Partidos y financiación
El Tribunal Supremo accidentalmente hace algo bien
En este boletín, desde hace tiempo, me gusta atizar al Tribunal Supremo de los Estados Unidos. La corte tiene una bien conocida afición a lo largo de su historia de reescribir la constitución por las bravas según criterios políticos, a menudo con una una vena reaccionaria innegable. Estas divertidas costumbres se han visto exacerbadas en tiempos recientes, con la supermayoría conservadora demoliendo alegremente varios derechos constitucionales y dándole amplísimos poderes al presidente.
Entre todas las sentencias recientes, ha habido una que ha pasado un tanto desapercibida, National Republican Senatorial Commitee v. Federal Election Commission. Confieso que, cuando fue publicada hace un mes, no le di demasiada importancia, porque parece una decisión bastante técnica sobre una materia, la financiación de las campañas electorales americanas, que el Supremo lleva años reventando alegremente. Revisando los detalles para un proyecto a principios del año que viene1, sin embargo, resulta que es bastante más relevante de lo que parece a primera vista.
Financiando campañas
En general las campañas electorales federales2 en Estados Unidos están reguladas por la Federal Election Campaign Act aprobada en 1972 bajo Richard Nixon3. La ley fue actualizada y reforzada en 1974 para cerrar los agujeros que permitieron muchas corruptelas de Nixon, y después repetidamente vapuleada por el Supremo en 1976, 2007, y 2010, a pesar de los repetidos intentos del Congreso para poner cierto orden en donaciones privadas.
Hasta ahora, el marco básico es que una campaña electoral tenía tres vías principales de financiación4, cada una con sus reglas específicas y limitaciones. Un ciudadano entusiasta y lleno de espíritu cívico podía:
Donar directamente a la campaña de un candidato: el dinero recaudado está controlado directamente por el candidato, que decidirá cómo utilizarlo, con pleno control del mensaje. Hay un tope estricto sobre cuánto dinero una sola persona puede darle; $3.500 por eleccion5.
Donar dinero a un comité de acción política independiente (súper-PAC): el donante da dinero a un grupo independiente que se dedica a hacer publicidad electoral. Este grupo no puede coordinarse con un candidato ni coordinar estrategia (en teoría…), pero no hay límite alguno a cuánto dinero se puede donar. El comité tiene la obligación legal de publicar sus donantes, pero las donaciones pueden hacerse a través de grupos interpuestos que no tienen por qué hacerlo.
Donar dinero al comité nacional, estatal, o comité asociado6 a uno de los partidos: el donante puede dar una cantidad considerable de dinero al partido directamente (limitada, pero mucho más generosa que a una campaña; hasta $132.900 al partido nacional). El partido puede usar ese dinero para apoyar a candidatos, pero con límites estrictos a cuánto dinero podía destinar a una campaña determinada.
Modelos e incentivos
Este esquema era, en agregado, bastante irracional, el resultado natural de tener una ley razonable que pasa a ser hecha añicos a golpe de activismo judicial.
La idea inicial del Congreso era tener elecciones en las que los candidatos tuvieran campañas “baratas” en las que no recaudaran demasiado y cuando lo hicieran se nutrieran sobre todo de pequeñas y “medianas” donaciones. Los grandes flujos de dinero irían a través de los partidos, que mantendrían así cierta capacidad de marcar la agenda y estrategia nacional. Las súper-PAC eran poco menos que ilegales, al ser una vía obvia y notoria de corrupción.
Por supuesto, fue el Supremo quien decidió volar eso por los aires, convirtiendo las elecciones federales americanas en el aquelarre actual de donantes opacos y dinero ilimitado proveniente de toda clase de megamillonarios con ínfulas. Como consecuencia, tenemos un sistema extraño en que hay dos fuerzas dominantes contrapuestas: por un lado, gracias a internet, a los candidatos recaudando tanto como pueden de miles y miles de pequeños donantes, y en paralelo, megamillonarios hinchándose a gastar en súper-PACs.
Esto crea dos problemas. Primero, el obvio; gente como Peter Thiel, Elon Musk, todo el sector de criptomonedas, petroleras, y cualquier grupo adinerado malvado comprando burradas de publicidad para favorecer sus causas. Segundo, el hecho de que los pequeños donantes suelen ser mucho más ideológicos y radicales que el votante medio y tiene la costumbre de apoyar a menudo a gente bastante chiflada, contribuyendo a la polarización política del país.
