La corte y la ciudad
Una administración de mentiras y realidades paralelas
Una velada de cine
El sábado por la noche, un grupo de líderes económicos, políticos, y culturales de todo todo el mundo acudieron a la Casa Blanca para una reunión especial. La lista de invitados incluía Eric Yuan, CEO de Zoom, Tim Cook, CEO de Apple, Lynn Martin, CEO de la bolsa de Nueva York, Lisa Su, CEO de AMD, Andy Jassy, CEO de Amazon, la reina Rania de Jordania, Azzi Agnelli, heredera de la fortuna de Fiat, Tony Robbins, gurú de las finanzas, Mike Tyson, señor que pegaba puñetazos.
El objeto de esta velada era ver una película. Más concretamente, un documental, dirigido por Brett Ratner, cuya filmografía incluye películas como “Hora Punta”, “Hora Punta 2”, “Hora Punta 3” y “Hércules”. Os dejo aquí el mensaje de la protagonista del film, agradeciendo el honor de presentarlo en la Casa Blanca:
Hablamos de “Melania, la Película”, un documental que cubre los días previos a la segunda toma de posesión de Donald J. Trump, siguiendo el día a día de su esposa, Melania Trump, y todos los preparativos para las fiestas y ceremonias asociadas. Amazon pagó 40 millones de dólares a la primera dama para hacerse con los derechos de esta increíble historia1, e invertido más de 35 millones en publicidad.
Los asistentes, tras una cena de gala, fueron los primeros en ver esta obra de Brett Ratner, un genio polémico, un visionario, un cineasta de prestigio. Desafortunadamente no pudieron mostrar la película en la sala de cine de la Casa Blanca, que fue demolida para dar paso al nuevo salón de galas y banquetes presidenciales en el ala este, pero estoy seguro que fue una velada maravillosa para todos los presentes.
El productor del film, Marc Beckham, que también se está encargando de una serie documental sobre la primera dama, dice que no es una “obra política” y que los espectadores podrán descubrir el estilo, la preparación, e incluso el sentido del humor del presidente Trump. El estreno oficial será el jueves, en el Trump-Kennedy Center, y llegará a los cines el viernes 30 de enero.
Quizás esta no fuera la noticia más importante acaecida este sábado en Estados Unidos, pero esto es lo que estaba haciendo Trump ese día.
La ciudad y la muerte
El sábado por la mañana Alex Jeffrey Pretti, un enfermero de la unidad de cuidados intensivos en un hospital del departamento de veteranos del gobierno federal, estaba filmando con su teléfono a varios agentes de la guardia fronteriza en Nicollet Avenue en Minneapolis. Durante las últimas semanas, los activistas se han organizado para seguir a los agentes federales que están ocupando la ciudad aterrorizando inmigrantes y ciudadanos de forma indiscriminada, grabando todo lo que hacen. Es una forma perfectamente legal2 de condicionar y fiscalizar la conducta de estos grupos, por mucho que los agentes lo odien.
Varios milicos de la guardia fronteriza se pusieron a apartar a otros observadores que estaban en la escena. Pretti se acercó a ayudar a una mujer que había sido derribada por un agente; este le roció con gas pimienta. Una turba de milicos le rodeó, le tiraron al suelo, y se pusieron a golpearle, uno de ellos usando un objeto metálico. Fue entonces cuando un agente se dio cuenta que Pretti llevaba una pistola, se la quitó y apartó. Uno de sus compañeros apuntó al enfermero con su arma reglamentaria cuando estaba caído en el suelo, sujetado por media docena de agentes, y le disparó varios tiros a bocajarro. Y siguió disparando, junto a otro miliciano, cuando yacía inmóvil en el asfalto.
Pretti murió allí, en la misma calle. Tenía 37 años.
Los hechos descritos arriba son incontestables. Hay múltiples videos de toda la escena, filmados desde varios ángulos. Análisis independientes, sin excepción, corroboran que eso es lo que sucedió en Nicollet Avenue. Podéis ver las imágenes vosotros mismos.
