Estados Unidos es un lugar con poca historia, pero con muchas historias. Es el país que inventó la cultura popular, el cine, la radio y televisión, la cultura de masas, hambriento de narrativas, de héroes, villanos, y cosas que contar.
Es, a veces, un lugar extraordinariamente cruel.
Francis Smith
El 23 de julio de 1949, dos hombres entraron a robar en el Indian Harbor Yacht Club en Greenwich, Connecticut. Los intrusos fueron sorprendidos por un el vigilante nocturno, Grover Hart, de 68 años. En su huída, le dispararon varias veces. Antes de morir en el hospital, Hart fue capaz de dar una descripción de los dos asaltantes.
Francis Smith, de 26 años, fue detenido días después. Smith era un criminal de poca monta con un largo historial de robos y delitos menores. En 1942, cuando aún tenía 17 años, se había escapado de un reformatorio, detenido, y condenado a varios años de cárcel. Allá conoció a George Lowden, al que Smith acusó de ser partícipe del robo del en Greenwich. Lowden le devolvió el favor, una vez en custodia policial, ofreciéndose a cooperar con la justicia a cambio de una reducción de condena, y acusando a Smith de ser quien disparó y mató esa noche a Grover Hart.
Durante el juicio, sin embargo, Lowden cambió su historia por completo. Dijo que la confesión había sido extraída poco menos que a la fuerza. Su novia, mientras tanto, fue súbitamente capaz de recordar toda clase de detalles sobre Smith que no había mencionado a la policía el año anterior. Smith siguió insistiendo en que era inocente. Era un caso endeble; los policías estatales que llevaron el caso tuvieron dudas desde el principio. Un periodista del Courant, el periódico de referencia del estado, fue capaz de encontrar años después a otro implicado en el robo, quien le confesó haber disparado a Hart.
Pero esto era Estados Unidos en 1950. Smith fue declarado culpable de homicidio en primer grado y condenado a muerte. Por aquel entonces, Connecticut aún ejecutaba prisioneros (el estado abolió la pena capital el 2012), pero Smith tuvo la suerte de librarse de la silla eléctrica. Estuvo muy cerca: su ejecución fue programada ocho veces, con recursos judiciales de última hora evitando su muerte. No fue hasta 1954 cuando, a dos horas de ser electrocutado, el policía que llevó la investigación consiguió convencer a la comisión del estado que evaluaba indultos para implorar que le salvaran.
Francis Smith, sin embargo, no salió de la cárcel. Su sentencia fue conmutada a cadena perpetua, y sus peticiones de un segundo juicio denegadas repetidamente. Consiguió fugarse de la cárcel en 1967, para ser capturado poco después. No fue hasta 1975 cuando fue puesto en libertad condicional.
Diez meses después, fue detenido de nuevo, esta vez acusado de hurto y posesión de arma de fuego, vulnerando las condiciones para mantenerse fuera de prisión.
Nunca volvería a ser libre. El estado le denegó la condicional varias veces, y al final dejó de intentarlo. Cuando le volvieron a ofrecer salir de prisión en el 2012, renunció a ello. Ya muy enfermo, fue trasladado a un hospital penitenciario el 2020. Incluso entonces, sufriendo de demencia, siempre insistió en que no fue él quien mató a Grover Hart, y que era un hombre inocente.
Francis Smith murió en prisión el 25 de junio del 2026, a los 101 años. Estuvo entre rejas durante 70 años y 31 días1 por un crimen que el propio policía que llevó el caso decía que nunca cometió. El estado no anunció su fallecimiento hasta un mes después, una historia medio olvidada, una nota a pie de página a finales del verano.
70 años y 31 días en la cárcel.
Christa Pike
A principios de 1995, Christa Pike, una estudiante de 18 años, se convenció a sí misma que una compañera de universidad llamada Colleen Slemmer estaba intentando quitarle el novio. La noche del 12 de enero, Pike convenció a Slemmer para ir juntas a fumar marihuana y firmar las paces. Era una trampa. Pike y su novio la atacaron, apalearon brutalmente, torturaron y finalmente le reventaron la cabeza con bloque de asfalto.
Esta vez la autoría del crimen no despertaba dudas. Pike fue detenida poco después, juzgada, y condenada a muerte. A los 20 años, era una de las mujeres más jóvenes en recibir esa condena.
Aunque la culpabilidad de Pike era obvia y admitida, las circunstancias previas al delito eran bastante menos claras. Sus abogados (de oficio) no quisieron o supieron presentar al jurado que Pike había tenido una infancia horripilante, con abusos sexuales, maltratos, e incluso un intento de suicidio a los 11 años. Eso no la hubiera exculpado, pero al menos hubiera servido para que su sentencia fuera cadena perpetua en vez de la silla eléctrica.
El caso, como suele suceder ahora con las penas capitales en Estados Unidos, se alargó con recursos, apelaciones y peticiones de clemencia a tribunales estatales y federales durante años2. Llegó al Supremo este año, en un último recurso de urgencia en el que alegaba que el método de ejecución escogido por el estado de Tennessee, inyección letal (el estado tuvo que retirar la silla eléctrica tras un par de pifias sonadas) era cruel y propenso a fallos. El Supremo no lo admitió a trámite.
