El segundo debate de las elecciones presidenciales del 2024 es menos recordado que el primero, por motivos obvios. Joe Biden perdió los papeles de forma tan espantosa cuando subió al escenario que su carrera política terminó allí mismo, en esos noventa minutos funestos.
La actuación de Trump en el segundo debate, si cabe, fue igual o peor que la de su antecesor en el cargo. Que su implosión ante las cámaras no tuviera apenas impacto en las urnas dice más de las dos varas de medir a las suelen someterse el resto de políticos de Estados Unidos en comparación con Trump, de quien todo el mundo asume que es simultáneamente un patán que dice burradas sin cesar y alguien que tiene una estrategia y sabe lo que está haciendo.
De todas las barbaridades que soltó en su duelo con Kamala Harris, la más infame fue su historia sobre cómo los inmigrantes Haitianos en Springfield, Ohio, estaban comiéndose los perros, gatos, y otros animales domésticos de los residentes nativos:
Como expliqué entonces, toda la historia era inventada. Ficticia. Una farsa completa. El entonces candidato a vicepresidente, JD Vance, reconoció días después en una entrevista en CNN que se lo había inventado todo.
Estas dos intervenciones dejaron varias cosas bien claras para todo aquel que quisiera escuchar. Tanto Trump como Vance eran abiertamente racistas, ante todo. Ambos no tenían la más mínima intención de decir la verdad o actuar de buena fe en cualquier debate sobre inmigración. Y todo lo que decían en sus mítines sobre deportar millones de personas de forma indiscriminada iba completamente en serio, y sus prejuicios y mentiras, de las que se sentían tremendamente orgullosos, iban a ser sus guías.
“Estatus de protección temporal”
El llamado Temporary Protected Status (TPS, estatus de protección temporal) es un instrumento de política migratoria americana que permite a los ciudadanos de países considerados en crisis o peligrosos vivir en Estados Unidos. Los inmigrantes bajo TPS no pueden ser deportados y tienen un permiso de trabajo. La decisión sobre qué países merecen esta protección depende del secretario de seguridad nacional, que es quien tiene también la potestad de rescindir este estado. La lista de países bajo TPS es limitada; suelen ser naciones en guerra, estados fallidos, o que han sufrido un desastre natural.
Cuando Trump llegó al poder el 2025, TPS incluía a inmigrantes de Afganistán, Burma, Camerún, Etiopía, Honduras, Nicaragua, Sudán, Sudán del Sur, Somalia, Siria, Venezuela, Yemen, El Salvador, Líbano, Ucrania y Haití. Es importante recalcar que para poder acogerse a esta protección, uno debe ser residente de Estados Unidos en el momento en que el país es designado para TPS. No sirve para entradas posteriores. Esta es una figura que sirve para proteger a gente que ya está aquí de ser enviado de vuelta a un lugar que resulta ser un horror apocalíptico, zona de guerra, o algo peor.
Si leéis la lista de TPS de arriba, lo cierto es que es bastante razonable. Todos esos países son peligrosos (con la única posible excepción de Siria, una vez ha terminado la guerra civil), y deportar a alguien allí significaría ponerlo en peligro de inmediato. Pues bien, en el año y medio que lleva en la Casa Blanca, Trump ha eliminado el TPS de Afganistán, Burma, Camerún, Etiopía, Honduras, Nicaragua, Sudán del Sur, Somalia, Siria, Venezuela, Yemen y Haití.
Uno de los deberes que tiene un residente bajo TPS es registrarse como tal con las autoridades migratorias. Eso significa que ICE tiene la lista completa de todos los nacionales de estos países con TPS. Y están deportándolos como locos.
Pierre Damas
Pierre Damas era un estudiante universitario de 20 años en Springfield, Ohio, esa ciudad que Trump había demonizado en el debate. Llevaba en Estados Unidos dos años, habiendo entrado en el país vía reunificación familiar. Era un estudiante excelente que aspiraba a ser médico.
La administración Trump revocó el TPS para Haití a finales de julio de este año. A los pocos días, ICE convocó a miles de haitianos en Springfield, obligándoles a llevar una de esas tobilleras con GPS que se utilizan para vigilar a presuntos delincuentes en libertad condicional. A Damas le pusieron el suyo el 29 de julio. Tuvo que dejar el equipo de fútbol de su universidad, perdiendo una beca y viéndose obligado a matricularse en otra más asequible. Inmediatamente fue objeto de burlas e insultos por parte de otros estudiantes. Su vida se convirtió en una humillación constante.
Profundamente deprimido, Damas se tiró delante de un camión en una carretera cerca del campus el 31 de agosto. Simplemente, no podía más.
En Estados Unidos hay 300.000 haitianos que estaban registrados bajo TPS. No está claro qué porcentaje se ha quedado sin un estatus migratorio legal o válido, pero es casi seguro que la mayoría de ellos. ICE no anuncia con antelación a quién va a intentar deportar, pero todo indica que los vuelos a Haití, hasta ahora esporádicos, van a aumentar dramáticamente las próximas semanas.
Haití es increíblemente pobre. Es también uno de los países más violentos del mundo, dominado por bandas armadas que campan a sus anchas por el país. Hablamos de más 6.000 homicidios al año, matanzas indiscriminadas en la capital, terror en las calles. Tiene un gobierno débil, incapaz y corrupto hasta la médula, que ha sido incapaz de responder a la trágica serie de desastres naturales (porque además les pasa de todo) de los últimos años (huracanes, terremotos, inundaciones, hambrunas).
