Mañana se celebran elecciones en Estados Unidos. En un país con tantísimo voto por correo y voto anticipado el último fin de semana de campaña es, a la vez, muy importante y casi completamente irrelevante.
Movilizando el voto
Es importante, especialmente en aquellas elecciones de segundo y tercer orden con menos visibilidad, porque estos dos días (más el lunes y el martes) es cuando aquellos candidatos que tienen una campaña más o menos bien organizada tienen a sus voluntarios y organizadores llamando a todos aquellos votantes que tienen identificados como propios por contactos previos (sea por teléfono, puerta a puerta, eventos…) y recordándoles que tienen que ir a votar. La mayoría de observadores tienden a olvidar que aunque las elecciones a gobernador y al senado se llevan la mayoría de titulares, mañana hay miles de escaños en distritos legislativos estatales (y locales) en todo el país también por decidir, casi siempre en distritos bastante pequeños (el distrito estatal medio ronda los 60.000 habitantes), y estas campañas pueden llamar a un porcentaje considerable de votantes durante una campaña1.
El Get Out the Vote (GOTV), o “sacar el voto”, no es decisivo por sí sólo, pero es uno de los pocos componentes en una campaña electoral en la que los candidatos tienen cierto control directo. Un representante estatal (o incluso un representante al congreso), salvo casos muy excepcionales, no suele ser suficiente conocido como para que su campaña “tradicional” (mensaje, programa, personalidad arrolladora, etcétera) le distingan lo suficiente como para escapar el abrumador campo gravitatorio de las noticias nacionales y candidatos más visibles (gobernador y senadores). Lo que si pueden hacer, sin embargo, es identificar una lista sólida de votantes que pueden votarle, y hacer todo lo posible para llevarlos a rastras a las urnas.
Efectos limitados
Por supuesto, esto de llamar a votantes como locos es algo que suelen hacer ambos candidatos, así que, como casi todo en las campañas electorales, la hábil y maravillosa estrategia de unos se ve cancelada por la hábil y maravillosa estrategia de otros. Aunque una muy buena estrategia de GOTV suele “comprarte” 2-3 puntos adicionales en las urnas, todo ese esfuerzo no suele cambiar las cosas. Pero tienes que hacerlo, porque de lo contrario estos márgenes acaban contando.
Excepto que, claro está, muchas campañas no suelen decidirse por esos márgenes, y en años como este, en el que el electorado parece haberse movido de forma (casi) uniforme entre ocho y doce puntos (dependiendo del sondeo) hacia los demócratas, el cambio de sentimiento en política nacional puede acabar por ahogarte igualmente. Este parece ser un año de votantes muy cabreados que decidieron su voto hace tres meses y que no van a cambiar de opinión, por un lado, y unas bases republicanas desmoralizadas y con ganas que esto se acabe.
Sorpresas otoñales
Cualquier candidato que va detrás en los sondeos (y este mes, eso parece ser casi todo el GOP) sueña, durante las últimas semanas de campaña, sobre una “sorpresa de octubre” (October surprise), es noticia inesperada, revelación de última hora o pifia del oponente que termine por cambiar la dinámica de la campaña a última hora y le salve de una derrota. Las “sorpresas de octubre”, sin embargo, son casi un animal mitológico, algo que nunca llega. Salvo la infame carta de Jim Comey en las vísperas de las presidenciales del 2016 (but her emails), no ha habido una noticia de última hora que haya sido decisiva en unas elecciones desde hace mucho tiempo.
Y esa fue en unas presidenciales, en una campaña en la que (casi) todo el mundo estaba prestando atención. En una campaña estatal, en la que la cobertura de los medios está mucho más difuminada y a la que los informativos de TV locales destinan (con suerte) un segmento de dos minutos en cada telediario, es aún más difícil.
Los políticos siguen intentándolo, eso sí. El caso más bonito y dicharachero es el de Haley Stevens, una congresista de Michigan que ha tenido un fin de semana espectacular intentando sabotear la campaña de un compañero de partido.
Malas primarias
Las primarias demócratas al senado fueron digamos divertidas. Gary Peters, el senador demócrata que llevaba en el cargo desde hacía doce años, decidió jubilarse por sorpresa2, creando una de esas previsibles oleadas de pánico entre los políticos del estado que veían cómo los planes que tenían en su carrera política tenían que ser actualizados con urgencia. Los dos teóricos favoritos en unas primarias abiertas, Pete Buttigieg (candidato presidencial el 2020, secretario de transportes con Biden) y la gobernadora del estado Gretchen Whitmer, renunciaron a presentarse, dejando la pista libre a cuatro candidatos teóricamente de segundo orden: Abdul El-Sayed, ex-director de salud en Wayne County (Detroit), Haley Stevens, una congresista moderada, Joe Tate, Speaker de la cámara de representantes estatal y Mallory McMorrow, una senadora estatal.
