Four Freedoms

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Ruidos, señales, y candidatos

Quizás el tatuaje nazi era relevante, no sé

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Roger Senserrich
jul 09, 2026
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En octubre del año pasado escribí brevemente sobre Graham Platner, un candidato demócrata en las primarias al senado en Maine.

Maine es un estado bastante singular, incluso para las habituales excentricidades de Nueva Inglaterra. Es muy grande para lo que se estila en el noreste, con una superficie comparable a la de Portugal, pero con menos de un millón y medio de habitantes tiene una de las densidades de población más bajas del país. A pesar de ser tan rural, suele votar demócrata en las elecciones presidenciales. No es un lugar progresista al estilo de Vermont, sin embargo; Maine es un lugar de políticos localistas y votantes que quieren, ante todo, que les dejen en paz.

La principal peculiaridad política de Maine, sin embargo, es que allí habita la última legisladora federal republicana de toda Nueva Inglaterra, la senadora Susan Collins. Escogida por primera vez al cargo en 1996, Collins es uno de esos unicornios casi extintos en la era de la polarización trumpista, una republicana genuinamente moderada que de vez en cuando vota en contra del amado líder. Los demócratas llevan años soñando con quitársela de encima, fracasando puntualmente cada seis años en su empeño.

Pero este año iba a ser distinto, decían. Trump es muy, muy impopular en Maine, Collins ha tenido un puñado de votos en el senado decisivos a favor de nominaciones judiciales y leyes trumpianas, y este año iba a ser gloriosamente favorable para los demócratas. Si escogían al candidato correcto, podían ganar.

Y tienen que ganar. Si quieren recuperar el control del senado, necesariamente deben ganar este escaño en Maine.

Las primarias del pescador

Las primarias para ser el candidato del partido que iba a enfrentarse a Collins fueron, de inicio, más competitivas de lo habitual. El legislativo estatal de Maine tiene limitación de mandatos, creando una cohorte de políticos con experiencia (y ego) con ganas de probar suerte. Todo el mundo esperaba que Janet Mills, la gobernadora, también entraría en liza. Pero por una de estas cosas de la política en la era de internet, influencers de izquierda y la inefable querencia de los medios para encontrar a candidatos “con historia”, un tipo llamado Graham Platner rápidamente acabó por dominar el debate.

Graham Platner, durante una entrevista en The Bulwark.

Platner es, esencialmente, Mr. Maine, para cualquier persona que no haya estado en el estado. Blanco (Maine es de los estados más blancos del país), machote, invariablemente vestido con jerseys de lana gastados, barba descuidada, el tipo se dedicaba a cultivar ostras, haciéndole una especie de icono proletario de inmediato. El buen hombre, además, era veterano de guerra, ahora reconvertido al pacifismo, nunca había estado en política, y era un excelente comunicador, con un mensaje progresista, anti-élites estilo Bernie Sanders.

Sólo que en pescador machote con barba. Así muy viril.

La izquierda internetera americana había encontrado a su sueño dorado, hecho candidato, el onvre que podía recuperar la clase obrera para el partido demócrata defendiendo sanidad universal, crujir a los ricos, y todo lo que queremos los progres, pero así, en marítimo hipster. Cómo no le iban a querer.

El fascista accidental

La primera señal de que quizás era mala idea llegó, como dije, en octubre, cuando se hizo público que Platner tenía tatuada una enorme Totenkopf, la calavera con tibias cruzadas que las SS utilizaban como insignia, en el pecho. Es decir, un símbolo nazi. Rematadamente nazi. Absurdamente nazi.

La respuesta de Platner fue que todo había sido un error. Cuando estaba con los marines (era marine. Qué viril) en Croacia en el 2007, en una noche de permiso y borrachera se hicieron tatuajes con unos colegas, y el diseño le pareció así muy molón. Pero no tenía ni idea de que era nada nazi, y nunca se dio cuenta de lo nazi que era en los casi 20 años que lo llevó encima. Se iba a quitar el tatuaje de inmediato.

Para cualquiera que prestara un poco de atención entonces, era obvio que Platner mentía. El tipo era aficionado a la historia y por supuesto que sabía de dónde venía la calavera en cuestión. Gente que le conocía contó que Platner mismo les había explicado. Aunque era plausible que todo saliera de una noche de juerga y que oye, de joven todos hemos hecho tonterías, eso de llevar un símbolo nazi tatuado tantos años y mentir sobre ello quizás debería haber sido una señal de que no todo cuadraba con este señor.

Señales y más señales

En las semanas y meses siguientes, los escándalos se sucedieron. No voy a detallarlos todos; Sarah Darer Litman tiene un largo, extenuante artículo por aquí detallando las atrocidades.

Type A Little Faster
The Platner Own-Goal
America lost to Belgium last night 1-4, ending its World Cup run. Were you screaming at Matt Freese through the telly for being so far out of the box and groaning when that 3rd goal happened as a result? (Check out some of the funny anti-Trump celebrations…
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2 days ago · 6 likes · 4 comments · Sarah Darer Littman

Sin entrar en detalle, a Platner primero le encontraron montañas de posts racistas, misóginos, y otras cosas feas en Reddit. Se hizo público, poco después, mensajes muy subidos de tono con una docena de mujeres, algunos muy recientes, a pesar de estar casado. Varias ex-parejas suyas hablaron de conductas abusivas, amenazas, ataques de ira y alcoholismo.

A estos escándalos que han ido emergiendo se le deben sumar todos los elementos de su biografía que o no cuadraban o que dejaban claro que en Platner había mucho de fachada. Por muchos jerseys machotes que llevara, Platner fue a colegios privados y viene de una familia rica. El principal cliente de su granja de ostras es el restaurante de su madre. Su carrera militar es extraña; estuvo cuatro años en los marines, fue a la universidad, se alistó a la guardia nacional para volver al frente, lo dejó de nuevo, y acabó empleado como mercenario en Blackwater antes de volver a Maine. Antes de ser candidato, dijo cosas muy extrañas sobre lo mucho que echaba de menos la violencia y crímenes de guerra. Durante la campaña, su equipo ha sufrido dimisiones constantes, a menudo debido a comentarios o conductas de Platner que consideraban indefendibles.

Durante toda esta serie de polémicas, la verdadera izquierda americana, incluyendo a gente que deberían ser más sensatos, como Bernie Sanders y Elizabeth Warren, han seguido respaldando a Platner. Mi viejo hogar en la izquierda, el Working Families Party, dio su apoyo oficial a Platner a principios de año, con múltiples algaradas ya en los medios, diciendo que este era un tipo con valores progresistas y un héroe de la clase obrera. Creo que la única izquierdista célebre que rechazó apoyar a Platner fue Alexandria Ocasio-Cortez.

Siempre he dicho que AOC tiene muy buenos instintos políticos. Esta misma semana, se hizo pública una acusación creíble de violación contra Platner, y el rumor es que hay más mujeres con historias que contar, todas horribles.

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