Reforzando a los partidos
La sentencia del Supremo se centra en un tema que parece muy pequeñito si se mira de lejos, pero que tiene el potencial de cambiar este equilibrio de forma considerable. Los republicanos, en su afán por desmantelar leyes, argumentaron que limitar cuánto dinero un partido puede dedicar a apoyar a uno de sus candidatos es inconstitucional, ya que limita su libertad de expresión. Y la corte, por seis votos a tres, les han dado la razón.
Y por una vez, creo que la mayoría conservadora está haciendo lo correcto, aunque sea de forma accidental.
Si eres un donante acaudalado que quiere gastar su dinero en campañas electorales para apoyar a tus candidatos favoritos (patrióticamente, se entiende), hasta ahora tenías dos opciones “de peso”. Si le dabas dinero a un partido, tu contribución podía ser considerable, pero gran parte de esos fondos acabarían siendo destinados a otros candidatos que quizás no te importan. Si ibas a una súper-PAC, no podrás coordinarte con él, pero va todo donde quieres.
Las súper-PACs tienen, sin embargo, un problema: son menos “eficientes” como instrumento de gasto. Los partidos y candidatos gozan, por ley, de tarifas especiales cuando se anuncian en medios, mientras que las PAC deben pagar precios de mercado. En campañas electorales muy disputadas, el coste por anuncio puede duplicar o triplicar la tarifa regulada.
Ahora que el Supremo ha eliminado el tope de gasto de los partidos en candidatos, donar dinero al partido puede ser, en muchos casos, una manera más efectiva de convertir tus fondos en apoyo tangible a tus políticos favoritos. Esto hará, por un lado, que muchos grandes donantes racionalmente dediquen más dinero a esta vía y menos a montarse chiringuitos extraños. De forma más significativa, como señalaba David Frum aquí, esto va a reforzar el papel e influencia de los partidos políticos en las campañas electorales americanas, tras años de ser ninguneados.
La (falta de) importancia de los partidos
Como nunca me canso de repetir, los partidos políticos americanos son estructuras muy débiles, casi testimoniales, con los candidatos y PACs llevando la voz cantante. La capacidad de articular una estrategia nacional era prácticamente nula. Tras la sentencia, los comités nacionales demócratas y republicanos ahora podrán asignar recursos a aquellas campañas que consideren importantes, y no hacerlo de boquilla, sino con montañas de dinero. También podrán ir a donantes y ofrecerles una estrategia nacional coherente.
Es un poco contraintuitivo, pero la política americana necesita partidos más fuertes. Tener a los candidatos con total autonomía dependiendo de pequeños donantes ideologizados y/o potentados con aires de grandeza favorece la polarización, y suele acabar seleccionando candidatos mediocres en primarias. Aunque los partidos distan mucho de ser perfectos, son instituciones que tienen como interés principal gobernar y formar mayorías, no expresiones ideológicas o intereses particulares.
¿Arreglará esta sentencia la política americana, creando partidos fuertes y dirigidos por gente competente? Por supuesto que no; hablamos del partido demócrata y el club de superfans de Trump, organizaciones disfuncionales hasta el absurdo en un día bueno, y patéticamente psicóticas a poco que se despisten. Pero por primera vez en casi veinte años, los incentivos para que estas organizaciones tengan algo de peso y actúen de manera algo más competente están ahí, en vez de empujarlos hacia la irrelevancia.
Veremos cómo se adaptan, pero creo que, por una vez, es una sentencia que cambia algo a mejor.
Bolas extra:
A estas alturas creo que es redundante insistir en que nadie en la Casa Blanca tiene la más remota idea sobre qué demonios están haciendo en Irán.
El acuerdo nuclear con Arabia Saudí es una de esas historias de “qué puede salir mal” más claras en décadas, y Trump intentando cambiar el acuerdo a posteriori sin avisar exigiendo que normalicen relaciones con Israel es típico.
Más aranceles, utilizando una excusa ridícula sobre “trabajo forzoso” esta vez, sustituyendo un arancel temporal que expiraba hoy. Es alegremente inconstitucional, pero vistos los antecedentes, darán tumbos por los tribunales un año o dos antes de ser invalidadas.
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Voy a dar una clase sobre ello en la UB en marzo, si os queréis apuntar.
¡Que no estatales! Casa estado tiene sus propias regulaciones. La mayoría siguen la ley federal, pero hay unos cuantos que tienen regímenes legales completamente distintos, incluyendo en algunos casos financiación pública de las campañas.
Chupito cada vez que le nombremos.
Hay algunas más, pero no nos liemos.
De nuevo, simplificando un poco. Puedes donar más vía su comité de campaña o vía un comité de acción política.
Por ejemplo el comité de los demócratas del senado, o republicanos de la cámara de representantes.



¿Las Super-PAC no son un coladero para la financiación de agentes extranjeros?