Four Freedoms

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La cosa del pantano

Esas cosas que pasan cuando intentas arreglar un estanque

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Roger Senserrich
jun 23, 2026
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El memorial al presidente Lincoln está al final del Mall, el enorme paseo que articula la ciudad de Washington. Está al otro extremo de la colina del Capitolio, con el obelisco al primer presidente a medio camino. Ante él, reflejando el sol de Virginia y los monumentos de la capital de Estados Unidos, tenemos el estanque más icónico y conocido del país.

El depósito de agua ante el Lincoln Memorial mide 618 metros de largo y 51 de ancho. Es un lugar tranquilo, que refleja el diseño severo y elegante de la ciudad. Durante el siglo largo desde su construcción, ha albergado protestas, conciertos, celebraciones, discursos y ceremonias de todo tipo.

Como suele ser habitual en este bendito país, tiene también bastante de chapuza constructiva, que la administración Trump se las ha apañado para convertirlo en un sainete hilarante.

Aguas turbias

La capital de Estados Unidos está construida a orillas del Potomac, en terrenos que, sin intervención humana, serían esencialmente un pantano. Son terrenos arcillosos, saturados de agua, que tienen la mala costumbre de engullir lo que construyas encima si no prestas un poco de atención. El estanque, construido durante la primera guerra mundial, fue una de esas obras en las que se optó por lo fácil y barato más que construir algo medio estable. Teníamos un montón de agua (que pesa) sobre un terreno inestable que tiende a ceder, con filtraciones constantes que saturaban aún más el suelo.

Básicamente: el estanque se estaba hundiendo poco a poco en el mall, y a principios de este siglo había bajado el nivel del suelo treinta centímetros. Por añadido, cuando lo construyeron no se molestaron en incluir un sistema para recircular o limpiar el agua, así que debía ser drenado por completo (vertiendo el agua sucia al río) y rellenado dos veces al año. Así que el 2009, como parte del plan de estímulo de Obama, fue reconstruido casi por completo, instalando una planta de tratamiento para ir limpiando y renovando el estanque.

Se gastaron 35 millones, y lo hicieron mal. En teoría, el estanque se nutre de agua del Potomac, limpiada de algas y nutrientes en la planta de tratamiento antes de llenar el monumento. A la práctica, el río en verano está demasiado lleno de algas (porque Washington está en un pantano), así que acaban utilizando agua potable suministrada por la ciudad. El problema es que las cañerías entre la planta y el estanque están mal instaladas, y tienen fugas y roturas constantemente. Eso hace que el agua se quede sin renovar a menudo durante semanas. En el clima cálido de la capital, tener una piscina gigante al sol hace que por un lado se evapore mucha agua, dejándola medio llena, y que se llenara, inevitablemente, de toneladas de algas.

Aparte, el estanque sigue teniendo problemas graves de fugas, porque puestos a hacer las cosas mal, ni siquiera el problema inicial pudieron arreglarlo.

Así que el elegante, majestuoso estanque reflectante, muchos días del año era un cenagal gloriosamente fétido y verde, muy lejos de la solemnidad monumental del lugar. Y eso hacía que Donald Trump, un señor muy obsesionado con eso de los monumentos, se pusiera triste. Así que se decidió a arreglarlo.

O más bien, tiene un amigo que sabe mucho de piscinas y que le ha dicho que esto lo soluciona rápido.

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