Las protestas funcionan
La administración Trump cede en Minnesota
En mi artículo del lunes señalaba que tras las últimas protestas, la creciente resistencia organizada contra la policía migratoria, la trágica muerte de Alex Pretti y las cada vez más absurdas declaraciones de la administración, Minneapolis se había convertido en un problema político casi insostenible para la Casa Blanca. La opción más racional para Trump y sus aliados eran buscar una salida medio honrosa y retirarse, buscando otra opción mejor.
Nunca he confiado demasiado en la racionalidad de esa tropa, no obstante, y no estaba nada seguro que fueran capaces de entender la situación.
Mi pesimismo, por una vez, no estaba justificado. Durante el día, la Casa Blanca cambió un poco (no demasiado) de tono, y el presidente incluso habló por teléfono con el gobernador Tim Walz y el alcalde de la ciudad, Jacob Frey. Poco después anunciaba por sorpresa que Greg Bovino, el Kommandant de la guardia fronteriza con una curiosa afición a los abrigos de corte militar, iba a dejar su puesto como terror itinerante del régimen y volvería a su puesto original en El Centro, California1, y se jubilará pronto. Con él se irán un contingente notable de agentes del CPB. Incluso Stephen Miller, ese (muchas palabras gruesas en arameo) que ejerce de primer ministro de facto de Trump decía en CNN que quizás los agentes que mataron a Pretti a sangre fría “quizás no estaban siguiendo el protocolo establecido.”

Trump hablaba ayer de una “desescalada” en Minnesota, no una retirada, pero el mensaje creo está bastante claro: la opinión pública se ha vuelto contra ellos tras sus mentiras, manipulaciones y salvaje brutalidad. La administración Trump ha perdido. Las protestas, disciplinadas, organizadas y estrictamente pacíficas, han ganado.



