Encallados
La guerra tonta en la que todos perdemos
Durante los últimos días, Estados Unidos e Irán se han estado enviando planes de paz entre bastidores. A diferencia de lo que vimos cuando empezó el conflicto, las propuestas no son públicas, en un bienvenido ejercicio de discreción; la diplomacia, en público, suele ser poco productiva. Desafortunadamente, eso significa que lo único que sabemos sobre las ofertas mutuas viene de filtraciones, casi siempre interesadas, sea de alguien cercano a la administración Trump, sea por parte de Irán.
Ofertas recientes
Por ahora, parece que Estados Unidos envió a Irán una propuesta no-del-todo-detallada de una página de extensión para empezar a negociar de nuevo la semana pasada. La brevedad, de por sí, no tiene por qué ser mala noticia, si los puntos principales son claros y abre la puerta a ir desarrollando que viene después.
La buena noticia, si es que podemos llamarla así, es que la administración Trump parece haberse dado cuenta que han perdido, y los términos eran relativamente generosos. Es más, eran lo suficiente generosos como para provocar las iras del ala belicosa del partido republicano, que son la única gente del país que aún apoyan la guerra, que han criticado abiertamente lo poco que se ha filtrado por ser una rendición.
Todo indica, no obstante, que el plan era detallado en cuestiones en las que Irán no está de acuerdo (desmantelar su programa nuclear) pero vago en los puntos que le importan (sanciones, bloqueo del estrecho, peajes a la navegación). El principal problema para los iraníes, intuyo, es el orden en el que Estados Unidos quiere negociar; un plazo de treinta días para resolver los desacuerdos sobre el programa nuclear, con el estrecho abierto, y después otra negociación sobre sanciones y activos iraníes congelados por todo el mundo, sin mencionar el estrecho. En su lugar, Irán casi seguro prefiere hablar sobre el estrecho de Ormuz primero, incluyendo un peaje que ellos puedan cobrar, y después, si acaso, uranio enriquecido y sanciones.
La respuesta que han enviado al presidente debe ir en esa dirección, porque Trump ha contestado usando su canal de alta diplomacia favorito, su red social de tercera:

Sí, el presidente pone eso de “gracias por su atención” en casi todos sus mensajes, y eso es una de las tonterías menos incomprensible sobre la presidencia. Sobre el fondo del tema a tratar, la dichosa guerra, no hay acuerdo sobre la mesa a corto plazo, y parece cada vez más claro que tampoco tendremos uno a medio plazo, porque Trump sigue sin entender dónde demonios se ha metido.
Burbujas y crisis lentas
Para empezar tenemos la vieja tendencia del presidente a sólo escuchar a aquellos que le dan la razón, que parece haberse exacerbado en tiempos recientes. He comentado alguna vez que Trump, ya en su primer mandato, tenía la costumbre de llamar por teléfono a sus presentadores y contertulios favoritos de Fox News después de ver sus programas, e, incomprensiblemente, hacerles muchísimo caso. No es demasiado exagerado decir que la persona más importante en la respuesta de Estados Unidos a la pandemia fue Sean Hannity, y el presidente no empezó a tomársela en serio hasta que el presentador cambió de opinión (y fingió no haberlo hecho).
En los días previos al inicio de la guerra, Trump hablaba a menudo con gente como Tucker Carlson (que será un fascista, pero estaba en contra de esta guerra en particular), que le decían que las cosas iban a salir mal. Ahora su dieta de lamebotas favoritos ha pasado a ser Mark Levin, un pseudo-intelectual histérico con un programa de radio delirante que sale en Fox News a menudo, Hugh Hewitt, alguien que nunca ha visto una guerra que no le guste, Mark Thiesen, un columnista del WaPo que sigue creyendo que la guerra de Irak fue una gran idea, y Sean Hannity, que ha hecho de su misión en la vida nunca contradecir a Trump en nada.
El presidente no está bien informado. El departamento de estado es un cascarón vacío tras los despidos de DOGE, y Marco Rubio, que tiene la consistencia y fortaleza moral de un yogur de piña, tiene aspiraciones presidenciales, y ha decidido que la única manera de que Trump le apoye el 2028 es nunca llevarle la contraria. Su secretario de defensa es un alcohólico psicópata, su asesor de seguridad nacional resulta ser también Marco Rubio, que tiene ambos cargos, y los pocos personajes que dijeron algo en contra de la guerra en alguna reunión están arrinconados en alguna oficina revisando informes sobre la cría del ñu en Mongolia o algo parecido, sin voz ni voto en el debate.
Aparte de la burbuja informativa, la crisis del estrecho de Ormuz tiene la particularidad de ser relativamente lenta: el impacto económico del desastre no es inmediato, y Estados Unidos, al ser rico y producir petróleo y gas, verá el impacto más tarde que el resto del mundo. Esto permite, primero, que Trump pueda recurrir a sus dos estrategias favoritas para (no) resolver un problema, decir que va a presentar un plan de aquí dos semanas, o directamente alegar que no existe y que todo lo que decían los medios sobre ello eran mentira.
Agudizando aún más la crisis, esta clase de miopía no es sólo cosa de Trump, sino que también se extiende a la única señal que parece despertar su interés, los mercados financieros. Ormuz es, salvando las distancias, algo parecido al cambio climático, una crisis en la que las consecuencias vienen poco a poco, no tienen una relación causal obvia, en la que los países ricos están mejor protegidos de su impacto, así que Wall Street parece no estar pillando la idea de lo que está sucediendo. Si además tenemos unos mercados bizarros donde casi todo el crecimiento parece venir de un puñado de mega-empresas en algo que parece-una-burbuja con la inteligencia artificial, esto queda aún más en segundo plano.
En su mundo
Así que Trump está, por ahora, igual de obsesionado con su salón de fiestas que siempre (su gran prioridad), colgando memes sobre su persona creados con AI en Truth Social obsesivamente (lleva 16, y es casi medianoche en Washington) y demostrando la clase de seriedad que uno espera en un chaval de 12 años en medio de una crisis internacional sin precedentes.
Realmente ha colgado esto. No es broma. Y lo de esta noche no es inusual; tiene estos ataques de poner memes de vez en cuando. Si os preguntáis sobre qué tiene que pasar para que se resuelva la crisis que va a hundir la economía de medio planeta, no tengo ni la más remota idea.
Bola extra:
Mi resultado de encuesta favorito en años. Se le pregunta a votantes americanos si creen que podrían derrotar a Trump en una pelea. El porcentaje de mujeres demócratas que creen que le pegarían una tunda es mayor que el de hombres republicanos.
La identificación partidista hace ver a la gente cosas rarísimas.



