Four Freedoms

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La rebelión de los perdedores

Quizás el partido republicano tiene un límite

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Roger Senserrich
may 23, 2026
∙ De pago

Donald Trump nunca ha sido una persona de palabra. Mucho antes de entrar en política, siempre fue un secreto a voces en el sector inmobiliario de Nueva York que el tipo tenía la irritante costumbre de no pagar sus facturas. Trump se negaba a enviar dinero, alegando que alguien había hecho algo mal, y diciendo que o le hacían un descuento o que lo pelearía todo en los tribunales. Hacer obras con él era siempre una aventura que terminaba con abogados. Es conocida también su afición a declararse en bancarrota, a veces porque se arruinaba, a veces porque esto de pagar deudas a tiempo es sólo para gente incapaz de pensar cómo sablar a sus socios de forma creativa.

Este hábito de romper promesas a mansalva lo ha mantenido durante su carrera, extendiéndose hasta la presidencia de Estados Unidos. La errática diplomacia americana de este segundo mandato, en el que hoy negocian y mañana secuestran a tu presidente, y donde los tratados y acuerdos son notas orientativas hasta la siguiente rabieta presidencial, son tristes ejemplos.

Disidentes

Para ser alguien tan aficionado a apuñalar por la espalda a todo el mundo (o precisamente por ello), Donald Trump detesta la deslealtad. Una de sus palabras favoritas es “retribution” (represalias), y siempre, siempre, siempre está a la que salta para castigar a todo aquel que le molesta, contradice o lleva la contraria. Su memoria es larga y su capacidad para odiar, desmesurada, y no distingue entre compañeros de partido y enemigos acérrimos.

Estos meses estamos en temporada de primarias, con demócratas y republicanos escogiendo a sus candidatos para noviembre. Dejando la venganza contra enemigos demócratas reales o imaginarios a su departamento de Justicia y tribunales, Trump se ha dedicado con una energía inusitada a intentar castigar a todo aquel republicano que le ha soliviantado durante la última década en las urnas, haciendo campaña y utilizando su comité de acción política para financiar a candidatos amigos.

Esta es una lista parcial de políticos de su propio partido que ha sepultado con montañas de dinero y respaldando a sus oponentes:

  • Un puñado de legisladores estatales casi anónimos en Indiana que se negaron a votar a favor de un gerrymandering para arañar unos cuantos escaños más en el Congreso. Las primarias a este nivel son cosas anónimas que mueven poco dinero (para estándares americanos; quizás 50.000-100.000 dólares de presupuesto por candidato, dependiendo del estado). Los trumpistas se fundieron más de ocho millones de dólares para triturar a cinco de los siete “disidentes”.

  • Tom Tillis, senador por Carolina del Norte. Cometió la afrenta de votar en contra de la ley de presupuestos de Trump, ese recorte fiscal para ricos que ha resultado ser tan impopular. El presidente nunca le perdonó, reclutó activamente a un oponente y juró que destruiría a quien apoyara a Tillis. El senador llegó a la conclusión de que iba a perder la primaria y renunció a presentarse.

  • Bill Cassidy, senador por Luisiana. Un gastroenterólogo metido a político conservador, cometió el error imperdonable, tras ser reelegido en 2020, de votar a favor del segundo impeachment de Trump. Aunque lleva desde entonces haciendo la pelota desesperadamente al presidente, eso no le bastó para evitar ser aplastado en una primaria.

  • Thomas Massie, representante por Kentucky. Graduado del MIT, libertario, y uno de esos legisladores que están chiflados pero son coherentes, Massie fue el principal responsable de la publicación de los archivos del caso Epstein. Trump y su gente se gastaron una burrada de dinero en lo que han sido las primarias más caras de la historia de la Cámara de Representantes (más de 25 millones de dólares1) para echarle a patadas del partido.

  • John Cornyn, senador por Texas. La próxima víctima, si atendemos a las quinielas. Elegido en 2002, es un conservador sólido que siempre vota lo que dice el presidente, pero que se opuso en voz alta a los intentos de Trump de eliminar el filibuster durante el cierre del gobierno hace unos meses. Ofendido, Trump ha decidido respaldar a Ken Paxton, fiscal general de Texas (y corrupto hasta la médula), en las primarias. Todo el mundo espera que pierda.

¡Purgas!

Lo más interesante de todas estas cruzadas del presidente es la extraordinaria lealtad de las bases republicanas hacia Trump. Aunque sus índices de aprobación están en niveles absolutamente atroces estos días (entre 34 y 39 %, en sondeos recientes), la militancia acude a las urnas todos a una a apalear a los traidores allá donde la llaman. Tiene su lógica: según la administración se hunde cada vez más en sus fracasos, los votantes que siguen dentro del partido son cada vez menos representativos del electorado en general y más alineados con el amado líder.

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El Trumpismo realmente existente.

El partido estará hundiéndose, pero vamos a disparar a matar a todo aquel que quiera bajarse del barco.

Si eres un político republicano electo, sin embargo, esta clase de espectáculo es bastante descorazonador. El líder de tu partido está haciendo todo lo posible para cargarse tus expectativas electorales haciendo toda clase de burradas, pero si osas llevarle la contraria, el tipo enviará a sus huestes para hundir tu carrera política para siempre.

De manera harto previsible, la reacción de la mayoría de legisladores republicanos ha sido callarse. Aunque en privado muchos detestan a Trump y ven bien claro hacia dónde va el partido en noviembre, todo aquel que se ha levantado para protestar ha acabado decapitado. Estados Unidos es un sistema presidencial; el jefe del ejecutivo no es destituido si pierde su mayoría parlamentaria, así que el incentivo para actuar todos a una es muy escaso.

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Roger Senserrich
·
December 12, 2020
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Rebeliones

Este había sido el caso, al menos, hasta esta semana, cuando Trump ha decidido que iba a intentar cargarse a John Cornyn. El senador de Texas es un conservador intachable, querido y respetado por sus colegas en la Cámara Alta. Su oponente es, insisto, un absoluto cretino con múltiples escándalos de corrupción que sobrevivió por los pelos a un impeachment promovido por republicanos en Texas contra él. Cornyn ha sido leal al presidente y a sus colegas, pero Trump ha antepuesto una vendetta irracional contra él para imponer a un candidato espantoso que puede terminar dándole el escaño (en Texas) a un demócrata.

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Roger Senserrich
·
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