La historia, como casi todo en la administración Trump, parece demasiado estúpida para ser verdad.
Todo empezó a mediados de agosto, cuando Trump viajó a Turquía para la cumbre de la OTAN. El presidente estaba encantado de poder utilizar el nuevo Boeing 747 que había recibido de “regalo” de parte de la familia real de Qatar, ya en servicio tras varias costosas mejoras para hacerlo menos vulnerable a ataques externos.
Los servicios de inteligencia americanos, sin embargo, detectaron una posible amenaza de agentes iraníes que quizás se estaban planeando intentar derribar el aparato cuando despegara camino de vuelta a Estados Unidos. Así que, para evitar males mayores, la Casa Blanca anunció que para volver utilizarían el “viejo” Air Force One, que tiene sistemas de defensa mucho más avanzados.
Eso resultó ser un subterfugio. El presidente y su séquito, además de periodistas, personal de seguridad y demás, embarcaron en el Air Force One con normalidad, al menos en apariencia. Mientras todo el mundo esperaba que acabaran de preparar el avión para el despegue, Trump se montó a escondidas en una de las camionetas que estaba cargando comida al avión. Le acompañaron Dan Scavino, el jefe adjunto de gabinete, Walt Nauta, director de operaciones de la Casa Blanca, y Natalie Harp, su asistenta personal.
La camioneta les llevó discretamente a otro avión que estaba esperando en la plataforma, un C-32A (un 757 militarizado) en el que viajaba Pete Hegseth, el secretario de defensa. Trump voló a Londres discretamente en ese avión, mientras que Marco Rubio, Scott Bessent, periodistas y el resto de personal lo hacían en el Air Force One, que ejerció esencialmente de señuelo lleno de VIPs. Ambos aviones aterrizaron en Mildenhall (una base aérea en el Reino Unido); Trump fue llevado a escondidas del C-32A al Air Force One de nuevo. Allí volvió a cambiar de avión una última vez para subirse de nuevo al 747 “regalo” de los qataríes, esta vez delante de las cámaras.
Toda la operación acabó generando cierta polémica, más que nada porque a los periodistas no les hizo ninguna gracia que nadie les dijera que quizás había terroristas iraníes con misiles tierra-aire intentando matarles a todos y el presidente les había dejado ahí solitos mientras él se iba a escondidas. Más allá de los chistes sobre lo poco que respeta Trump a Marco Rubio (que según parece sí era consciente del riesgo), toda la historia no debería ser más que una mini-saga de espías y seguridad nacional para animar un poco el verano.
El discurso
La cosa parecía un tanto olvidada hasta que Jon Ossoff, senador demócrata por Georgia, dio un discurso criticando a Trump durante su campaña de reelección. Como es habitual con Ossoff, un potencial candidato a la presidencia el 2028 (él lo niega, pero es obvio que se lo está pensando), su oratoria es impecable. Es un texto coherente y bien construido.
Pero en los 30 minutos de su intervención, hay una frase curiosa:
“No quiere hacer su trabajo. Quiere construir su salón de banquetes y viajar con Natalie en su palacio volador aparentemente indefenso regalado por el emir de Qatar.”
Travel with Natalie.
Esas tres palabras han resultado ser uno de las trampas retóricas más efectivas por parte de un político demócrata en años.
Republicanos perdiendo la cabeza
Casi de inmediato, un coro de voces republicanas en redes sociales salieron en tromba declarándose tremendamente ofendidos y escandalizados de que Jon Ossoff, este patán, este advenedizo, este machista, este cretino insolente, este impresentable, este monstruo contrario a los valores americanos, tuviera la osadía de cometer este tremendo ultraje de mencionar a Natalie.
¿Qué estaba insinuando el senador? ¿Cómo se atrevía a denigrar a una mujer inteligente, rubia, de 35 años, que siempre está con el presidente a todas horas, lo acompaña a todas partes, y que le sigue con un patriotismo y lealtad intachables con esas deleznables palabras? ¿Pero qué se ha creído este hombre? ¿No eran los demócratas el partido del feminismo? ¡Oprobio y vergüenza a las ofensas al honor de la doncella desvalida! ¡Desprecio al ruin malhechor y rufián que osa mancillar su pureza con su lascivia!
Aunque parezca mentira, no estoy exagerando lo más mínimo. El partido republicano, en bloque, salió aullando como si Ossoff hubiera matado un bebé ante las cámaras o leído dos horas de pornografía amateur describiendo actos impuros por parte del presidente. La reacción fue tan unánime y desaforada que estaba bien claro que la Casa Blanca era quien había pedido a su hueste de opinadores a salir pegando berridos.