La campaña fue tóxica. Stevens era la candidata del establishment, moderada y pro-Israel, y recibió más de $30 millones de anuncios de AIPAC, un grupo conservador pro-Netanyahu3. Aunque McMorrow era indudablemente mejor candidata que Stevens, que tenía fama de ser una persona difícil, el apoyo de organizaciones nacionales le ayudaron a sacarse de encima al resto de centristas, y quedarse uno contra uno contra el progresista (y muy crítico con Israel) El-Sayed.
Tras semanas de ataques a menudo demasiado personales, los sondeos daban a Abdul El-Sayed una ventaja de 8-10 puntos en las primarias. Para sorpresa de todos, Stevens acabó perdiendo por apenas un punto.
Lealtades demócratas
Durante los días que siguieron a la campaña, Stevens se portó como una mujer de partido: anunció su respaldo a El-Sayed, hizo un par de eventos con él, y se paseó por Michigan dando entrevistas enviando a parir a Mike Rogers, el candidato republicano. Aunque su apoyo a su ex-rival no era exactamente entusiasta, hizo lo que le pedían, trabajando para intentar ganar un escaño que los demócratas no pueden perder.
Pronto empezaron a circular rumores. Stevens estaba preocupada que en los sondeos El-Sayed no acababa de sacarle distancia a Mike Rogers. A Stevens no le gustaba como El-Sayed parecía más preocupado de salir en medios nacionales que hacer campaña en Michigan. A Stevens le incomodaba que El-Sayed no se había distanciado lo suficiente de comentarios antisemitas de influencers de izquierdas que pasaban por allí. A Stevens le parecía que sus compañeros de partido se habían equivocado.
La mujer desapareció un tanto del mapa. Los rumores se intensificaron. En una entrevista le preguntaron si quería que El-Sayed ganara; ella contestó que le había apoyado formalmente, pero evitó decir “sí” a pesar de la insistencia del periodista. Su prometido, un tal Jason Turkish4, se puso a colgar en redes comentarios extraños sobre el candidato demócrata, mencionando todos los izquierdistas no lo suficiente sionistas que le habían apoyado.
La campaña de El-Sayed refunfuñaba, pero no criticó a Stevens abiertamente. El plan era tener un mitin este fin de semana de unidad, con ambos en el escenario, unidos contra Trump, Rogers y el GOP.
Turkish había anunciado, a estas alturas, en Fox News, que iba a votar al candidato republicano al senado, no a El-Sayed. Stevens tenía que dar explicaciones en CNN, diciendo que eran una “familia dividida”, pero que seguía apoyando a El-Sayed. El sábado, Stevens estaba diciendo a amigos en privado que su voto era a prueba de todo, sólo para colgar en Twitter un mensaje extrañísimo en el que decía que estaría en el mitin pero que se alegraba mucho que El-Sayed estaba condenando a grupos de izquierdas antisemitas.
Es un mensaje cómico; uno no dice que va a apoyar a alguien recordando, una y otra vez, todo lo que no te gusta de él. El-Sayed, que tenía a estas alturas motivos más que sobrados para estar hasta los cojones de esta mujer, anunció el sábado por la noche que no sería bienvenida al mitin de unidad si iba a seguir troleando de este modo.
¡Banzai!
Ayer domingo por la mañana, Stevens hacía esto:
Stevens anunciaba que iba a apoyar a Mike Rogers, el candidato republicano al senado, un trumpista convencido aficionado a negar la legitimidad de las elecciones, contrario a todo lo que esta mujer dice haber defendido alguna vez en su vida, y alguien a quien ha criticado sin cesar durante meses.
A ver:

Es muy bonito cuando dos políticos se odian profunda e irracionalmente, y aún más cuando uno de ellos tiene tan mal perder que decide reventar su carrera política en un kamikaze de última hora para intentar hundir a su rival. La pataleta es tal que muchos observadores dicen que Stevens debe tener alguna clase o una relación extrañísima con su pareja. A mí me parece más bien una bonita historia de egomanía y resentimiento típica de cualquier partido político. Lo que es inusual es que alguien como Stevens, que parece realmente estar un poco chiflada, haya llegado tan lejos.
