La ciudad desde el autobús
Sobre países ricos y mal urbanismo
Llevo un par de meses cogiendo el autobús para ir al trabajo. Viviendo en una ciudad relativamente pequeña de Estados Unidos, debo reconocer que tiene un punto de excéntrico; menos de un 8% de la población usa el transporte público aquí para hacer esta clase de cosas1. Cuando en la oficina digo en voz alta que “me voy que pierdo el autobús” me miran como si fuera un alienígena o (peor aún) un europeo inadaptado2.
Rarezas urbanas
Aunque la agencia que lleva los autobuses en este dichoso estado es bastante infame (y este artículo, escrito hace varios años, sigue vigente), la verdad es que lo utilizo por empecinamiento nostálgico o masoquismo. El abono es barato ($63 al mes3), y tengo una parada a tres minutos a pie de casa, y el autobús me deja a dos calles del trabajo. El servicio es bastante caótico, las frecuencias infames (cada 30 minutos en hora punta, cada más o menos 60 el resto del día) y tienen la mala costumbre de que a veces no circula sin avisar porque patatas, pero es igual de rápido que el coche, no tengo que aparcar4, y es casi agradable ver pasar estaciones de servicio con la gasolina a $4,50 el galón5 sin tener que preocuparme de nada.
Este es un país en el que tienes que coger el coche para casi cualquier cosa. Lo de poder sentarme cada mañana y que me lleven es un cambio agradable.
Aunque vivo en un suburbio de clase media a 20 minutos del centro, casi siempre soy la única persona que voy vestido de oficina en el autobús. A diferencia de lo que sucede en otros sitios, donde cada día ves más o menos a la misma gente, apenas hay habituales; incluso los dos o tres estudiantes que usan la línea no lo hacen todos los días. La mayoría de viajeros o no tienen horarios fijos, o son gente que está en el autobús porque el coche les ha dejado tirados; no hay nadie, o casi nadie, de cuello blanco. Casi todos los viajeros, por supuesto, son negros o latinos.
Como he mencionado más de una vez, el clasismo en Estados Unidos es algo de lo que nunca se habla, pero que imbuye la vida aquí por completo. Mi línea empieza su recorrido en un barrio relativamente acomodado en primera línea de la playa, y sigue por una zona de clase media, donde me subo. No es raro que esté prácticamente solo hasta que circulamos por una zona más pobre. Este es un medio de transporte para gente sin demasiado dinero, y se nota muchísimo.
Feísmo urbanístico
Hay cosas que no descubres en una ciudad hasta que no te mueves por ella a pie o en transporte público. Incluso en una ciudad (relativamente antigua) y que había tenido urbanismo “tradicional” y transporte público antes de que decidieran demoler barrios enteros para construir autopistas, el diseño de las calles e infraestructuras suele ser increíblemente hostil. Esta es la Main Street de East Haven, lo que era la columna vertebral que llevaba el tranvía hará un siglo. Este era un trolley suburb, un barrio que crece alrededor de los raíles.
El ayuntamiento se gastó un dineral, hace un par de años, para renovar las aceras, con la idea de “revitalizar el barrio”. El problema, obviamente, es que si esa acera tiene una calzada ridículamente ancha a un lado y aparcamientos al aire libre al otro, pasear por ella es cómicamente desagradable.
Si miráis un poco de cerca, veréis que quedan algunos vestigios residuales de lo que había sido un corredor con bastante más vida. Sobre un kilómetro más al este, hay algo más de vida:
Hay unos cuantos restaurantes, una pastelería, y un par de funerarias. Es la única zona en la que los usos no están segregados (hay viviendas y comercios) y en la que las tiendas no tienen un aparcamiento adyacente. Inexplicablemente, nadie en el departamento de urbanismo parece ser capaz de entender esta clase de detalles.
La parte cómica es cuando te acercas al puerto, y te topas con la autopista:
La I-95 tiene ocho entre ocho y diez carriles aquí, circulando en trinchera. A nadie se le ocurrió que demoler un corredor de 130 metros de anchura y llenarlo de rampas de acceso y vías de servicio quizás iba a tener algún efecto secundario un tanto pernicioso en el barrio. Que yo sepa, ni se plantearon soterrar o cubrir la autopista, y mira que no era demasiado complicado:
Un poco al oeste, tras cruzar el puerto de New Haven con un espléndido puente de 12 carriles, el nudo que conecta la I-95, I-91 y la inacabada ruta 34 (una autopista que se empezó a construir pero que se quedó a medias tras demoler un barrio entero), tiene este aspecto:
Esto ocupa, más o menos, un kilómetro cuadrado. El autobús circula por debajo (subiendo por East y girando a la izquierda en Chapel) antes de entrar en Wooster Square, ya en el centro de New Haven… y que resulta ser un barrio encantador que se salvó por un pelo de ser demolido cuando construyeron la I-91.
