lo vio en el sistema; resulta que en 2007 había intentado pagar con un cheque sin fondos, y en el 2006 había sido acusado de agresión (sin violencia). Según la migra, Wade no se presentó en una audiencia sobre el caso el 2014 (enviaron la citación a una dirección errónea), y eso es motivo para deportarlo. Tras seis meses detenido, lo enviaron a Jamaica la semana pasada, 50 años después de dejar el país. Los abogados de Wade habían presentado un recurso contra la orden de expulsión, que ICE, como de costumbre, ha ignorado por completo.
Cada día hay historias así. Una tras otra. Sin parar. A esta administración no le importa la inmigración legal o ilegal. Sólo quieren echar a gente.
Presupuestos
Mientras tanto, el departamento de seguridad nacional (DHS) sigue sin fondos, porque los republicanos en la cámara de representantes y el senado no logran ponerse de acuerdo, y Donald Trump sigue pasando de todo. La cámara baja ni siquiera está en Washington, están en su receso de semana santa, sin sesiones. El presidente dice que empezará a pagar los salarios sin pedir permiso al Congreso. Lo hizo con TSA (seguridad en aeropuertos) sin sufrir consecuencia alguna, porque hay tantos escándalos a la vez que no hay ya dónde mirar.
Otra crisis constitucional más:
Teleportación
La administración Trump genera, por su propia naturaleza, una irrealidad casi enfermiza sobre el sistema político americano.
Pongamos, por ejemplo, la historia de Gregg Phillips, el director de la oficina de respuesta a emergencias y desastres naturales de FEMA (Federal Emergency Management Agency, la agencia federal de gestión de emergencias). Este buen hombre contaba en un podcast hace unos días una historia que repite a menudo, sobre el día que estaba conduciendo tranquilamente y fue teleportado, despertándose en una cuneta al lado de una Iglesia a 65 kilómetros de distancia. No fue la única vez que le pasó algo parecido; en otra ocasión su persona fue transportada por medios inexplicables y sobrenaturales a 80 kilómetros de distancia, amaneciendo en una restaurante de comida rápida especializado en waffles.

Esto en un mundo normal se le llama “conducir borracho perdido”, pero Phillips insiste (en múltiples entrevistas) que es fruto de intervención divina, que la Biblia está llena de historias parecidas, y que es una experiencia confusa y nada divertida.
Phillips, aparte de no tener experiencia alguna en desastres o emergencias, es una conspiranoico sobre resultados electorales, tiene múltiples escándalos de corrupción a sus espaldas y nunca debería haber llegado a este cargo, y por supuesto, nunca va a dimitir por esto de decir bobadas.
Lo único bueno de esta saga es que al menos un editor del NYT tuvo a bien de enviar un corresponsal a “investigar” el suceso de la forma más seria posible, generando un artículo divertidísimo en el proceso. Quizás lo de la influencia latina se esté notando y toda esta historia sea un homenaje al gran Bartolín.
No, no es coña. Truth Social se acaba de fusionar con una empresa del sector. No, no preguntéis por qué.
“Fuckin’” quiere decir literalmente “jodido”, pero creo que el énfasis equivale más a “puto” en este caso.
Axios hace buen periodismo a veces, pero sus editores tienen una propensidad a tragarse cualquier filtración que les pasan más que cargante.
Y entrar en DOJ era difícil. El departamento tenía fama de ser competente por algo.






No que importe mucho, pero ya que estamos viendo si una palabrota traduce por otra… Ormuz no lleva hache en español 😉
No consigo entender nada de USA ahora, la verdad.
¿Nadie le va a preguntar al hombre este o a su portavoz en una de las tropecientas ruedas de prensa por ese post? ¿Si el resto del gobierno considera aceptable esa manera de comunicarse?
Eso sin entrar en el fondo, solo hablo de las formas...
Estamos aviados.