Los amigos del presidente
La derecha americana se atrinchera en los medios
El primer cliente de Software Development Laboratories, una empresa dedicada a programar bases de datos fundada en 1977, fue la CIA. Bob Miner y Ed Oates eran los dos programadores principales; el otro fundador era el peor programador del grupo, y le dedicaron a ventas. Como muchos emprendedores de su generación, tuvieron la suerte de empezar en Silicon Valley en el momento exacto en que los avances en semiconductores permitieron que los ordenadores dejaran de ser carísimos mainframes bajo los sumos sacerdotes de IBM y empezaran a ser asequibles. Aun así, tenían un producto con alta demanda y buenos ingenieros, y crecieron con rapidez. En 1983, rebautizaron la compañía Oracle.
Bob Miner murió en 1994, a los 52 años. Ed Oates se jubiló en 1996; ahora se dedica a esquiar, modelismo ferroviario tocar la guitarra. El tercer fundador, sigue al frente de la compañía, y es uno de los tres hombres más ricos del mundo. Su nombre es Larry Ellison.
Larry desatado
Durante gran parte de su carrera, Ellison no se metió demasiado en política. Como muchos de sus colegas en el club megamillonarios, sus donaciones iban tanto a demócratas como republicanos. Compartía con otras élites de Silicon Valley una cierta afección por Rand Paul, el peculiar senador libertario de Kentucky, incluso recaudando fondos para su campaña el 2014. No fue hasta las presidenciales del 2016 cuando realmente empezó a involucrarse de forma decidida, con una donación de cuatro millones de dólares a Marco Rubio.
No está del todo claro en qué momento Ellison empezó a radicalizarse. Días después de la derrota electoral de Trump el 2020, estaba participando ya en llamadas secretas con líderes republicanos, aliados del presidente y comentaristas de Fox News intentando encontrar “fraude electoral” y deslegitimar el resultado de las elecciones. Todo parece indicar que desde entonces su alianza con Trump no a hecho más que reforzarse, parte de ese pequeño grupo de oligarcas tecnológicos que se mueven entre el autoritarismo, el fascismo, el milenarismo y la megalomanía obsesionados con la inteligencia artificial y sobre cómo los progres están oprimiéndolos de forma insoportable1.
Papá, quiero ser artista
Uno de los hijos de Larry Ellison siempre ha sido un gran aficionado al cine. Aunque fue a la universidad para estudiar sobre el tema, dejó la carrera a medias para filmar su primer largometraje como productor, financiado por la enorme fortuna de su padre2. Flyboys, un drama bélico ambientado en la primera guerra mundial protagonizado por James Franco, fue un rotundo fracaso, pero a su padre esto de que su niño perdiera 40 millones largos en su sueño artístico persona no le importaba demasiado. Con ayuda de Steve Jobs, un amigo de la familia, fundó Skydance. El estudio recibió una generosa inversión de Larry, porque nadie como un padre que te puede dar 350 millones para tus proyectos personales. David, que así se llama el nepo baby en cuestión, se las apañó para sacar unas cuantas películas decentes, y al menos no perdía dinero.
El chaval, no obstante, seguía teniendo un sueño, y en el 2024 no se conformaba con ser el líder de un estudio medianejo, quería ser una leyenda. Su padre, mientras tanto, en plena órbita trumpiana, parecía estar medio obsesionado con la idea de que Hollywood era demasiado woke y que las cadenas de televisión americanas conspiraban contra el ex-presidente. Gracias a una feliz coincidencia, Shari Redstone, la propietaria de Paramount (y a su vez, de la cadena CBS) estaba buscando vender. Gracias a la inestimable colaboración familiar, David puso 8.000 millones sobre la mesa, sólo para toparse con la suspicacia de los reguladores de la administración Biden, que no acaban de ver clara tanta concentración empresarial.
Esas dudas, se disiparon por completo una vez Trump llegó a la Casa Blanca y les dijo a los reguladores que problemas, ninguno. David Ellison se quedó con Paramount, CBS se puso a largar a gente que criticaba a Trump demasiado, y la cadena puso como jefa de informativos a una superfan de la administración sin experiencia alguna en un cargo semejante.
Papa, quiero otro más bonito
En otra esquina de Hollywood, mientras tanto, tenemos a otro de los estudios históricos, Warner Bros., parte de un conglomerado gigante que incluye HBO, DC, la cadena de noticias CNN, Eurosport, y un puñado de otros canales de TV. Warner Bros. Discovery, que así se llama el engendro, es fruto de una historia empresarial de capitalismo bizarro en el que la compañía telefónica AT&T vendió uno de los estudios de cine más importantes a un canal de documentales que se endeudó hasta las trancas para adquirirla, y vive en una crisis financiera casi permanente. Tras varias jugadas maestras como cambiar el nombre a HBO repetidas veces y hacer el mandril con CNN, sus líderes llegaron a la conclusión que esto de la televisión es un negocio moribundo y los estudios de cine son un rollo, y querían vender.
Netflix, en una de esas ironías de la vida3 estaba buscando ampliar su volumen de producción y catálogo, e hizo una oferta, pero sólo por los estudios de cine y HBO, no los canales de TV por cable (CNN incluida) ahora en clara decadencia. Estaban dispuestos a pagar 83.000 millones de dólares.
