Muerte de un periódico
Jeff Bezos y el otoño de los oligarcas
En una escena de “Citizen Kane”, Charles Foster Kane tiene una acalorada discusión con uno de sus contables, Mr. Thatcher. El Chronicle, el periódico que el caprichoso millonario ha decidido dirigir, está publicando artículos críticos sobre la Public Transit Company, empresa de la que también tiene acciones. Kane rechaza cambiar la línea editorial, y Thatcher le recuerda que su aventura periodística le está costando un millón de dólares al año.
La respuesta de Kane: “Sí, perdí un millón de dólares el año pasado. Espero perder un millón de dólares este año. Espero perder un millón de dólares el año que viene. Sepa, Thatcher, que a un ritmo de un millón de dólares al año, voy a tener que cerrar este periódico de aquí - 60 años.”
La escena es merecidamente famosa; Orson Welles da una lección magistral de tono, matiz, arrogancia y encanto. Es una toma larga, con la cámara cerrándose poco a poco en Kane, el contable siempre en primer plano, pero nunca de cara. Es recordada, por encima de todo, por esa frase; por la idea de que un millonario puede estar dispuesto a perder montañas de dinero publicando algo tan pedestre como un periódico por vanidad, arrogancia, notoriedad o influencia.
Washington Post
Mucha gente ayer hacía referencia a esta escena al hablar del Washington Post. Jeff Bezos, fundador de Amazon, ultramillonario, compró el periódico el año 2013, por 250 millones de dólares. El WaPo había sido, a lo largo de su historia, una empresa familiar propiedad de la dinastía Graham. Durante décadas, casi todas las ciudades americanas tenían uno o incluso dos periódicos parecidos, con sus reporteros y sus propietarios de modesta fortuna, considerable influencia, y amor desmedido por la letra impresa. El Post era uno de los últimos de esa estirpe, que había sobrevivido en parte gracias a su condición de periódico de la capital del país y su osada, valiente decisión de hacer periodismo político con mayúsculas.
El WaPo fue el periódico que acabó, como cuenta la leyenda, con la carrera política de nuestro venerado Richard Nixon1. Era Prensa, con mayúsculas. El cuarto poder. Un periódico de verdad.
A pesar de su merecida reputación como uno de los tres periódicos de referencia del país (junto al New York Times y el Wall Street Journal), siempre fue una publicación un poco peculiar. Como explicaba Ashley Parker (ex-reportera del WaPo) ayer en el Atlantic, a pesar de cubrir el congreso, gobierno federal y demás mejor que nadie, siempre había sido también un medio irreprimiblemente localista, que escribía con devoción sobre los sucesos, problemas y desventuras de la ciudad donde residía y su región. En el Post podías encontrar crónicas de partidos de baloncesto de los institutos de Washington y de sus suburbios, accidentes de tráfico, reportajes sobre gobiernos municipales en Virginia y Maryland o historias aleatorias sobre tu barrio como si fuera un periódico de una ciudad pequeña en el Midwest, escritos con los mismos estándares que cualquier artículo serio sobre el Pentágono o el senado.
Y tenían también, como reconoce el NYT en un artículo estupendo, a los mejores periodistas deportivos de cualquier periódico en Estados Unidos, porque era el último gran periódico “local” que tenía una redacción de deportes. El NYT eliminó la suya el 20232.
El WSJ nunca tuvo nada parecido; es un periódico excelente, pero siempre fue la prensa local de Wall Street, que resulta ser importante para otros. El NYT lo había sido, años atrás, pero su aspiración de periódico global ha hecho que presten mucha menos atención a su propia ciudad que antes. Hubo una época que tenían periodistas cubriendo el área metropolitana (incluyendo Connecticut), pero ahora cuando lo hacen es casi un accidente.
El tozudo provincianismo del Post hacía que muchos de sus redactores estrella empezaran su carrera picando piedra en la sección de metro (área metropolitana), cubriendo noticias muy locales y haciendo periodismo desde muy, muy abajo. Su redacción siempre había sido relativamente pequeña comparada con el NYT, pero sus reporteros solían ser gente que había hecho toda su carrera en el periódico, conocían a todo el mundo en la ciudad, y tenían una lealtad casi fanática al periódico.
El NYT, WSJ y las televisiones pagaban mucho más que el WaPo a sus periodistas. Pero nadie que había empezado en el Post se iba del Post.
El oligarca
Cuando Bezos compró el periódico, su intención era, en sus palabras, mantener y expandir uno de los mejores medios de comunicación del país, compitiendo directamente con el NYT. Mantuvo a Martin Baron como editor3, fichó a alguien de Politico, y les dejó hacer. De forma rimbombante, adoptaron el lema “democracy dies in darkness” (la democracia muere en la oscuridad) el 2017, y se dedicaron, durante la primera administración Trump, a hacer periodismo como posesos, haciendo reportajes excepcionales y sacando exclusivas tremendas sobre el caótico gobierno del magnate.
En esa época, entre el 2017 y el 2024, el Post casi llegó a alcanzar, o incluso a superar, al NYT en tráfico y prestigio. Nate Silver publicaba no hace demasiado este gráfico sobre impacto en redes de noticias publicadas por ambos medios:
Los problemas para el WaPo empezaron en octubre, cuando Jeff Bezos intervino para bloquear la decisión del periódico de apoyar a Kamala Harris4. No está claro si el dueño de Amazon se había acercado, como otros titanes de Silicon Valley, a esa especie de tecnofascismo que flotaba en el ambiente, o si simplemente no quería irritar a quien podía ser presidente lo suficiente como para perder contratos federales. Lo que era obvio es que Bezos estaba metiendo su hocico en un periódico que había sido increíblemente efectiva explicando las burradas de Trump, y empujándolo en dirección contraria. El Post perdió, casi de inmediato, un cuarto de millón de subscriptores (sobre un 10% del total).