Los abogados de Pike resultaron tener razón. El 30 de septiembre los verdugos le inyectaron lo que creían que era una dosis letal de pentobarbital, el medicamento seleccionado por las autoridades después de que múltiples laboratorios europeos se negaran a exportar a Estados Unidos los compuestos utilizados en ejecuciones. Pike se agitó, su brazo dolorido, pero siguió con vida. Le dieron otra dosis. No consiguieron matarla. Tras una hora de dudas y agonía, fue llevada de urgencia al hospital en estado crítico.
Pike recuperó la conciencia hace un par de días, esposada en la cama del hospital. El comisario de prisiones del estado acababa de anunciar su dimisión.
La fiscalía de Tennessee de momento no se ha pronunciado sobre qué sucederá ahora. La orden de ejecución contra Pike ya no es válida; a efectos legales, el estado ya cumplió con la orden, aunque la reo sigue con vida. El estado debe pedir al supremo de Tennessee otra orden, pero de momento no han tomado una decisión sobre la materia.
Sin embargo Marsha Blackburn, la candidata republicana a gobernadora, lo tiene claro: Tennessee debe simplemente recuperar la silla eléctrica como método de ejecución y matar a Pike de una vez. Es muy probable que gane las elecciones el mes que viene.
Nidal Hassan
Nidal Hassan era un psiquiatra en el ejército de los Estados Unidos. En noviembre del 2009, se plantó con un fusil de asalto en medio de la base militar de Fort Hood y se lió a tiros, matando a 13 personas e hiriendo a otras 32 mientras gritaba “Alá es grande”.
Hassan fue juzgado el 2013. Renunciando a un abogado, le contó al tribunal que había cambiado de bando debido a las intervenciones militares americanas en Oriente Medio. El tribunal no tuvo dudas y le condenó a muerte. En el ejército, estos casos son apelados de forma automática hasta llegar al Supremo, que le denegó clemencia alguna el año pasado.
Pete Hegseth, el secretario de defensa, anunció hace unos días que Hassan será ejecutado el 3 de diciembre. Por primera vez desde 1945, el método escogido y aprobado por el presidente Trump y el mismo Hegseth será el pelotón de fusilamiento.
Hassan aún puede volver a recurrir la sentencia, así que es posible que no suceda. En los casos de pena de muerte contra militares, además, hay una tradición no escrita de retrasar las ejecuciones durante años, o incluso décadas. Pero esta administración no está para estas cosas, y harán todo lo posible para fusilarle.
Ejecuciones
Extrañamente, el método de ejecución, en este caso, me parece un problema menor. La pena de muerte es una tradición bárbara, retrógrada, que me parece inaceptable en todos los casos, incluso para alguien que ha cometido crímenes horrendos como Pike o Hassan. Los intentos de hacer de la pena de muerte algo limpio, clínico, impecable, medicinal me producen si cabe aún más rechazo. Estamos intentado ocultar, disimular, fingir que matar a una persona no es un acto de una crueldad suprema, de violencia infinita.
Un pelotón de fusilamiento es salvaje, es inhumano, es grotesco, es detestable. También refleja, exactamente, lo que es la pena de muerte. Si vamos a ejecutar a alguien, mejor hacerlo de un modo que deje bien claro el salvajismo de nuestros actos.
Bolas extra
Trump ha anunciado que esos anuncios cuasi-fascistas en mayor gloria de su persona a cargo del erario público pasarán a ser pagados por su PAC, tras las protestas unánimes de ambos partidos.
Los diez millones de dólares gastados hasta ahora no los piensa devolver.
Un dilema para Trump: en el Supremo hay dos jueces que siempre votan a su favor, Clarence Thomas y Samuel Alito. Tienen respectivamente, 78 y 76 años. Si los demócratas recuperan el senado y uno de ellos se jubila o muere, no podrá reemplazarlo. Algunos temen que si los republicanos pierden el control de la cámara alta en noviembre, uno de ellos deje el cargo e intenten confirmar a un sustituto a todo correr antes de que tomen posesión la nueva cohorte de senadores en enero.
Nate Silver se pregunta sobre si es posible que todos estos sondeos tan buenos para los demócratas quizás estén equivocados.
El NYT, sobre la muerte de Maricarmen.
Un candidato demócrata al congreso resulta que tenía un pasado de fotos de bondage y marranadas varias. La cuestión es que el tipo es bombero, ex-militar, ex-piloto de helicóptero y tiene esta pinta:
Así que su estrategia ha sido decir que oye, sí, soy yo. Y todos mis amigos saben que soy un salido de narices que hace que Christian Grey parezca un amateur. Y lo ha dicho en voz alta al New York Times. Es un distrito bastante conservador y el candidato republicano es favorito, pero este es un buen año para los demócratas. Veremos.
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Por lo que parece, el reo que más años ha pasado en prisión de la historia del país.
La historia judicial del caso es una locura.






En SC se vuelve a usar desde 2025 el pelotón de fusilamiento:
https://en.wikipedia.org/wiki/Brad_Sigmon
https://en.wikipedia.org/wiki/Mikal_Mahdi
https://en.wikipedia.org/wiki/Stephen_Corey_Bryant
Y es horrible: los que disparan son voluntarios (!), y en el caso de Mahdi, de tres balas sólo dos le impactaron, y ninguna en el corazón así que estuvo agonizando durante ~80 segundos.
Lo que dices, que no es que tener un método que parezca más "medicinal" está justificado. Pero es que son todos sorprendentemente horribles.
70 años y 31 días en prisión.
Más tiempo llevaba Grove Hart en su tumba.