Os voy a dar a continuación dos titulares, publicados el mismo día, en el mismo medio. Ambos hablan sobre financiación y gasto en campañas electorales. Ambos dan una impresión rotunda sobre lo que está pasando. Y ambos son totalmente ciertos.
Primer titular: A los republicanos en el senado los están friendo en recaudación de fondos.
Y aquí va el segundo titular: los megadonantes están impulsando la ventaja republicana en gasto electoral.
Ambas noticias son del mismo día, repito, y son completamente ciertas. Aunque la segunda es algo más general, se refiere, sobre todo, al senado. Parecen decir que los dos partidos tienen ventaja en dinero gastado y recaudado. Y ambas son correctas, porque se refieren a fondos de naturaleza completamente distinta.
Y la diferencia entre ambos partidos es enorme.
Dos fuentes de financiación
Las regulaciones y leyes sobre financiación y gasto de campañas electorales son increíblemente complicadas, y podría tranquilamente dar una charla introductoria de tres horas sobre el tema1. Todas estas normas, además, están sujetas a periódicas “revisiones” creativas por parte del Supremo según descubren nuevas y creativas maneras de interpretar cómo entendería Thomas Jefferson el concepto de “political action committee” y “sobornos descarados a legisladores” el día que escribió la primera enmienda2, así que decir que es un sistema opaco es ser muy generoso.
Como explicaba aquí, y simplificando demasiado, hay esencialmente tres formas de pagar por una campaña electoral: dar dinero al candidato directamente, dar dinero al partido, o pagar publicidad, gente haciendo puerta a puerta, activistas y demás a través de un grupo externo llamado “comité de acción política” o PAC, por sus siglas en inglés.
De los tres métodos, el primero, donar a un candidato, tiene la ventaja de que este puede decidir cómo gastar, pero el inconveniente de que existen límites legales estrictos sobre cuánto puedes pagar. El tercero, las PAC, permite donaciones ilimitadas y, si el benefactor así quiere, casi completamente anónimas, pero el candidato no puede coordinar su estrategia (en teoría3) con la PAC. Los partidos pueden recibir más dinero, pero (gracias a una sentencia reciente) no está aún del todo claro sobre cuánta coordinación puede haber.
Interpretando noticias
Volviendo a los titulares, entonces. La primera noticia se refiere al primer tipo de fondos, votantes donando dinero directamente a candidatos. En este apartado, los candidatos demócratas están barriendo al GOP. En Texas, James Talarico ha recaudado más de $60 millones comparado con los $10 de Ken Paxton; en Georgia, Ossoff está masacrando a Mike Collins con $33 millones comparados con los apenas $3 millones de su rival. La campaña menos desfavorable para el GOP es Michigan, donde “sólo” les están barriendo 33 a 10. La diferencia es tan abismal que James Talarico, que está sacando dinero a pequeños donantes de todo el país, ha recaudado más dinero que los diez candidatos republicanos en estados competitivos juntos.
La segunda noticia, mientras tanto, se refiere a dinero de grandes donantes a grupos externos, es decir, esas PAC que tanto miedo y grima dan. El tipo de la foto es Elon Musk, residente de Texas y el hombre más rico del planeta. El mes pasado, este señor firmó un puñado de cheques por un valor agregado de $158 millones a varias PAC republicanas. Estas lo reenviaron íntegramente a otra PAC dedicada única y exclusivamente a pagar anuncios para apoyar a Ken Paxton.
Está es sólo una fracción, por cierto, de las donaciones de Musk este año. En el tercer trimestre ha puesto como mínimo $276 millones en PACs para apoyar a candidatos republicanos por todo el país, y es más que probable que haya más dinero en otros grupos opacos ahí fuera. Por supuesto, Musk va a gastar aún más en octubre. El buen hombre es el mayor “inversor” este ciclo, pero otros megamillonarios no se quedan atrás. Richard Uihlein (alguien que no conoce ni Dios, pero que tiene dinero) lleva $130 millones este año; Jeff Yas4 más de $100 millones.
Los demócratas, por descontado, tienen también a sus benefactores. George Soros ha donado algo más de $100 millones este ciclo. Hay dos grupos con una financiación casi completamente opaca que han dado $163 millones. Incluso esa cifra palidece en comparación a los dos mayores grupos de dark money del GOP, que están rozando los $200 millones.
Aún así, en agregado, la mitad del gasto en publicidad de los demócratas este ciclo viene de grandes donantes y PACs. Para los republicanos, es un 84%.
¿Quién está ganando?
Los oligarcas, sin duda. AdImpact, una empresa dedicada a analizar y contabilizar el gasto en publicidad en Estados Unidos, calcula que los republicanos van a tener una ventaja de unos $650 millones en gasto en anuncios este ciclo. La ventaja se debe, casi en exclusiva, a Musk, Uihlein y Yas, además de los más de $200 millones de una PAC completamente opaca controlada por el mismo Trump. Para otro día queda hablar de los más de ochenta millones que las empresas de apuestas deportivas han invertido esta campaña.