Si hay algo que descubres a poco que te muevas a pie es que las distancias impuestas por estas infraestructuras son enormes, por cierto. Y que cruzar cualquier zona así como peatón basta para drenar cualquier brizna de alegría o vitalidad de cualquiera. Es deprimente.
Riqueza y ciudades
Estos últimos días, Paul Krugman y Luis y Peter Garicano estaban debatiendo sobre si el estancamiento económico europeo es un artefacto contable:
O un problema real:
Mi intuición es que los Garicano tienen mejores argumentos aquí, y que Estados Unidos realmente es un país considerablemente más rico, y que la distancia con Europa está aumentando. Aunque hace unos años el argumento de horas trabajadas era más o menos correcto, esto ha cambiado. Los americanos se gastan todos esos ingresos extra esencialmente comprándose casas enormes, sanidad, y en transporte, porque todo el mundo tiene que comprarse un coche y nadie (aparte de un servidor y cuatro matados) utiliza el transporte público, pero son más ricos:
¿En qué se gastan el dinero los americanos?
Una de las cosas que he mencionado más a menudo estos días hablando sobre el libro es que Estados Unidos es un país extraordinariamente rico. Incluso ajustando por paridad de poder adquisitivo (esto es, teniendo en cuenta precios y coste de la vida) el PIB por cápita de este país
Y aunque ser pobre aquí es bastante peor que en Europa6, las clases medias son muy ricas, y según subes en la escala, los ingresos se disparan de veras.
Dejadez urbana
Los Garicano, en su excelente artículo, señalan algo que es muy típico de Estados Unidos, y que desde el autobús es especialmente aparente: aunque es un país tremendamente rico, no lo parece. El urbanismo americano, con su obsesiva tendencia a primar el coche, es agresivamente feo, desagradable. Los espacios públicos son hostiles, sucios; las calles son sumideros de coches sin atención alguna a lo que hay al lado. La riqueza del país está en esos suburbios inacabables de casas enormes, viales demasiado anchos y donde si ves a alguien andando (o esperando el autobús) casi tienes que pedir un deseo.
Si te mueves en coche, en esa autopista en trinchera o en viaductos, realmente no tienes la más mínima percepción de lo desagradable que es todo lo que está fuera de tu vehículo. Los espacios cuidados son privados, no públicos. Son ciudades construidas al revés.
Y esto es Connecticut, un lugar donde aún hay cierto urbanismo “clásico”, trenes de cercanías, y centros urbanos con cierto encanto. Pero en zonas más “nuevas”, más allá de la ciudades, es aún más marcado. Atlanta, Phoenix, o Omaha son la clase de lugares que te hacen perder la fe en la humanidad.
Bola extra
El otro día le preguntaron a Trump si los problemas económicos a los que se enfrentan las familias americanas le daban motivos para intentar llegar a un acuerdo con Irán. Su respuesta fue “Not even a little bit” (ni siquiera un poquito).
No es habitual que un presidente diga en voz alta que las economías familiares le importen un comino, pero aquí estamos.
Stephen Miller, el asesor favorito de Trump y seguramente el fascista más tarado de la Casa Blanca, ha perdido bastante poder estos días. ICE ha abandonado la redadas indiscriminadas por ahora, que eran la gran pasión de este señor.
Como comparación, el porcentaje de desplazamientos en coche en Madrid rondaba el 44%, y en Barcelona está cerca del 30%. Los datos del INE son bastante imperfectos, de todos modos. Barcelona tiene bastantes más motos, ciclistas y peatones que Madrid.
Lo soy.
Vale, para la mierda de servicio que ofrecen es carísimo, pero esto es Estados Unidos.
En el trabajo nos pagan el garaje, pero sigue siendo un incordio.
Sobre €1 el litro. Ya sé que os entra la risa floja, pero hace nada estaba $3 el galón.
Incluso con mucha más distribución de renta. Estados Unidos redistribuye mucho más que España, por ejemplo.