La primera palabra que me vino a la mente cuando vi la escena fue ejecución. En Nicollet Avenue no había una protesta violenta. Los agentes no estaban siendo intimidados, provocados, o perseguidos. Pretti hace algo que irrita a los agentes (filmarlos), intenta ayudar a otra persona y recibe una brutal paliza. Un agente se levanta, desenfunda su pistola, y le pega un tiro por la espalda. Pretti se desploma, y siguen disparando.
La explicación más caritativa que se me ocurre ante lo sucedido es que cuando se dan cuenta que está armado, el milico que le retira el arma dice “gun, gun, gun” (pistola), eso asusta a su compañero, que decide que la mejor respuesta es coser a balazos al tipo que tienen maniatado y aturdido después de haberle rociado con gases lacrimógenos en la cara. Incluso si ese fuera el caso, es un homicidio completamente injustificado: hablamos de pegarle diez balazos a alguien que tienes inmovilizado sin motivo aparente, y seguir disparando cuando está en el suelo, medio muerto.
El relato oficial
Os voy a dejar aquí la descripción de los hechos del departamento de seguridad nacional en un comunicado publicado poco después del suceso:
Según DHS, los agentes estaban intentando detener un peligroso inmigrante ilegal cuando un individuo se les acercó armado con la pistola de 9 mm de la fotografía. Los agentes intentaron desarmar al sospechoso, pero este se resistió. Ante el riesgo inminente para sus vidas, un agente realizó disparos defensivos.
Esta es la historia oficial. Miembros del gabinete de Trump, la guardia fronteriza, vicepresidente y presidente la han repetido, embelleciéndola según pasaban las horas. Stephen Miller se ha pasado todo el fin de semana insultando a todo aquel que criticara a los agentes, acusando a Pretti de ser un “terrorista doméstico”. El presidente culpó de la muerte al gobernador de Minnesota y al alcalde de la ciudad, por incitar a la violencia.
El domingo, en una entrevista delirante, Greg Bovino, el comandante de la policía fronteriza aficionado a vestir como un nazi, insistía que Pretti había atacado a los agentes y se disponía a provocar una matanza, se refirió a él como “sospechoso” repetidamente, y repitió que la víctimas del incidente eran los heroicos guardias fronterizos.
La Casa Blanca, por añadido, ha denunciado que Pretti iba armado, acusándolo de ser un violento irresponsable sediento de sangre o algo peor. Poco importa que llevar una pistola es perfectamente legal, y que tenía un permiso de armas en regla. Varios grupos pro-segunda enmienda, normalmente aliados con el presidente, estaban indignados ante la insinuación de que llevar una pistola sirva de justificación para la actuación de los agentes.
A las críticas se han sumado esta vez un número considerable de legisladores republicanos. No es sólo las imágenes, la muerte absurda, injustificada de un inocente. Muchos están hartos de las mentiras, obvias, descaradas, de una administración que parece estar obsesionada en tratar a Minneapolis como un territorio que deben pacificar y purgar a sangre y fuego. Tampoco ayuda, estoy seguro, sondeos como este:

Sé de sobras que internet no es el mundo real, y que el plural de anécdota no son datos. Este fin de semana he visto a mucha gente que conozco que pasa completamente de la política absolutamente indignados tanto con la muerte de Pretti, como con la respuesta de la Casa Blanca. Youtubers que nunca se meten en política estaban hablando sobre ICE, y comunidades en Reddit donde nunca ves nada así tenían hilos de gente indignada. La muerte de Renee Good provocó la oleada de rechazo que vemos en la encuesta. Este homicidio, aún más brutal, aún más descarado, y con una reacción todavía más absurda y despiadada de las autoridades, creo que tendrá un impacto aún mayor.
