El estado de la unión
Un discurso célebre y otras historias
Ayer lunes nevó muchísimo aquí en Connecticut. Los inviernos aquí suelen ser fríos, aunque se han suavizado bastante en tiempos recientes, pero este fue un temporal de los de antes, una nor’easter con todas las letras. En New Haven tuvimos relativa suerte; esta tarde tenía cerca de 50 centímetros en el patio, aunque con el vendaval (fue una ventisca, con todas las letras) las montañas de nieve que me tocó retirar eran bastante más altas en muchos sitios.
Y sí, la nieve la tienes que limpiar tú. En una declaración de principios, las calles en Nueva Inglaterra (y casi todo Estados Unidos) las limpian las quitanieves municipales, pero es tu responsabilidad como propietario limpiar la acera delante de casa. Dado que las quitanieves suelen empujar lo que sacan de la calzada a esa acera a poco que nieve con ciertas ganas, te toca palear montañas de mierda blanca grumosa y medio helada hacia otro lado. Aunque tengo una quitanieves eléctrica recién comprada (sustituyendo una de gasolina que era un incordio de mantener), cuando pasas de 30 centímetros no da abasto, y acabas teniendo que abrirle paso a mano.
Dos horas y media quitando nieve, entre acera y la entrada al garaje. Menos mal que (en algo muy americano), los chavales del barrio estaban ayudando a todo el mundo esta tarde, aprovechando que los colegios estaban cerrados.
Hemos tenido suerte. En Rhode Island, aquí al lado, les han caído noventa centímetros en menos de 18 horas. Tuvimos un temporal parecido hace unos años donde llegó a caernos un metro de nieve, y os puedo decir que por muy acostumbrados que estemos al mal tiempo, esa cantidad no hay donde meterla.
Todo esto para decir que me duele mucho todo, gracias, y que me gusta mucho el invierno. Una de las cosas que más me gustan de Nueva Inglaterra es que aquí realmente tenemos cuatro estaciones diferentes. Aunque toque lidiar con estas cosas de vez en cuando.
El discurso del estado de la unión
He shall from time to time give to the Congress information of the State of the Union and recommend to their Consideration such Measures as he shall judge necessary and expedient. (Artículo II, Sección 3)
La constitución americana, en uno de sus continuos recordatorios de que la institución teóricamente más importante del país es el congreso, establece la obligación de que el presidente debe informar al legislativo sobre el estado del país y recomendar las medidas que considere convenientes.
Nótese que el artículo, como suele ser habitual en la constitución, no dice demasiado sobre el cómo y el cuando. No fue hasta la presidencia de Woodrow Wilson (1913-1921) que el jefe del ejecutivo adoptó la costumbre actual de dar un discurso ante una sesión conjunta del Congreso; antes solían enviar un informe por escrito1. El nombre actual del evento viene, como muchas cosas en política americana, de Franklin D. Roosevelt, el primero en utilizar el término “state of the union” como figura retórica.

Dentro de las tradiciones de la política americana, siempre he sentido cierta debilidad por el SOTU (porque aquí se abrevia todo). Al contrario de lo que sucede en sistemas parlamentarios, el presidente aquí muy raramente comparece ante el poder legislativo; no hay sesiones de control, debates parlamentarios ni nada similar. Así que el discurso es un evento solemne, con la cámara llena de gente, todo un ritual para invitarle y llamarle, y la espléndida escenografía que ofrece la Cámara de Representantes2.
Para el presidente y su gobierno, este es un discurso difícil de escribir. James Fallows (que en su día escribió discursos para Jimmy Carter) lo explica muy bien aquí. Por un lado, hay una necesidad narrativa, con el líder del país dando una visión clara y elegante de sus valores y lo que quiere conseguir. Eso exige retórica, explicar historias, dar con un hilo conductor que permita dar a la audiencia algo que seguir. Uno o dos proyectos, un par de grandes leyes; la gran prioridad de la administración que el Congreso debe convertir en ley.
En dirección contraria, hay la exigencia de cubrir lo que hace el gobierno, y lo que quiere hacer para responder a otros temas. En las semanas anteriores al SOTU, los miembros del gabinete del presidente, así como departamentos y agencias de todo el gobierno federal se dedican a suplicar a los pobres escribientes que incluyan algo, lo que sea, de su programa o iniciativa que tan importante resulta y que debe ser mencionada, porque si no un legislador importante, las bases del partido, un grupo de presión muy molesto o un donante del partido se enfadarán muchísimo y/o un problema grave que era una prioridad del presidente durante la campaña se quedará sin arreglar.
El discurso, inevitablemente, acaba convirtiéndose en un pastiche que se queda a medio camino, alternando largas secciones que parecen listas de la compra sobre temas casi al azar con ocasionales intentos de retórica elevada y gloriosa que suelen ser olvidadas con bastante rapidez. Hay muy pocos SOTU que hayan sido lo suficiente memorables como para ser citados y recordados. Tenemos uno infame, el del “eje del mal” de Bush el 2002, y uno justamente celebrado, el de las “cuatro libertades” de Roosevelt en 1941, que precisamente da título a este boletín3.
No ayuda demasiado que esta clase de intervenciones son muy difíciles para un político, y que la mayoría de presidentes no tienen demasiada práctica. Hablar “para la historia” exige leer un discurso preparado y sonar natural haciéndolo, sonar solemne, y saber combinar una cierta gravedad casi literaria con una profunda empatía. Ronald Reagan era muy bueno haciendo estas cosas, igual que Barack Obama, y Clinton era capaz de hacer que esas infames listas de la compra parecieran humanas e importantes, pero es un talento inusual4.
