Afrentas imaginarias
La administración Trump y sus demandas de fidelidad
La semana en Estados Unidos ha tenido dos historias paralelas. Por un lado, Minneapolis, con las protestas contra las redadas de la inmigración, siguiendo la muerte de Renee Good a manos de ICE. Por otro, la creciente escalada de amenazas de la Casa Blanca contra Dinamarca siguiendo con su intención de tomar posesión de Groenlandia, que se ha extendido, con la amenaza de aranceles, al resto de los países europeos que se han puesto de su lado.
Aunque el contexto y el detalle de ambas historias es completamente distinto, el tono y la actitud de la Casa Blanca es similar en ambos casos. Como de costumbre, los motivos y pretextos aducidos por la administración han ido cambiando al azar, según los devaneos de Trump y sus asesores. La teoría de fondo, sin embargo, es la misma: el presidente ha sufrido una afrenta, y la única forma de responder a estos agravios es más agresión.
La ciudad corrompida
Empecemos por Minnesota, un estado que desde hace años vive en el imaginario trumpiano como un lugar lleno de maldad y vileza. En Minneapolis fue donde murió George Floyd a manos de un policía, en el 2020, dando inicio a la enorme oleada de protestas y disturbios de Black Lives Matter. En la mente conspiranoica de la derecha americana, esas manifestaciones durante la pandemia fueron financiados por oscuros intereses globalistas, parte de la vasta trama de esa gente para manipular el resultado de las elecciones que el presidente sigue convencido en haber ganado. Hay un profundo, inescapable rencor contra la ciudad en todas las declaraciones de Trump, contra ese lugar que fue instrumental en su caída. Minneapolis para él es ese lugar lleno de criminales, radicales, inmigrantes de la peor calaña.
Aparte de las obsesiones de Trump, Minnesota también es percibida desde hace décadas por ciertos sectores de la ultraderecha como un ejemplo de la “caída” del país. El estado fue fundado en 1858, justo antes de la guerra civil, y atrajo desde el principio a inmigrantes de origen escandinavo. Esto explica por un lado el muy peculiar acento local (sí, la gente realmente hable como en Fargo) y por otro una cultura política mucho más progresista que el resto del Midwest. Minnesota tiene un estado de bienestar quizás no nórdico, pero sí mucho más desarrollado que sus vecinos regionales, una larga tradición sindical, y una larga historia de populismo (entendido como “izquierdismo”) rural. El partido demócrata allí se llama el Minnesota Democratic Farmer-Labor Party (partido laborista-granjero democrático de Minnesota) precisamente por eso; el Minnesota Farmer-Labor Party fue la fuerza dominante de la política estatal en el periodo de entreguerras.
En la “cosmovisión” de la derecha reaccionaria americana, la alianza entre granjeros (blancos) y obreros (blancos) es lo que hizo del estado uno de los lugares más prósperos del Midwest. A partir de los años setenta, no obstante, el estado dio la bienvenida a muchos refugiados vietnamitas, y las Twin Cities (Minneapolis y St. Paul) se convirtieron en un foco de atracción de inmigrantes. El que había sido una “arcadia escandinava” ahora tiene una de las mayores poblaciones de origen somalí del país.
Para los reaccionarios, todos los problemas de Minnesota vienen de estos cambios. Poco importa que el estado sea mucho más seguro, rico, igualitario y próspero hoy que el resto de estados del Midwest que se han movido hacia la derecha (Ohio, Indiana, Kansas, Missouri, Nebraska…), y no digamos ya que cualquier estado del sur. Importa aún menos que las Twin Cities sean la única área metropolitana del Midwest que no ha crecido en población y riqueza de toda la región1. En la mente de esta gente, la inmigración ha destruido Minnesota, y enviar a ICE a hacer limpieza es algo imprescindible para salvar al estado de sí mismo.
La excusa para enviar a ICE, en la mente de Stephen Miller y esta gente, fue un escándalo de corrupción. En el 2020, como parte de la respuesta a la pandemia, el congreso aprobó un enorme paquete de ayudas económicas a empresas y ONGs. En Minneapolis una organización llamada Feeding Our Future (alimentando nuestro futuro) recibió 250 millones de dólares para que trabajaran con restaurantes y distribuyeran comidas a escuelas y gente necesitada. Resulta que era un pufo, y los dirigentes se dedicaron a manipular el coste y cantidad de alimentos distribuidos y quedarse con parte del dinero. Cuando el estado empezó a investigarlos, pusieron una denuncia diciendo que la investigación era debido a discriminación racial. El FBI acabó por sumarse a la investigación, y han encontrado un montón de fraude en ONGs adyacentes2.
Supongo que no hace falta recordar quién era presidente de los Estados Unidos el año 2020 cuando el programa empieza y se aprueba la ley, pero eso son detalles secundarios. Muchos de estos programas estaban gestionados y tenían como destinatarios miembro de la comunidad somalí en las Twin Cities. Eso, junto a un par de videos virales del inevitable Youtuber de derechas amplificado por Elon Musk en Twitter, y tienes la decisión de enviar a ICE en masa a la región.