Y es difícil ser más cruel. El agente del FBI que tenía que investigar la muerte de Good dimitió porque sus superiores querían que indagara sobre las “conexiones” terroristas de la fallecida y las de su pareja.
De momento, las autoridades federales están intentando bloquear cualquier investigación estatal o local sobre la muerte de Pretti. El fiscal general de Minnesota ha pedido a un juez que prohíba al gobierno federal destruir pruebas, algo sencillamente extraordinario. Más aún ha sido que el juez les ha dado la razón.
¿Qué sucederá ahora?
No lo sé, la verdad.
Si la administración Trump fuera remotamente normal, a estas alturas se habrían dado cuenta que la ocupación paramilitar de Minneapolis está siendo una catástrofe política sin paliativos. Lejos de ceder, la resistencia local a ICE está aumentando. El viernes hubo algo parecido a una huelga general3 en la ciudad, con una manifestación gigante por la tarde; cada día miles de voluntarios siguen a las patrullas federales, traen comida a familias inmigrantes ocultas y hacen la vida imposible a los milicos que se encuentran. Los sondeos a nivel nacional eran catastróficos antes de esta segunda muerte, y las mentiras grotescas y descaradas sobre Good destruyeron cualquier credibilidad que les quedaba.
Incluso los demócratas se han despertado, imaginad. La minoría en el senado ha anunciado que van a bloquear la ley de presupuestos para el departamento de seguridad nacional e ICE.
Lo lógico es que alguien pidiera perdón, aunque fuera bajito, y ICE empezara a retirarse de Minneapolis, largándose a otra ciudad discretamente. Que en vez de redadas histéricas y milicos actuando como un ejército de ocupación hicieran una o dos operaciones contra blancos obvios e impopulares, como algún señor de la droga o algo parecido.
Pero esta Casa Blanca no es lógica, y no sé si entienden que tienen que buscar una salida. Stephen Miller lleva soñando desde hace meses (años, de hecho) invocar la Insurrection Act (ley de insurrecciones) para poder movilizar tropas regulares y ocupar ciudades “desleales”. Su fantasía, se supone, es que eso o bien disciplinaría a los progres irredentos, o bien provocaría un conflicto de alguna clase en la que saldrían políticamente victoriosos. La Insurrection Act, sin embargo, no es una “ley marcial”; los soldados deben cumplir las leyes existentes, y no les da ningún poder o autoridad adicional en teoría. Si les piden ir más allá, es difícil saber si estas obedecerán órdenes, y más ante un conflicto ficticio (porque las protestas han sido pacíficas, sin excepción) y una administración cada vez más impopular.
El temor ahora no es que sean autoritarios, porque está claro que lo son. El temor es que se hayan creído sus propias mentiras lo suficiente como para intentar seguir en esa dirección, y las consecuencias si ese fuera el caso.
Bola extra:
En la Casa Blanca, como he dicho alguna vez, sólo se ve Fox News, se lee Twitter, y se siguen a influencers ultras. Y Fox News, durante este fin de semana, han estado aplaudiendo a la administración y siguiendo la línea oficial como si fuera una verdad revelada.
Insisto: uno de los mayores peligros de las redes sociales no es que tu cuñado, siempre un poco exaltado, se vuelva algo más facha. El peligro es que las élites dirigentes de un país con armas nucleares sufran ese mismo proceso de radicalización, y siga empeorando cuando están en el gobierno.
Es el documental más caro de la historia. O quizás un soborno directo de Jeff Bezos a Trump. A veces estas cosas se confunden.
En Estados Unidos es legal filmar y fotografiar policías y agentes del orden, como en cualquier democracia avanzada.
No le podían llamar huelga por una serie de motivos extraños que no vienen al caso.








Queda fuera de toda duda que Estados Unidos es ya, un país fascista, apoyado en tropas federales paramilitares. Veremos que pasa en las Midterms pero igual tenemos otro JAN 6 en ciernes.
Excelente artículo Roger, como siempre.