Con todas estas necesidades contradictorias, el SOTU tiene la particularidad que es uno de los pocos eventos políticos que aún tienen audiencias televisivas considerables. Aunque las cadenas generalistas están en decadencia, las cuatro retransmiten el evento en directo sin interrupciones, además de los canales de noticias. Todo el debate nacional gira alrededor del discurso, antes y después. El años recientes, han atraído entre 40 y 60 millones de espectadores, una cifra muy respetable5, así que es un rara oportunidad para el presidente para dirigirse a (casi) todo el electorado, no sólo la gente que mira las noticias por vicio.
Trump ante el discurso
Escribo una previa hoy, antes de que Trump dé el discurso, porque creo que este SOTU tiene algunos elementos que creo que pueden hacer que sea más importante de lo habitual.
Para empezar, Trump es muy impopular. Tanto en su primer como en su segundo mandato, siempre ha sido un político con índices de aprobación entre malos y atroces, con su nadir justo después de su intento de golpe de estado del 2021. Aún con estas malas cifras, Trump siempre se las arreglaba para tener dos o tres temas en los que su valoración era mucho más positiva, habitualmente economía e inmigración.
Los sondeos publicados esta semana, son distintos. Sus cifras de aprobación son peores de lo habitual (Entre -21 y -27), con el porcentaje de votantes que le apoyan por completo en mínimos históricos, señal de una erosión considerable en sus bases. Trump, además, no tiene “temas refugio” que permiten a votantes cercanos decirse “es un impresentable, pero la economía va bien”; su aprobación en economía, inflación e incluso política migratoria está también en negativo. Empeorando las cosas, los dichosos aranceles, su medida económica favorita que va a dominar a buen seguro el debate durante las próximas semanas, es brutalmente impopular (37-63 en un sondeo de Fox News), así que su idea mágica para responder al malestar de los votantes con su administración es tóxica.
Después está inmigración. Aunque los sondeos aquí son algo menos atroces (y según formules la pregunta, casi positivos), las muertes de civiles a manos de ICE y el constante goteo de abusos, resoluciones judiciales ignoradas y sensación de descontrol han hecho que muchos votantes hayan cambiado de opinión6. El tono abiertamente autoritario de la administración ha contribuido, además, a movilizar al voto demócrata, que aunque siguen bastante enojados con su partido, al menos están coléricamente furiosos con el trumpismo y listos para salir a la calle.
Así que tenemos un presidente a la defensiva en su medida política estrella, lívido de indignación contra la sentencia del supremo. Tenemos una política migratoria cada vez más histérica dirigida por un tipo que suena como un completo psicópata. Y a eso le sumamos un formato que Trump no sólo no domina, sino que, como mencionaba Fallows, se le da muy, muy mal, con una tendencia a irse por las ramas en largas improvisaciones incoherentes. Los SOTU de Trump suelen ser larguísimos, y como tales, incapaces de dar un tema o mensaje claro.
Finalmente, y esto creo que quizás tenga más de deseo que de realidad, tengo la sensación de que Trump está mal. Nunca ha sido un orador demasiado coherente7, pero en intervenciones recientes parece haber empeorado de forma considerable. Su rueda de prensa post-aranceles fue un colosal desastre. La mayoría de americanos (la mayoría de periodistas, incluso), no suelen ver a Trump hablar en público, tanto porque no es tan visible como solía como porque están un poco hartos de escucharle. Creo que esta noche muchos se llevarán una sorpresa cuando le vean en el congreso.
Y eso será si da un discurso medio normal para sus estándares, es decir, parecido a la empanada inaguantable del año pasado. Si el presidente está peor (es decir, en su línea reciente), no sé qué aspecto tendrá, pero la reacción puede ser aún mayor.
En fin, veremos.
Bolas extra:
Escribí en Voz Populi sobre la revolución de las renovables.
Binance sigue encontrado usos innovadores a las criptomonedas, como financiar a la teocracia iraní de forma ilegal.
La administración Trump ha matado más de 150 personas en sus bombardeos a lanchas civiles en aguas internacionales. Llevan 44 barcos hundidos.
Un artículo tremendo en el NYT sobre Richard Baker, un inversor que parece especialista en comprar cadenas de grandes almacenes y llevarlas a la bancarrota a base de endeudarlas hasta las trancas. Él, obviamente, no pierde un céntimo.
Los aranceles globales de Trump iban a ser del 10%, Trump dijo al día siguiente que serían del 15%, pero al final serán del 10% por ahora porque se han liado con el papeleo.
Sobre el potencial dummymander del 2026, cuando alguien cambia un mapa electoral para sacar más escaños, se pasa de frenada, y acaba perdiendo representación.
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Herbert Hoover es el único post-Wilson que no ha dado el discurso en persona.
La cámara baja, en teoría, era más importante que el Senado, aunque la evolución constitucional americana ha ido en dirección contraria.
Si tenéis un rato, escucharlo. Vale la pena tanto por el acentazo de Roosevelt (llamado mid atlantic, el que era el habla aristocrática de ese periodo, ya casi perdido) y por el extraordinario cierre con las four freedoms, empezando en el minuto 32.
Roosevelt, obviamente, era extraordinario en estas cosas.
Sólo la Superbowl, con 100-120 millones, tiene mayor audiencia.
El apoyo entre latinos se ha desplomado, cayendo del 41 al 22 por ciento en el sondeo de CNN.
Es muy buen orador, o solía serlo, en los formatos mitineros que más le gustan. Heterodoxo, pero muy efectivo.

