Es vuestro problema
Los costes de la guerra, según Donald J. Trump
A Trump hay que escucharle hablar.
Sé que no me canso de repetirlo, pero este es un presidente que no puedes seguir por la prensa, viendo resúmenes de sus declaraciones o leyendo artículos periodísticos sobre sus palabras. Donald Trump es una político que dice lo que piensa, pero que no piensa mucho. Sus intervenciones a menudo (cada vez más a menudo) son diatribas incoherentes en las que que su mente deambula de una idea a otra, llegando a conclusiones o descubriendo su propia genialidad en voz alta casi al azar.
Compadezco, hasta cierto punto, a los periodistas. Su profesión, su trabajo, su vida consiste en traducir la complejidad en algo entendible; entrevistar a políticos y líderes que hablan sobre temas complicados y convertir su palabras en una narrativa coherente. Trump no es ni complejo ni coherente, pero los reporteros se sienten obligados, casi por deformación profesional, a encontrar algo lógico y razonable, algo explicable en las palabras del presidente.
Así que, si tenéis 19 minutos libres os sugiero que veáis el discurso de Donald Trump ayer en la Casa Blanca sobre la guerra de Irán. No hace falta que sepáis inglés.
Lo de no entender el idioma lo digo en serio. Primero, porque incluso sin entender lo que dice, es inmediatamente aparente que este es un discurso chapucero e incoherente. Trump divaga, se pierde, añade improvisaciones extrañas, se detiene a media frase porque parece haberse perdido en el prompter, refunfuña, sonríe al azar; como “interpretación”, como teatro de hablar a cámara, es un absoluto horror.
Segundo, y más relevante, es que incluso si hablas inglés perfectamente, es básicamente imposible saber qué demonios está diciendo. Porque Trump no tiene un plan.
El “argumento” de Trump
Utilizar la palabra “argumento” ante esta sopa de letras disfrazada de tuits pegados al azar leídos en directo ante las cámaras es increíblemente generoso, pero en un heroico ejercicio de atribuir coherencia a una serie de gañidos pronunciados ante un micrófono en horario de máxima audiencia, esto es lo que podemos atribuir a Trump hoy.
Irán es un régimen malvado que lleva décadas cometiendo atentados y matando americanos.
Irán nunca puede obtener armas atómicas, porque de hacerlo, podría seguir haciendo eso con total impunidad.
Estados Unidos, en un ejercicio de generosidad infinita, ha decidido atacar a Irán y eliminar esta amenaza. Estados Unidos tiene petróleo y ahora que domina Venezuela tiene aún más petróleo, así que no necesita nada de Oriente Medio. Hacen esto por bondad.
Tras cuatro semanas de guerra, Estados Unidos ha destruido todo lo destruible en Irán, o casi. Ya han ganado la guerra. En Irán ha habido un cambio de régimen. Es una victoria absoluta.
Van a seguir bombardeando. Dos semanas. Quizás más. Porque hay que acabar lo empezado. Una guerra. Que ya han ganado.
Tras eso, el estrecho de Ormuz se abrirá sólo, porque Irán está totalmente derrotado. Aunque quizás no pasen barcos.
Los países que quieran que sus barcos crucen el estrecho deberán ocuparse ellos sólos de asegurar que pueden hacerlo. Como Estados Unidos ya ha derrotado a Irán, porque Estados Unidos ha tenido la mayor victoria militar jamás vista, casi aún mayor que la de Venezuela, será fácil hacerlo.
Eso, que si que queréis abrir el estrecho lo hacéis vosotros. Porque Estados Unidos tiene petróleo y vosotros no. Nosotros no necesitamos Ormuz. Pringados que sois.
Pero Estados Unidos seguirá bombardeando al menos dos semanas, y si Irán no les hace caso y reabre el estrecho, bombardearán sus centrales eléctricas. Así, de pasada.
Pero oye, que hemos ganado. Amamos y protegemos a nuestros aliados en la región. Que ahora podrán reabrir el estrecho muy fácilmente. Porque Irán está débil.
Y si sube el precio de la gasolina un poco es porque hemos eliminado la amenaza iraní para siempre y eso lo justifica todo.
Y oye, la guerra de Vietnam duró 19 años. Aquí hemos ganado en cuatro semanas. Somos los mejores.
Buenas noches, y aquí os quedáis.
Esto quizás parezca una exageración, pero os prometo que no lo es en absoluto. El orden de las ideas quizás ha sido un poco distinto porque a partir del sexto o séptimo minuto del discurso mi cerebro empezó a adquirir la consistencia de una natilla caducada y dejé de tomar notas.