Por supuesto, gracias al follón que armaron entre todos, los 10-15 segundos del discurso de Ossoff se hicieron inmediatamente virales. Y con ello, hicieron que medio país se hiciera la misma pregunta:
¿Pero quién demonios es Natalie Harp?
Me encanta que me hagan esta pregunta.
Natalie Harp es una mujer de 35 años que trabaja de asistente personal del presidente. Su primera aparición en escena fue en el 2019, cuando se dedicó a salir en Fox News y otros medios conservadores alabando a Trump porque, decía, le había salvado la vida. Harp sufría de graves problemas de salud derivados de un tratamiento fallido contra el cáncer. Gracias a una ley impulsada por el presidente que permitía el acceso a tratamientos experimentales, pudo recuperarse por completo.
Trump es alguien que ve mucha televisión, y tras coincidir con Harp en un par de eventos públicos, la invitó a que explicara su historia en la convención republicana del 2020. Poco importa que es muy probable que fuera un cuento inventado, porque eso de la honestidad en el GOP trumpiano es secundario. Tras trabajar como asesora en la campaña, fue presentadora en One America News, un canal aún más conservador que Fox, ejerciendo de vociferante superfan del trumpismo.

A mediados del 2022, Harp se unió a la campaña presidencial a tiempo completo como asistente personal de Trump.
Es aquí cuando la cosa se vuelve un poco extraña. Harp está siempre con el presidente, acompañándolo a todas partes, visible a todas horas. Dentro del equipo de Trump era conocida como la “impresora humana”, porque uno de sus cometidos principales es seguir al jefe de estado y de gobierno del país más poderoso de la tierra con una impresora portátil, poniendo en papel noticias, tweets, memes y artículos aleatorios de internet favorables para que los lea.
¿Todas esas mamarrachadas que Trump comparte de vez en cuando en Truth Social? Harp es quien le está dando ideas. ¿Trump diciendo bravuconadas o fantasías sobre el estado de la guerra, la economía o el mundo? Harp. ¿Artículos de opinión empalagosamente favorables al amado líder? Harp se asegura que los lea.
La cosa, sin embargo, va un poco más allá.
Harp parece estar realmente obsesionada con el presidente, hasta el punto de escribirle mensajes y cartas absurdamente empalagosas. Es alguien que dicen que durmió todo un verano en el vestuario del club de golf de Trump en Nueva Jersey para estar cerca de él, porque su equipo la había intentado dejar fuera y no quiso molestar al presidente con sus quejas. También optó por viajar en el maletero de un coche para acompañar a Trump al juzgado, porque de nuevo la intentaron dejar atrás. Su propio hermano dice que está obsesionada con el presidente. El servicio secreto estaba alarmado por la intensa devoción (que parece ser mutua) entre Harp y Trump.
La buena mujer, parece estar ligeramente loca.
¿Pero hay más?
Ni idea. Hay rumores, obviamente, pero nadie se atreve a decir nada en voz alta o poner nada por escrito. Algunos periodistas lo tratan como un secreto a voces, otros, creo que más sensatos, se fijan sobre todo en el hecho que es más que preocupante que el presidente de los Estados Unidos tenga en su séquito una superfan que tiene como único trabajo conocido teclear los tweets que le dicta, pasarle noticias de medios de ultraderecha y memes enajenados, y hacerle la pelota de forma incansable.
Y que, por cierto, tiene acceso a todo lo que escucha y lee el presidente, y que durante meses estuvo trabajando sin tener autorización alguna para tener acceso a materiales confidenciales o secretos.
Es también obvio, y la furibunda reacción de la Casa Blanca lo deja bien claro, que a Trump le ha molestado muchísimo que alguien haya mencionado a Natalie Harp en voz alta. Dios sabe por qué.
Cuando el presidente está paseándose por el mundo dando respuestas épicamente incoherentes a todo lo que le preguntan, quizás la relación personal con una asesora es algo secundario, ciertamente. Pero cielos santo, qué manicomio es esta Casa Blanca.
Bolas extra
Durante la primavera y principios del verano, los candidatos republicanos que recibían el apoyo de Trump solían ganar sus primarias. Esto ha dejado de ser el caso.
El sector ultra del partido republicano, en general, se está llevando unas galletas considerables.
La deuda pública de Estados Unidos supera los 40 billones de dólares. El déficit fiscal este año estaré cerca o incluso por encima del 6% del PIB.
Sí, voy a escribir sobre primarias pronto. Esto era demasiado jugoso como para dejarlo pasar.
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Y sí, os debo una tertulia. Será pronto.



Me encanta, Roger!! Un lío de faldas es lo único que faltaba en el manicomio ese que es la Casa Blanca. From lost to the river!!😂