Vida de un político
Cómo funciona esto del "dinero en política"
En mi último boletín, hablando sobre partidos, candidatos y campañas1 hablé un poco sobre las diferentes fuentes de financiación que un político voluntarioso tiene a su disposición para poder pagar su asalto al poder.
Al hablar de dinero en política americana, no obstante, creo que se suele analizar el problema de forma un tanto abstracta. Sí, los donantes tienen más acceso a los políticos, sí, el riesgo de enfurecer a según qué grupos de presión tiene un efecto disuasorio en muchos temas2, y sí, la ausencia de límites reales a las donaciones de megamillonarios hace que, en última instancia, los ricos tengan más poder e influencia. Como explicaba el otro día, la estructura del sistema también da más o menos peso a candidatos, partidos y agentes externos.
Pero hay algo que creo que merece más atención: para los políticos, el sistema es un infierno.
La agenda de un político
Desde fuera, las agendas públicas de los políticos americanos son una locura comparadas con las de sus homólogos europeos. Dado que no hay un partido unificado que coordine mensajes y dirija la agenda, sino una horda de candidatos y cargos electos individuales, los políticos deben dedicar muchísimo más tiempo a la autopromoción.
El senador o congresista medio, en cuanto no está en en Washington legislando, está casi invariablemente de vuelta en su estado o distrito dejándose ver en todos los eventos que pueda. Si hay una ONG dando una rueda de prensa sobre algo, estará ahí. Fiesta de barrio, ahí estará. Homenaje a un líder local, ahí aparece. Rueda de prensa sobre un tema al azar, vendrá encantado. Primera piedra, inauguración, o visita de obra, sin duda, en primera línea. Bodas, bautizos, comuniones, lo que sea3, tu le invitas y viene. Lo hará para salir en medios, para recordar a los políticos locales de su existencia, para contentar a aliados, o para devolver favores, pero estará en todos lados. Sin parar. Siempre.
Eso mismo, por cierto, se aplica a casi todos los políticos locales y estatales. Un senador o representante estatal (léase: diputado autonómico) suele tener un distrito bastante pequeño4 (a no ser que vengas de un estado enorme, estilo California5), pero se lo patean todo de forma enfermiza. En cualquier acto cívico estarán allí, saludando a todo el mundo y dando abrazos, porque (insisto) saben que les toca hacer campaña por separado, y en distritos uninominales, dependen de sí mismos.
La agenda real de un político
Esto, no obstante, es una parte relativamente pequeña de la agenda de un político. Porque cualquier legislador federal, durante todo el año, está además recaudando fondos de forma constante, obsesiva y enfermiza, y lo hace a todas horas.
Su día en el distrito puede tener este aspecto:



