El hombre aburrido
El presidente de los Estados Unidos se ha cansado de la guerra
Hay muchas palabras que pueden acompañar a la guerra. Feroz, cruel, violenta, implacable, justa, estúpida, violenta, larga, corta, la lista de calificativos es incontable. Un adjetivo que uno no suele imaginarse en este contexto, sin embargo, es “aburrida”.
Esa es la actitud con la que gente dentro de la Casa Blanca dice que describe al Presidente de los Estados Unidos estos días. Trump se ha aburrido de la guerra y de las divisiones internas que ha causado en su administración. Y quiere que se acabe.
Dado el colosal, épico desaguisado geoestratégico que el conflicto ha provocado y el detalle ligeramente irritante de que Irán tiene la iniciativa, la idea de que esto puede cerrarse de forma rápida y fácil es una quimera.
El hombre perdido
Las dos facciones dentro de la Casa Blanca no son una cuestión de ideas o estrategia, sino un reflejo de la indecisión del presidente. Trump oscila, aparentemente al azar, entre la idea de que es hora de cantar victoria e irse, firmando lo que sea lo antes posible, o la voluntad de mostrar una imagen de fuerza hasta que alguien obligue a Irán a negociar. El presidente salta de una postura a otra no ya a diario, sino incluso en un mismo discurso o intervención pública, diciendo que esto está a punto de terminarse para decir acto seguido que están dispuestos a luchar hasta el final y que no van a ceder nada. Cuando alguien le señala su incoherencia, el hombre es capaz de decir que esa incoherencia es una estrategia de negociación.
Los subordinados de Trump, más que expresar opiniones, viven de intentar navegar la mente turbulenta del jefe del ejecutivo. Dado que el presidente no sabe lo que quiere, sus portavoces y diplomáticos tampoco tienen del todo claro qué demonios deben hacer. A falta de órdenes desde arriba, todos parecen estar muy ocupados atizándose entre ellos, con el secretario de defensa despidiendo a gente que le cae mal, J.D. Vance intentando decir que todo es culpa de Marco Rubio, Marco Rubio esforzándose mucho para no salir en la foto, y el resto de departamentos de cierto peso con dimisiones, peleas internas y escándalos variados.
A todo esto, los dos enviados de la Casa Blanca a Pakistán van a hablar entre ellos, porque Irán ha dicho que no hay negociaciones. Trump sigue obsesionado con su programa estético-fascista de redecorar Washington, ahora con la nueva obsesión de mejorar el estanque frente al Lincoln Memorial. Según el Washington Post, el presidente ha hablado más veces sobre el salón de banquetes de la Casa Blanca (que está medio encallado tras una demanda judicial) que sobre cualquier otro tema estos últimos meses. Y, dado que se aburre, ha sugerido reconocer a las Malvinas como territorio argentino, porque está molesto con los británicos, y echar a España de la OTAN, porque Pedro Sánchez insiste en tener razón en que la guerra es una idiotez.

Mientras tanto, tenemos al equipo económico de Trump diciendo que no hay nada de qué preocuparse y que todo está a punto de arreglarse y que todo saldrá bien. Incomprensiblemente, los mercados financieros parecen estar convencidos de que ese es el caso, con la bolsa en máximos.
Lo que esperas, en un conflicto bélico o político, es al menos algo parecido a objetivos, intenciones, ideas. Lo que tenemos ahora, en cambio, es el equivalente a un chaval de 12 años que se da cuenta de que está perdiendo una partida de Risk y se niega a jugar su turno, lanzar dados o participar de modo alguno, y que lo único que quiere es que su mamá venga a recogerle de una vez y el objeto de su frustración desaparezca.
Lo más preocupante, si todo lo de arriba no es motivo suficiente para echarse a llorar, es que todo indica que a estas alturas Trump ni siquiera está siendo informado de lo que sucede por sus subordinados. A su dieta de Fox News y memes estúpidos en redes sociales, sus subalternos parecen haber llegado a la conclusión de que la mejor forma de que no te despidan es contar al jefe exactamente lo que quiere escuchar, nada más y nada menos.
Lástima que eso también parezca cambiar de un día a otro.
Incompetencias
Con la guerra de fondo, otras historias increíblemente estúpidas han pasado casi desapercibidas. Kash Patel siempre fue uno de los nombramientos más incomprensibles de Trump.
El tipo empezó su carrera como fiscal en el Departamento de Justicia, pero su salto a la fama fue en 2017, cuando se distinguió entre las huestes del trumpismo como uno de los fabulistas más entusiastas sobre conspiraciones del deep state contra el presidente. Sirvió con notable incompetencia en varios puestos en la primera administración Trump, siendo uno de los autores de múltiples excusas y conspiranoias sobre cómo les habían “robado” las elecciones de 2020. Fuera del poder, hizo lo que todo acólito de MAGA aspira, que es forrarse vendiendo paridas oligofrénicas a la base, haciendo podcasts y cobrando dinero de medios de comunicación extraños financiados por rusos, sectas religiosas o una combinación de ambos.
Patel tenía una fama, bien ganada por lo que parece, de ser un alcohólico fiestero incapaz de dar un palo al agua. Trump lo nombró director del FBI el año pasado.
El Atlantic, hace unos días, publicó un largo artículo en el que se detalla precisamente esta información. Está lleno de anécdotas maravillosas, como que sus escoltas pidieron arietes y material para reventar puertas porque Patel repetidamente se había quedado encerrado en habitaciones borracho perdido y tenían que sacarlo a rastras, o su afición a hacer “viajes de trabajo” que incluyen eventos deportivos y visitas a parques temáticos.
No sorprendió a casi nadie, porque lo de Patel era un secreto a voces. El Atlantic, además, tiene la reputación de tener uno de los controles editoriales más estrictos del país, así que no publicaría nada que no pudiera demostrar. Patel, en una maniobra trumpiana, ha respondido con un pleito por difamación, que no ha hecho más que hacer que la historia ocupe titulares toda la semana. En la demanda, de forma deliciosa, los abogados de Patel confirman que muchas de las historias son verídicas.
En un universo normal, este hombre habría sido echado del FBI a patadas de inmediato, pero esta es la administración Trump. Patel tiene la buena costumbre de dedicarse a investigar a los enemigos del presidente con entusiasmo y la habilidad (por ahora) de echar la culpa al Departamento de Justicia cuando los fiscales no consiguen que nadie termine imputado.
Trump siempre ha tenido una relación ambivalente con las adicciones. Su hermano mayor era un alcohólico que murió a los 42 años, y Trump, que no suele mostrar emoción alguna por nadie, siempre habla de él con una profunda tristeza. Dios sabe qué verá en Patel estos días.
O si alguien se ha molestado en decirle nada.
Maldades
Tras la guerra de Afganistán, 190.000 intérpretes, policías y funcionarios afganos que trabajaron con el ejército y la administración americana y sus familias fueron evacuados para evitar que fueran represaliados por los talibanes. Muchos emigraron a Estados Unidos como refugiados bajo un estatuto especial, parecido al que muchos vietnamitas recibieron en los setenta tras la derrota en Vietnam.
Una de estas familias afganas acabó viviendo en Connecticut. El padre había sido intérprete de los soldados americanos, jugándose la vida con ellos. Tuvo que huir para evitar ser ejecutado como un colaboracionista más.
El año pasado, los agentes de inmigración lo detuvieron con la intención de deportarlo. Alguien había decidido retirarle el estatus de refugiado y enviarlo de vuelta a Afganistán, probablemente a una muerte segura. Tras pasar semanas detenido, las protestas de varios senadores y el gobernador del estado lograron que fuera puesto en libertad, un juez decretando la deportación ilegal.
A principios de mes, su hijo de 18 años estaba visitando a su tío en Cheshire, un suburbio acaudalado y tranquilo cerca de New Haven. Cuatro vehículos de ICE bloquearon la calle, le esposaron y se lo llevaron a un centro de detención, con una orden para deportarlo a Afganistán. Rihan, que así se llama el chico, es un estudiante modélico, apreciado por sus profesores, brillante. Tras dos semanas en la cárcel, solo las protestas de medio estado, incluyendo al gobernador, han conseguido que haya sido puesto en libertad bajo fianza, mientras se decide su orden de expulsión.
Rihan no ha cometido, por supuesto, delito alguno. Llegó a este país como menor de edad, porque su padre se jugó la vida para ayudar a Estados Unidos en una guerra que terminaron perdiendo. La respuesta de esta administración es enviarle de vuelta a un lugar donde solo quieren matarles.
Dentro de lo que cabe, han tenido suerte. En Qatar viven estos días algo más de un millar de refugiados afganos. Fueron sacados del país a finales de 2024, cuando aún era presidente Joe Biden. Los trámites para admitirlos en Estados Unidos se alargaron en exceso, y Trump paralizó el procedimiento cuando llegó al poder. Un año largo después, la Casa Blanca quiere deportarlos al Congo.
¿Por qué al Congo? El Departamento de Estado dice que es el único país que los quiere; si no les gusta la idea, pueden volver a Afganistán. Es difícil ser más cruel.
Bola extra: una buena noticia
Supongo que recordaréis a Alex Jones, el degenerado tumefacto detrás de Infowars. Este montón de mierda execrable y vomitivo se dedicó, tras la matanza de Sandy Hook, a acusar a los padres de la veintena de niños muertos en el tiroteo de ser actores de crisis participando en un montaje. Fue demandado por difamación y condenado a pagar más de 1.000 millones de indemnización a esas familias.
Alex Jones, como era de esperar, ha dicho que no tiene ese dinero, así que el juez le ha obligado a liquidar sus activos, incluyendo Infowars. Sin el batracio repulsivo que es Jones, sin embargo, Infowars no vale gran cosa, pero la empresa ha encontrado un comprador que está dispuesto a tomar el control del canal y compensar a las víctimas, que han aceptado el plan.
Lo divertido es quién es ese comprador: el diario satírico The Onion, el equivalente (y precursor) americano de El Mundo Today. Sus responsables han declarado que mantendrán a Infowars casi intacto, solo que harán de él una parodia de la basura inmunda que era el saco de pus gangrenoso que es Jones solía esparcir. Se espera que el juez acepte el acuerdo.