Consecuencias, dentro y fuera
Estados Unidos lleva cuatro semanas bombardeando Irán. Es una guerra que Trump lanzó de forma deliberada; han elegido meterse en ella. El conflicto ha eliminado una quinta parte del suministro de combustibles fósiles del planeta, un porcentaje similar de fertilizante, va a hacer añicos las economías de todo Oriente Medio, provocar un shock energético tremebundo en toda Asia y media Europa, posiblemente hundir varios centros financieros con consecuencias impredecibles a medio plazo y dejará al país que querían debilitar con su régimen intacto y un control férreo e indisputable de uno de los cuellos de botella más importantes de la economía global. La crisis hará que tanto Rusia como Irán puedan seguir vendiendo crudo a un precio desorbitado, ha destruido por completo cualquier credibilidad de Estados Unidos como aliado, y su presidente no tiene la más remota idea sobre cómo solucionar ninguno de estos problemas.
Cierto, la solución era “no cometer tan magna estupidez” en primer lugar, y ahora mismo Estados Unidos no tiene una salida sencilla al problema, porque han perdido la guerra. Pero lo mínimo exigible a un jefe de estado y de gobierno de una potencia nuclear metido en un embolado colosal es que al menos se digne a leer un discurso que quizás tenga ideas cuestionables, pero que al menos sea coherente. Que al menos finjan tener una idea sobre qué van a hacer.
Pero ni eso. Así que la guerra sigue, hasta que Trump se aburra, o se canse, o decida cometer una estupidez aún mayor. De las consecuencias, que se encarguen otros. Y si Ormuz sigue cerrado es culpa vuestra, por no querer ayudar.
Este, creo, es el punto crucial de todo este conflicto. Esta es una guerra que Estados Unidos ha iniciado, y que tendrá un impacto atroz en la credibilidad y liderazgo internacional del país a largo plazo. Pero el coste real de la guerra, las consecuencias económicas de esta, van a caer con mucha más fuerza fuera de Estados Unidos, en países que no tienen petróleo o que tienen como vecino a un matón que les va a cobrar peaje por exportar crudo. La guerra será un fracaso colosal para Trump, pero para el resto del mundo es un desastre sin paliativos.
Mientras tanto Irán, con toda la razón del mundo, no tiene la más mínima intención de negociar. Parte del motivo es porque Israel y Estados Unidos no hacen más que asesinar a sus ministros de exteriores, pero sobre todo porque Trump no parece capaz de entender dónde se ha metido y ellos están ganando.
Los mercados y la administración Trump
La reacción inmediata de los mercados ha sido una subida del precio del petróleo y una fuerte caída de la bolsa. Llevaban toda la semana muertos eufóricos porque creen que la guerra está a punto de terminar. Quizás estén empezando a darse cuenta que incluso cuando termine el conflicto, las consecuencias de la aventura de Trump no han hecho más que empezar.
Es muy probable, por cierto, que esta guerra represente el final efectivo de la administración Trump. La popularidad del presidente ha caído en barrena; muchos sondeos lo tienen en 33-36% de aprobación. Su partido se pegará un leñazo tremendo en las legislativas, de no mediar un milagro.
Al menos, eso tendremos.
Bolas extra:
Quiero recalcar que el discurso de Trump ha sido televisado en horario de máxima audiencia en todas las televisiones nacionales de Estados Unidos. No era una intervención menor o una rueda de prensa.
Los republicanos han acabado cediendo en su pulso sobre los presupuestos de DHS, el departamento de seguridad nacional. El congreso votará, por ahora, financiar a todo el departamento excepto inmigración (ICE y CBP), y los republicanos tendrán que recurrir a una maniobra legislativa elaborada para aprobar el resto en solitario.
La orden de Trump para limitar el voto por correo es de una inconstitucionalidad extravagante, aparte de ser imposible de implementar, ya que no hay un censo nacional en el que poder “validar” votos.
Un juez ha bloqueado la construcción del salón de banquetes que Trump está intentando construir en la Casa Blanca. Le ha dicho que si quiere uno, tiene que pedir la autorización del Congreso.
Dos pilotos del ejército decidieron coger su AH-64 Apache, un helicóptero de combate de primera línea, e irse a dar un garbeo por Nashville. Su intención era acercarse a la mansión de Kid Rock, un “cantante” ultraderechista superfan de Trump, para que pudieran hacer fotos para redes sociales.
Coger un helicóptero de combate así para hacer feliz a un colega es increíblemente ilegal y debería acabar con gente en la cárcel.
La respuesta del Pete Hegseth, secretario de defensa, es que si es para hacerse una foto con Kid Rock, uno puede coger su Apache y llevarlo donde sea. Cero consecuencias.







Y, sin embargo, han conseguido una cosa: que ya no nos deje estupefactos cualquier barbaridad que hagan. Da igual que sea lo del helicóptero para ver a Kid Rock o el publirreportaje de la Noem a caballo. Todo cabe.
Qué pena, de verdad.