Esto pareció irritar a la administración Trump. Primero, porque la derecha americana ve a Netflix como una empresa enemiga y woke, y segundo porque Trump le tiene una profunda tirria a CNN y quiere que alguien la compre y la ponga en vereda. No está claro si alguien llamó a los Ellison o si el bueno de David decidió espontáneamente que el sueño de su vida es sentarse en el legendario despacho de Jack Warner, pero poco después Paramount Skydance decidió poner una oferta aún mayor por toda la compañía.
A lo que Warner contestó que no, gracias, que preferían a Netflix. Los Ellison respondieron con aún más dinero, y la Casa Blanca con señales sutiles (léase: Trump diciendo en voz alta que mejor que aceptaran la oferta de Paramount) de que Warner debía cambiar de opinión. Semanas después y con 111.000 millones de dólares sobre la mesa (gracias a la garantía personal de papá Ellison), Netflix retiraba su oferta. Warner iba a ser propiedad de Paramount, y CNN estaría controlada directamente por uno de los mayores aliados de Donald Trump.
Capitalismo de amiguetes
Para haceros una idea de lo chorrimanguero y Mamarrachoide de todo este asunto, el valor de Netflix en bolsa es trece veces mayor que el de Paramount Skydance. Los líderes de Paramount se han dedicado a decir abiertamente que la probabilidad que los reguladores pongan pegas es mucho menor con ellos, prometiendo que pagarían 7.000 millones a Warner Discovery si competencia bloqueaba la fusión. Trump estaba exigiendo esta semana que Netflix despidiera de su consejo de administración a Susan Rice, ex-embajadora en la ONU de Obama, por haberle criticado. El yerno de Trump estuvo involucrado con la financiación de la oferta de Paramount, y el presidente (insisto), ha dicho repetidamente que prefería esa oferta y que iba a entrometerse.
Así que, tras este bonito ejemplo de libre competencia, estado mínimo y capitalismo meritocrático, una cadena de noticias global que ha sido muy crítica con Trump pasa a estar controlada por un amigote del presidente.
En Estados Unidos no hay censura, obviamente. Lo que sí tenemos es a los aliados ultramillonarios de la Casa Blanca desmantelando periódicos, recibiendo apoyo gubernamental para comprar medios y reguladores haciendo toda clase de investigaciones creativas contra medios que les molesten. El trumpismo sigue, poco a poco, construyendo la infraestructura de una oligarquía aliberal que siempre ha tenido explícitamente como modelo a seguir.
Y sin embargo…
La buena noticia (relativa) es que una de las tradiciones más preciadas de Hollywood es la de inversores supermillonarios comprando estudios de cine y perdiendo dinero a patadas, por un lado, y que Oracle anda metida hasta las cejas en la burbuja de la IA, pero sin los recursos ni reservas de Amazon, Google, Microsoft o Meta. CNN, además, realmente es un negocio moribundo, con audiencias cada vez más reducidas (sobre un millón en prime time) y atado a un modelo (TV lineal de pago) camino de la extinción.
El trumpismo, como ideología, sigue anclado en la nostalgia de la industria pesada, el carbón, los motores de ocho cilindros, la prensa escrita, y el canal que retrasmitió en directo la primera guerra de Irak, en 1991. Es muy probable que el mundo, incluso en esto de ser un dictador de pega, les haya pasado de largo.
El discurso de Trump:
Iba a escribir una pieza sobre él, pero la verdad es que no lo merecía. Fue un desastre, pero como todo en esta administración, lo fue de forma tan abrumadora que es difícil saber por dónde empezar. Trump dio el discurso sobre el estado de la unión más largo de la historia, una hora y cuarenta y ocho minutos, y dijo tal cantidades de bobadas, mentiras y comentarios racistas con una cantidad de propuestas tan insignificante que la reacción colectiva ha sido pasar página y fingir que el abuelo no está loco.
Si estáis lo bastante chiflados como para verlo, lo tenéis aquí:
Los votantes, por cierto, parecen haberse tomado el evento con esta misma actitud. El discurso tuvo la peor audiencia en décadas. La mayoría de espectadores fueron a través de Fox News. El resto del país le está ignorando.
Bolas extra:
Alguien me preguntaba hace unos días si en Estados Unidos había ciudadanos americanos marchándose del país. La respuesta es sí, y no una cifra insignificante.
Alguien con conocimiento de primera mano parece estar apostando que la Casa Blanca dirá algo sobre vida alienígena en los mercado de predicción.
Zohran Mamdani ha visitado la Casa Blanca de nuevo para hablar de inmigración. Trump le ha hecho caso, liberando a un estudiante de Columbia que ICE había detenido por la mañana. El truco fue que, además de hablar sobre la migra, Mamdani le pidió ayuda para construir un enorme proyecto de viviendas sociales en Queens, dándole un periódico de pega con este titular. El tipo lo tiene caladísimo.
Ellison cláramente está sufriendo esa opresión, con 245.000 millones de dólares en su fortuna personal.
David Ellison de hecho quería ser actor, pero su falta de talento le empujó detrás de las cámaras.
Cuenta la leyenda que Ted Sarandos, cuando estaban lanzando streaming con Netflix, dijo que el futuro de la compañía dependía de que Netflix aprendiera a ser como HBO produciendo contenido antes de que HBO aprendiera a hacer streaming como Netflix.