Donald Trump, Stephen Miller y sus secuaces en la Casa Blanca creen que deportar a cientos de miles de personas a este país es una buena idea.
La maquinaria de deportaciones
Tras las aparatosas y polémicas “ocupaciones” de ciudades como Minneapolis del año pasado y las protestas asociadas, ICE y CBP han cambiado de estrategia. Han abandonado las grandes redadas y demostraciones de fuerza, con hordas de milicos asaltando negocios, iglesias, o bloques de pisos como si fueran un ejército invasor. ICE ahora hace detenciones más discretas, usando quizás una decena de agentes.
Para cumplir con las cuotas de deportaciones, porque Stephen Miller tiene una cuota que quiere que sus sicarios cumplan, la migra está apostando por detenciones más fáciles y sencillas. En vez de dar prioridad a criminales o gente con una orden de deportación pendiente, un porcentaje creciente de sus detenciones son simplemente gente que están registrados con DHS como inmigrantes y o bien tienen un caso a medio resolver (una petición de asilo, un permiso de residencia por matrimonio) o bien gozaban de un estatus que DHS podía revocar de manera unilateral, léase, cosas como TPS.
En julio, más de la mitad de detenidos por ICE no tenían antecedentes criminales, y todo indica que la cifra va a seguir en aumento. En julio detuvieron a 50.000 personas, expulsando del país a más de 31.000.
Habeas Corpus
En esta historia faltaba, como era de esperar, el Tribunal Supremo de los Estados Unidos.
Desde el año pasado, la administración Trump ha cambiado la interpretación de las leyes sobre deportaciones. Tradicionalmente, un inmigrante que era detenido en una redada migratoria que no tuviera antecedentes criminales era puesto en libertad bajo fianza, o simplemente liberado hasta que los tribunales1 resolvieran el caso. Gracias a una lectura digamos creativa de la ley vigente, la administración ahora dice que cualquier persona que esté siendo procesado por las autoridades migratorias puede ser detenido de forma indefinida hasta que el juez competente tome una decisión en firme.
Esto, cómo no, ha terminado en manos de los jueces federales ordinarios, que se han visto inundados con más de 70.000 peticiones de habeas corpus, reclamando que ICE les ponga en libertad ya que su detención sin posibilidad de recurso alguno es contraria a la ley y a la constitución.
Uno diría que estos casos no tienen demasiado misterio, pero para variar, la jurisprudencia reciente del Supremo deja bastante que desear. En una sentencia del 2020, Homeland Security contra Thuraissigiam, concluyeron que dado que una deportación es un procedimiento civil y no criminal, no se trata de una privación de libertad como tal, que la constitución exige que sea motivada y pueda ser recurrida, sino un trámite administrativo, que sólo requiere una notificación y la posibilidad de protestarla.
Así que, según la administración actual, te pueden detener, meterte en un campo de concentración y no tienen por qué soltarte hasta que decidan si te deportan a tu país o a un lugar al azar en el globo.
Los jueces procesando casos de habeas corpus, en teoría, deben resolver estos casos con rapidez. Tienen que responder en tres días, y la decisión tiene que ser rápida. A la práctica, hay una variedad colosal entre un juzgado y otro, curiosa e inevitablemente correlacionada con quién nombró al juez. En algunos estados, el caso mediano tarda menos de dos semanas. En otros, como Mississippi (donde hay jueces nombrados por Trump y un centro de detención enorme) más de tres meses.
No es inusual que una persona se pase más de medio año en un almacén nauseabundo de ICE, nunca llegue a tener su caso de habeas resuelto, y acabe siendo deportado sin poder pedir protección alguna.
Miles de estos casos de habeas han concluido que la teoría de la administración Trump de que puedes ser detenido y deportado sin poder nunca llegar a defenderte ante un juez es obviamente inconstitucional, a la par que peligrosa; nada impide que ICE arreste a un ciudadano, diga que no lo es y lo envíe a Somalia con un billete de sólo ida. Muchos casos han sido recurridos a tribunales de apelaciones, que han aceptado este argumento en algunos casos y rechazado en otros. Esto crea inseguridad jurídica, y la necesidad de que el Supremo, tarde o temprano, deba intervenir para unificar doctrina.
Y eso es lo que esperamos que suceda el año que viene, cuando el Supremo, con Genalo contra G.M., tendrá la oportunidad de pronunciarse sobre el tema. Otra bonita oportunidad para esta cámara de tercera lectura bizarra de reescribir la constitución por las bravas.
Bolas extra
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El hombre que limpia el estanque del monumento del 11-S en Nueva York.
El porcentaje de riqueza creada destinada a salarios en Estados Unidos cae a mínimos históricos.
El Supremo va a tener que decidir si la Casa Blanca puede sabotear todo el voto por correo estas elecciones.
ICE al menos ha deportado a un cretino que lo merecía - Milo Yiannopoulos, uno de los trolls conservadores más despreciables y arquitecto del gamergate.
Nota: los tribunales de inmigración no forman parte del poder judicial, sino que son órganos administrativos pésimamente nombrados. Trump se ha dedicado a despedir a cualquier juez que no deportara con suficiente ahínco estos últimos meses para substituirlos por otros más “entusiastas”.



Cualquier día de estos empiezan con turistas de países "seleccionados".