Aunque esto puede parecer una catástrofe, os habréis fijado que estoy hablando de ventaja en gasto relativo, pero no en gasto total. A día de hoy, el dispendio total en publicidad en las elecciones al congreso es de 3.800 millones de dólares. Aunque la distancia entre ambos partidos es considerable, en términos porcentuales no es tan enorme como parece, y más cuando el gasto total, una vez terminada la campaña, es probable que supere los 7.000 millones5.
El dinero recaudado directamente por los candidatos, además, tiene una ventaja importante: pueden contratar publicidad a tarifas mucho más reducidas (y reguladas por ley) que las PAC, así que el mismo dinero compra bastantes más anuncios.
Desafortunadamente, gente como Ossoff o Tallarico tienen que gastar cantidades ingentes de dinero para reclutar más donantes. La mitad de los anuncios que veo en YouTube estos días son precisamente Ossoff o Talarico pidiendo que les dé más dinero para poder competir en Pensilvania o Texas6, diciendo quejosos que viene Musk a por ellos. Ese es un gasto publicitario que no va a convencer a donantes en esos estados.
El pequeño gran secreto de esta campaña
Los anuncios no funcionan. O al menos, este ciclo parece que no están funcionando. Lo habitual, cuando alguien se gasta doscientos millones enviándote a parir en TV sin descanso, es que tu aprobación entre los votantes empeore un poco. Eso no significa que esté perdiendo votos o que alguien cambie de opinión, pero al menos ves en los sondeos que la gente conoce alguno de tus defectos, reales o imaginarios.
Este ciclo, extrañamente, los candidatos demócratas no están viendo esto suceder, y no está del todo claro por qué la publicidad negativa no está teniendo efectos apreciables. Es posible que el descontento del electorado con Trump sea tal que cuando un candidato republicano acusa al demócrata de alguno de los males del país la audiencia transfiere la culpa al presidente7. Puede también que muchos votantes decidieran su voto hace dos meses y que todo candidato del GOP que parecía están en apuros en agosto va camino del matadero irremediablemente desde entonces.
Es posible también, y es algo que llevamos tiempo dándole vueltas en el mundillo, que la publicidad clásica no funciona. La gente ya no ve TV por cable o las cadenas terrestres convencionales, y está abrumadoramente en streaming, desde YouTube a HBO. Aunque puedes anunciarte ahí (y todo el mundo se anuncia), los mensajes parecen conectar menos, al igual que la publicidad en redes sociales. Muchos candidatos (empezando por la izquierda demócrata) están haciendo campañas más a la antigua, basadas en publicidad en radio (en el coche nadie se escapa de tus anuncios), correo y gente haciendo puerta a puerta, que (aunque parezca mentira) parece funcionar bien.
Medir si la publicidad mueve votos o no, sin embargo, es increíblemente difícil, porque es casi imposible aislar mensaje, medio, contexto y audiencia para sacar demasiadas conclusiones, y lo que vale en un ciclo electoral en la que todo el mundo parece estar harto del presidente es muy distinto a lo que podemos ver en un ciclo más normal.
¿Influye el dinero en política?
Que Ken Paxton gane o pierda las elecciones quizás sea independiente de los $158 millones de gasto de Elon Musk. Si Ken Paxton gana en noviembre y Musk le llama por teléfono en enero del 2027, cuando necesita una enmienda en una ley sobre IA, esos $158 millones casi garantizan que Paxton escuche atentamente a Musk.
Quizás no puedas influir en el voto. Pero los políticos te van a prestar atención.
Bola extra:
Un gráfico divertido, también de AdImpact: menciones a Donald Trump en los anuncios de candidatos. A la izquierda los demócratas, a la derecha los republicanos.
Hay gente que está distanciándose muy, muy fuerte de Trump estos días. Me pregunto por qué.
El presidente, por cierto, está plenamente implicado en la campaña, dando mítines en lugares donde los demócratas no ganan elecciones desde hace décadas pero que hoy están en juego. Y cuando no dice burradas ante sus superfans, su obsesión estos días es intentan reformar por las bravas un campo de golf público en Washington DC, ignorando órdenes judiciales.
No tengo ni idea por qué una ciudad tiene un campo de golf público, pero oye.
Estaré en Barcelona dando una clase sobre ello el año que viene, de hecho.
“Congress shall make no law respecting an establishment of religion, or prohibiting the free exercise thereof; or abridging the freedom of speech, or of the press; or the right of the people peaceably to assemble, and to petition the Government for a redress of grievances.” No os podéis imaginar la cantidad de cosas que se ha inventado esta gente basada en las secciones del texto en negrita para justificar que puedas comprar elecciones.
Los republicanos están trabajando con ganas para llevar algún caso al Supremo que desmonte esta barrera.
Es el mayor inversor en TikTok, por si os preguntáis sobre la neutralidad de esa red social, junto a Larry Ellison.
No os podéis ni imaginar la cantidad de publicidad que se emite estos días en todos los canales.
Una broma recurrente en la oficina es comparar qué candidatos vemos más a menudo cada uno en redes pidiéndonos dinero.
Esto es lo que estamos viendo en Connecticut, me parece.






A parte de la diferencia en los precios para comprar cosas via PAC o donación a señor con nombre, imagino que las PAC, por su naturaleza opaca, den pie a más chanchullo lo cual se traduce en mucha menor eficiencia (hablo sin tener ni idea, ¿eh? solo a raíz de lo que escribes)