Destruyendo un periódico
No los iba a recuperar nunca. Tras la victoria de Trump, Bezos decidió reorganizar radicalmente la organización. Fichó a William Lewis, un inglés “criado” en el Daily Telegraph y en varios periódicos de Rupert Murdoch, despidió a un montón de columnistas de izquierdas y llenó la sección de opinión de conservadores. Todo esto estuvo acompañado de varias rondas de despidos de periodistas, intentando redefinir el periódico para una nueva era digital y/o hacerle la pelota a Donald Trump de forma descarada.
El último hachazo fue ayer. El Post despidió a 300 periodistas, casi un tercio de la plantilla. El periódico eliminaba casi por completo la sección de noticias locales, deportes, y sus corresponsalías internacionales. Eso incluía a gente como Lizzie Johnson, que se enteró que la echaban durante un bombardeo ruso en Kiev. Peter Finn, el director de la sección de internacional, pidió que le despidieran también a él porque no quería formar parte de esta “reorganización.”
La intención, dicen, es hacer del Post un medio rentable, centrado en política y relaciones internacionales, con audiencia nacional e internacional; algo parecido a Politico (que fue fundado por ex-reporteros del Post) pero con más dinero detrás. El periódico, dicen, pierde 100 millones de dólares al año. Es renovarse o morir.
Ciudadano Bezos
Volviendo a Charles Foster Kane, la fortuna personal de Jeff Bezos ronda, según dicen, los 250.000 millones de dólares. El hombre se ha fundido más de 75 millones en ese documental sobre la esposa del presidente. Su boda, el año pasado, costó más de 50. Su yate costó 500 millones. Si Bezos quisiera repetir ese monólogo a un hipotético contable, podría decirle que, a este ritmo, sólo se vería obligado a cerrar su periódico de aquí 2.500 años.
Y le estaría mintiendo, porque 250.000 millones de dólares producen una cantidad tan obscena de intereses que incluso con el más incompetente de los gestores podría tener 50 Washington Post perdiendo dinero a ese ritmo y seguiría poder sosteniendo todos hasta el infinito.
Bezos, allá por el 2013, se compró un periódico porque quería jugar a ser alguien influyente y poderoso, respetado por tener un periódico de primera, un servicio a la comunidad. Durante una década no ganó apenas dinero con él (no está claro si llegó a ser rentable5), pero no pareció importarle. Bezos, en el 2024, se dio cuenta que ese periódico era para él un problema, destrozó todo lo que sus lectores valoraban de la publicación, y procedió a demoler lo que quedaba hasta sus cimientos.
Mi duda, en este caso, es por qué demonios alguien como Bezos está dispuesto a hacer algo así. El hombre tiene, literalmente, una fortuna tan colosal que es humanamente imposible gastarla. Este señor podría quemar en una hoguera un millón de dólares cada día y no se quedaría sin fondos hasta aquí 685 años. Por mucho que Trump se enfade con él, por mucho que sus intereses empresariales entren en conflicto con la línea editorial de su periódico, Bezos seguirá siendo rico a un nivel incomprensible, extravagante, completamente inalcanzable para nadie.
Pero entre perder algo de su inmensa fortuna o mantener ese periódico que decía, todo orgulloso, que estaba ahí para defender la democracia y derrotar la oscuridad, ha preferido lo primero. Quizás debería escuchar a una de las pocas personas del planeta que tienen más dinero que él, ayer en Twitter:

Bezos nunca habla de política abiertamente; lo suyo no es el tecnofascismo de Peter Thiel y compañía, creo. Es cobardía, avaricia, y poco más.
William Randolph Hearst, el modelo para Kane, era cualquier cosa menos un ciudadano modelo (de hecho, acabó siendo abiertamente nazi), pero al menos tenía suficiente estilo, suficiente devoción por sus causas como para inspirar ese gran monólogo. Bezos, Brin, Cook, Altman, Huang, Zuckerberg6 y el resto de oligarcas americanos están ahí por el dinero, sin más.
Paradójicamente, el más rico y chiflado de todos ellos, Musk, seguramente dará para una película magnífica algún día. Si no destruye el planeta antes de forma accidental.
Bolas extra:
El gobierno federal está investigando a Nike por discriminar racialmente a sus empleados blancos. Es difícil recalcar los absurdo que llega a ser esto.
Paul Weiss fue el primer bufete de abogados que se rindió al trumpismo. Su presidente ha dimitido porque en los archivos de Epstein ha quedado claro que eran muy, muy, muy amigos. Hablaré sobre el caso y los archivos más adelante.
Una historia extrañísima: la madre de Savannah Guthrie, la presentadora del programa matinal en NBC, ha sido secuestrada.
Que era un sociópata amoral y despreciable y merecía todo lo que le vino encima, por supuesto. Pero la veneración, como explico en ese libro que supongo ya tenéis, está más que justificada.
El Athletic, el vertical de deportes que tomó su lugar, me gusta mucho, pero dista mucho de ser comparable.
Aunque Baron, inusualmente, venía del Boston Globe, este es también un periódico fuertemente localista, quizás el último de su especie.
Los endorsements los hace la sección de editoriales / opinión, no la sección de noticias, que están, en los medios decentes, estrictamente separadas.
Y puede ser rentable. El NYT gana dinero. Es probablemente el único periódico no financiero rentable en este país, ciertamente. Pero funciona.
Aunque Zuckerberg sí ha dado una película fantástica que ha envejecido excepcionalmente bien.