Y sí, tiene razón que Abdul El-Sayed es probablemente el candidato más anti-estado-de-Israel-como-es-ahora (que no antisemita; no parece serlo) jamás nominado al senado por el partido demócrata. Pero como comenté cuando Mamdani, otro crítico de Israel, ganó la alcaldía5, las bases del partido se están moviendo en esa dirección desde hace meses; la posición de Stevens es minoritaria entre los demócratas ahora mismo.
Consecuencias
Por mucho que esto sea un petardazo fruto de una vendetta insufrible, que el candidato demócrata perdedor por un puntito en las primarias apoye a su oponente republicano es sin duda una “October surprise” en toda regla. Así que la cuestión qué impacto tendrá esta astracanada en las urnas mañana.
Por lo que dicen los expertos y gente de Michigan, probablemente menos de lo que parece. El sondeo más reciente del NYT (que suelen ser fiables) dan a El-Sayed once puntos de ventaja6 sobre Rogers. La saga se desarrolló el fin de semana de Halloween, cuando nadie está haciendo demasiado caso a los políticos, en un estado donde hay montañas de voto anticipado ya en urna. La reacción de los demócratas en todo el país ha sido tan furibunda contra Stevens que creo que nunca ha habido tanta gente hablando en favor a El-Sayed en toda la campaña. Me sorprendería mucho que esto acabe por costarles a los demócratas un escaño en el senado, a pesar de que Stevens esté muy entusiasmada con su sabotaje.
Lo más divertido, de todos modos, es que si El-Sayed hubiera acabado perdiendo sin la intervención de Stevens, los moderados como ella podrían haber señalado ese resultado como la demostración que presentar un progre antisemita (que no lo es, pero vaya) en un estado competitivo era una idea horrible y lo que tiene que hacer el partido es más moderación y más sionismo. Con la buena mujer empotrando su carrera política en el último momento para vengarse de sus enemigos, sin embargo, una derrota de El-Sayed será atribuida al sabotaje de los moderados, no a Israel.
Así que incluso si “gana”, Stevens acabará perdiendo.
Bolas extra
Haley Stevens intenta explicarle a Anderson Cooper por qué ha cambiado su voto. Sale mal.
El artículo del NYT sobre sus dudas sobre su propio sondeo es fascinante, porque Nate Cohn (que es listísimo) explica abiertamente que han tenido que corregir sus estimaciones finales a la baja para los demócratas. Si usaban el mismo filtro que emplearon el 2022, las últimas midterms (en las que acertaron todos los resultados), la paliza sería aún más abultada.
El motivo del escepticismo de Cohn es la tasa de respuesta en los sondeos: los republicanos no parecen estar contestando cuando les llaman. Así que es posible (pero no probable) que el error de los sondeos favorezca a los demócratas.
El juez ha desestimado la absurda denuncia de Trump sobre las elecciones en Alaska.
La campaña de Trump está siendo un esperpento continuo. Está obsesionado con el culo de John Husted, el candidato republicano al senado en Ohio. No, no es broma.
El (espantoso) candidato republicano en Kansas, ese médico que se dedicó a intentar meter en la cárcel a pacientes que le debían dinero, ha decidido hacer un anuncio explicándose a espaldas de su director de campaña. Es atroz.
Y no es un exageración, por cierto. En las campañas estatales aquí solíamos tener como mínimo un contacto sólido, fuera en persona, puerta a puerta, o por teléfono con todos los votantes que habían participado en las últimas elecciones. Los distritos en Connecticut están sobre 23.000 personas, así que eso solía ser sobre unos 8,000 votantes contactados al menos una vez, muchos por el candidato directamente.
Que no es demasiado, ya que los mandatos son de seis. Rogers tampoco es demasiado viejo (67), ni tampoco demasiado conocido. Cuando anunció que se retiraba, confieso que tuve que mirar de dónde narices era.
Os debo un artículo sobre esta gente. Tienen montañas de dinero, alardean de su poder, y son excepcionalmente incompetentes. Y no son realmente “pro-Israel”, lo suyo es la agenda de Bibi, sin fisuras.
Que es judío. Israel ha dominado esta campaña.
Donde, por cierto, está haciendo por ahora un buen trabajo, porque es listo y mucho más pragmático de lo que decían sus críticos.
No miréis ese sondeo demasiado, porque en él los demócratas están ganando en todas partes, y no quiero que tengáis un exceso de optimismo. Pero la última tanda de encuestas está siendo tan buena que el propio NYT tiene un artículo explicando que no saben si creerse sus números.









Me encanta: Peters era tan poco conocido que incluso confundes su nombre en la nota al pie!