Ocupación
En la mente calenturienta de Stephen Miller supongo que esperaban que los milicianos de ICE iban a ser recibidos como libertadores. Lo que sucedió fue exactamente lo contrario: una ciudad diversa hostil con una sociedad civil que se movilizó de forma masiva para hacer la vida imposible a la policía migratoria. Se organizaron grupos para seguir y filmar a ICE allí donde fueran, protestas constantes, gente tocando la tuba bajo los hoteles donde se alojaban, y un enorme esfuerzo colectivo para cobijar y ayudar a familias de inmigrantes indocumentados distribuyendo comida, cerrando los colegios para dar clases en remoto, y haciendo lo posible para proteger la comunidad.

Renee Good estaba siguiendo y filmando a una patrulla de ICE que estaba yendo puerta a puerta en un vecindario intentando detener inmigrantes, una de los cientos de observadores por toda la ciudad. Tras su muerte, la reacción de la administración fue intentar ponerla como ejemplo de lo que te puede pasar si obstaculizas a los heroicos agentes federales que vienen a salvar a tu comunidad. La respuesta en Minneapolis ha sido más protestas, más observadores, y más obstáculos a esa misma policía migratoria.
Esta insolencia es una afrenta para Trump y Miller, que han redoblado sus esfuerzos en Minnesota. Básicamente todos los agentes de ICE disponibles han sido enviados a la ciudad, con Miller diciendo en varias entrevistas que tienen inmunidad total (algo que es radicalmente falso, por supuesto) para hacer cumplir la ley. El agente que mató a Renee Good no será investigado por homicidio (a pesar de que todos los videos dejan claro que lo fue); el departamento de justicia, en cambio, está investigando al gobernador del estado y al alcalde de la ciudad por “obstruir la justicia” o alguna invención similar.
El presidente amenazó (aunque ha reculado después) con invocar la Insurrection Act, una ley de 1807 que le permitiría enviar a tropas federales (esto es, el ejército, no los flipados de ICE) para “reprimir una rebelión”.
Estos últimos días, Minneapolis está viviendo algo que muchos observadores describen a una ley marcial impuesta por milicias paramilitares en todo menos el nombre. Detenciones indiscriminadas, agentes de ICE plantándose en centros comerciales y colegios y llevándose a gente con pinta de inmigrante al azar, redadas en calles enteras, manifestantes golpeados y arrestados con cualquier excusa. Han incluso detenido a indios Sioux, algo que dice todo lo que uno debe saber sobre lo que realmente les importa. El Pentágono ha puesto 1.500 soldados en alerta con intención de enviarlos a la ciudad. Una juez federal ayer impuso varias restricciones a ICE en su conducta tras dictaminar que están cometiendo abusos indiscriminados; no está claro hasta qué punto están respetando la orden judicial por ahora.
Lo que viene después
Lo más probable es que Minneapolis termine como otras “incursiones” de ICE en otras ciudades. Tras varias semanas de caos, detenciones, protestas, y un número variable de órdenes judiciales, la ultraderecha twittera (que es quien realmente gobierna en este país) empezará a aburrirse, y buscará otra ciudad al azar y otra conspiración para indignarse. Los agentes de ICE empezarán a irse sin decir nada, y dejarán atrás una ciudad increíblemente cabreada con la administración Trump, varios miles de inmigrantes inocentes (y muchos de ellos legales) deportados, y un país cada vez más harto de ver estas tácticas autoritarias.
Porque si algo parece claro tras Minneapolis es que ICE es extraordinariamente impopular. En un sondeo en CBS sólo un 31% de encuestados creen que ICE está haciendo que el país sea más seguro; un 52% cree que está haciéndolo menos seguro. La aprobación de Trump en temas migratorios está en mínimos. El grado de polarización partidista, eso sí, es extraordinario (aunque vale la pena recalcar que el porcentaje de gente que se considera republicana está cayendo también):
Groenlandia
No me cansaré de repetirlo, y llevo diciendo lo mismo desde hace un año: por muy estúpida que parezca la idea de invadir Groenlandia, Trump está hablando en serio. El hombre lleva años obsesionado con la idea.
Te buscaré en Groenlandia
Es una lástima que los Zombies, uno de los grupos New Wave salidos de la Movida madrileña, no sean famosos en Estados Unidos, porque llevo varios días con esta canción metida en la cabeza.
Hace unos días el New York Time entrevistó a Trump. James Fallows citaba un intercambio en particular que ha pasado bastante desapercibido, pero que deja muy claro que el presidente dice lo que piensa.
David Sanger [NYT]: Why is ownership [of Greenland] important here?
Trump: Because that’s what I feel is psychologically needed for success…. Ownership gives you things and elements that you can’t get from just signing a document…
Katie Rogers [NYT]: Psychologically important to you, or to the United States?
Trump: Psychologically important for me. Now, maybe another president would feel differently, but so far I’ve been right about everything.
Traduzco, porque lo merece:
David Sanger [NYT]: ¿Por qué la propiedad (de Groenlandia) importa?
Trump: Porque esto es lo que siento es una necesidad psicológica para el éxito… La propiedad nos da cosas y elementos que no puedes conseguir con la firma de un documento.
Katie Rogers [NYT]: ¿Psicológicamente importante para usted, o para Estados Unidos?
Trump: Psicológicamente importante para mí. Quizás otro presidente se sienta diferente, pero hasta ahora en acertado en todo.
Esto, por descontado, no es normal en absoluto. Un presidente de un país armado con armas nucleares no debe guiar su política exterior porque necesita algo psicológicamente, y no digamos decirlo en voz alta.
Una invasión de Groenlandia, por supuesto, sería algo monumentalmente idiota. No en el sentido de “Napoleón decide invadir Rusia y comete un error estratégico” de idiota, sino de hacer algo manifiestamente inútil, irracional, y sin retorno económico alguno (porque Groenlandia tendrá minerales, pero es imposible extraer nada a un coste razonable), que además destruirá por completo el enorme sistema de alianzas que ha sido la piedra fundacional de la hegemonía americana durante los últimos ochenta años. Significaría invadir el territorio de un miembro de la OTAN y la Unión Europea. No hay retorno ni solución posible a una maniobra de esta clase.
También, por cierto, es algo que destruiría la administración Trump en Estados Unidos. Porque esta clase de sondeos no los ves nunca en este país:
Incomprensiblemente, esto no parece amilanar a Trump en absoluto. La administración ha impuesto aranceles a las importaciones de países que están enviando tropas a Groenlandia (un impuesto que pagamos los que vivimos en Estados Unidos, porque este señor aún no entiende estos detalles). Su secretario del tesoro, que es en teoría uno de los más cuerdos en su administración, los justificaba diciendo que es una “emergencia” que Estados Unidos no tenga la isla en su posesión.
Porque la respuesta a una afrenta percibida es siempre la misma: patalear muy fuerte y seguir apretando sin parar, no entrar en razón.
La respuesta europea debería ser enérgica y decidida, con un mensaje claro y una respuesta inmediata. Es de locos abrir una guerra comercial porque un país (¡aliado!) se niega a regalarte una parte de su territorio, pero si Trump quiere pelearse por esto, lo último que debería hacer la UE es retirarse. Quizás no empezar con el bazuca (el instrumento anticoerción “nuclear” de medidas económicas) pero sí responder punto por punto a la escalada, y si Trump no se detiene, empezar a vender deuda americana (la UE tiene más que nadie) y realmente apretar.
Intentar mantener la alianza transatlántica a toda costa aplacando las demandas de Trump es absurdo. Está claro que el presidente no cree en ella.
Bolas extra:
El consejo de la paz de Trump consiste en darle 1.000 millones a una organización controlada por su yerno y sin garantía ni control alguno por parte de nadie. O sea, nada sospechoso de nada.
Trump indultó a una mujer que resultaba ser amiga de uno de sus abogados en los últimos días de su primer mandato. La mujer sale de la cárcel, comete más crímenes, y es condenada a prisión de nuevo. La indultó una segunda vez el viernes.
También indultó a la ex-gobernadora de Puerto Rico, condenada por recibir dinero de un banquero venezolano para financiar su campaña. La hija del donante, también condenado, ha dado tres millones y medio de dólares al comité de acción política de Trump.
Parece que las amenazas de Trump a los medios son cada vez más rutina.
Noticia al margen:
la semana pasada empecé a trabajar como secretario de prensa para la campaña de reelección del gobernador Ned Lamont. Si os suena el nombre, es por esta campaña en el 2006; Lamont perdió, pero acabó siendo elegido gobernador el 2018. Es un buen tipo (sólo trabajo para políticos que me gustan), pero claro, no soy imparcial en este tema.
Digo esto porque, como suele ser el caso cuando trabajas para un político, no voy a poder escribir casi nada sobre cosas relacionadas con la campaña. Que pueden ser muchas cosas, así que intentaré ser muy explícito cuando hay algo sobre lo que no puedo hablar.
También quiero dejar muy claro que todo lo que escribo aquí es estrictamente mi opinión, y que nada puede ser tomado como declaración oficial ni nada pronunciado en nombre de nadie.
Tanto Minneapolis como St. Paul están cerca de sus máximos históricos de población, algo que no vemos en ninguna ciudad del Midwest. Y emigrar a Minnesota requiere mucha voluntad. La temperatura media máxima en Enero es -5C; la mínima -26C.
Y para sorpresa de casi nadie. Estos programas de colaboración público-privada de esos años fueron a menudo muy chapuceros, porque la prioridad era distribuir ayuda lo más rápido posible. Muchos estados han encontrado problemas similares; la diferencia es que en Minnesota los ultras ven malvados inmigrantes en todos lados.




